Una historia china de fantasmas

Cuando un occidental viaja a China, durante la primera semana es muy difícil de conciliar el sueño. Parece que el cuerpo se “vampiriza”, porque se duerme de día y se vive de noche. La realidad es que el europeo no duerme ni día ni de noche, ya que el trabajo que realiza allí se lo impide. Entonces más bien es un zombi, un muerto viviente por su incapacidad de descansar, y es así como se siente el visitante por aquellas tierras. Es lo que le acerca a vivir el mundo sobrenatural que habita en aquellos estremecedores lugares.

La primera noche de mi llegada a Shenzhen comprendí que algo no marchaba bien. La luz de mi habitación era tenue. Los colgantes de los sueños de la puerta que me habían regalado como bienvenida, tintineaban sin causa aparente. Yo creía que el origen de aquello era el viento, un soplo que sin cesar levantaba la hojarasca de color ocre púrpura, que le confería la extraña luna de Shenzhen. Esta parecía sonreír a través de la ventana de mi habitación, queriendo decirme algo, burlonamente.

Decidí salir a correr. Eran las cuatro de la mañana. Me vestí con mis pantalones y polo negro que tanto me gustaban. Bajé al hall y allí encontré al guarda de seguridad. Me saludó con la amabilidad que caracteriza a ese pueblo y dijo:

-Good morning Sir, How are you?

-Fine, le contesté – I would like to know where you are going, volvió a hablar el guarda.

– I am going to run. It is windy but I can’t sleep.

-Do you like the black colour Sir?

-Yes, a lot, le dije amablemente

-In China our parents tell us what in New Year all spirits are attracted for black colour and this month we are celebrating New Year, me dijo el guarda.

-Thanks for warning but I don’t believe in Chinese tales. Goodbye. No sé si me comprendió, pero se quedó mirándome con una sonrisa mordaz, que me recordaba a la de la luna mirando por la ventana un momento atrás.

Cuando salí del hotel no había nadie. Sonaba una extraña melodía embriagadora, sugestiva, pero ausente. Estiré las piernas, la espalda e hice mi rutina de calentamiento en el paseo de acceso a las afueras del hotel.

Por la mañana el paseo se me presentó despejado, pero abarrotado de ojos rasgados que miraban con delicadeza. Ahora me parecía oscuro y misterioso. Las copas de los árboles construían una especie de túnel, donde se veía al final del pasillo una distante luz blanca. Empecé a correr por esa tenue galería. Se levantó un aire muy molesto que hizo que las hojas secas formaran unos remolinos a mi alrededor.

Cuando avanzaba por el pasillo percibí que aquella luz que distinguía en el corredor no era otra que la luna acercándose amenazadoramente cada vez más. Me asusté y la primera calle que crucé giré a la derecha, saliendo de allí precipitadamente. En la siguiente calle apareció otra escena no menos estremecedora. Una multitud de linternas chinas rojas y amarillas, bañaban la calle con una luz mágica, irreal. La vaporosa luminosidad me cautivó en el estado sobrenatural que mi cuerpo soportaba.

El aire silbaba a mi alrededor, moviendo las linternas y haciendo que la luz que incidía sobre las hojas en movimiento crearan unas sombras chinescas. Yo seguía corriendo, pero empecé a mirar a cada lado, espantado. Las oscuridades me acompañaban en mi jadeante carrera. Cerré un momento los ojos y cuando los abrí las sombras habían tomado cuerpo. Corrían a mi lado riéndose y mofándose de mí. Ellas me empezaron a contar que todos los años salían las noches del nuevo año, esperando avistar a un incauto para llevárselo a la luz de la luna. Se lo llevaban dentro de las linternas y los colgantes de los sueños para que aquellas pudieran dar vida a las sombras chinescas y estas tintinearan sin motivo alguno. En ese momento mi vida pasó como una película de ultra velocidad. Todos mis recuerdos, los momentos con mi mujer y mi hija los sentí vivamente. Pero seguí corriendo al lado de aquellas formas fantasmagóricas que me escoltaban. Pararon de reír y pensé “este es el final”. Me explicaron que al principio me iban a llevar con ellas, pero que en cinco mil años no habían visto a nadie tan loco como para salir como lo estaba haciendo yo, y que encima les parecía que estaba disfrutando. Las vi alejarse riéndose y carcajeándose cuando estaba llegando al hotel.

Entré pálido al hall y el guarda, con una sonrisa irónica me preguntó:

-Have you enjoyed of The China Night, Sir? Ni le contesté. Mi cara me delataba, pero no le di el gusto de decirle lo que había pasado. Me acosté rendido y dormí hasta la hora de comer. Las demás noches volví a salir, pero ya no ocurrió nada.

El día de mi partida, ya era el crepúsculo cuando abandonaba Shenzhen en la limosina. Miré hacia atrás por la ventanilla y vi otra vez a la luna que me miraba irónicamente. Juro que me guiñó un ojo, como diciéndome “el año que viene te estaré esperando”. Lo más gracioso es que ya estoy contando los días.

1 Comentario

  1. la verdad esta entre ficcion y verdad porque no se me llama la atencion todo lo que venga de alla las historias de terror mas pero hay algo que no se que me llama la atencion aparte de las chavas japonesas o chinas claro pero todo lo que sea de alla me llama la atencion no se porque pero puede ser real tu historia no habia visto esta pagina hasta que vi hiostoria de terror de fantasma china pero saludos ok

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Trackbacks/Pingbacks

  1. EXTático - [...] entre otros. Pero la realidad es que no tienen realidad porque son sombras chinescas, como aquella historia china de fantasmas …

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