Sobre el concepto del trabajo

 

El 90% de los españoles en edad laboral está pensando en su nirvana particular, que es alcanzar la jubilación lo antes posible, y el otro 10% ya se ha jubilado porque, o vive de rentas o se ha acogido a la jubilación anticipada. Es decir, prácticamente nadie trabaja en el presente, ya que en realidad se preocupa por el tiempo futuro, para el futuro y en el futuro sin pensar en los tres éxtasis del tiempo que son el pasado como memoria, el futuro como preparación para el presente, que es la acción.

Trabajo significa acción y no precipitación por un estado aún por llegar. Por eso, cuando por algunos motivos me preguntan por qué he fundado esta empresa, ya que debería de estar pensando en el retiro, yo contesto que no me quiero jubilar porque mi filosofía del trabajo es la acción continua, obrar, actuar y producir. Mi futuro no es pasear por las playas de Gandía de arriba para abajo sin nada que hacer, viviendo del Estado, que es vivir de todos los demás, para quejarme del gobierno, porque la pensión no alcanza para comprarme una nueva televisión Bang&Olufsenn o porque no tengo suficiente dinero para irme a Playa Bávaro dos meses con el todo incluido.

El motivo de este problema es que la sociedad industrial, mal llamada capitalista, ha aceptado la definición de Marx sobre el concepto del trabajo. Marx en el primer manuscrito de Manuscritos de economía y política define al trabajo como enajenado, porque el trabajador se relaciona con su producto como un objeto extraño. Su trabajo, al responder a un salario, se ha convertido en parte del objeto que produce y se extraña a él, lo enajena. Es decir, la sociedad capitalista, que es una economía que rige la política, según Marx, oculta esa enajenación porque no quiere reconocer la relación directa del trabajador con su producto. En suma, el trabajador está alienado porque depende de un salario que procura que su acción de producción se convierta en material y se extrañe de él, lo aliene y transforme al ser humano que es en un ser ajeno a él mismo, considerando a la propiedad privada como la última consecuencia de esa enajenación.

El problema es que cuando se estudió al hombre con una nueva epistemología, como explica Foucault en Las palabras y las cosas, un análisis para comprender al hombre del siglo XIX, se realizó a través de las ciencias humanas como la economía política, y por ende, bajo la perspectiva de la concepción del trabajo de Marx. Foucault consideró como una verdad epistemológica la visión de la sociedad humana por parte de Marx. Pero lo que verdaderamente consiguió Marx es que, por la interpretación equívoca del concepto del trabajo alienado, todos los que dependieran de un horario laboral se encadenaran al tiempo, y por tanto, a fuerza de profesar esta falacia, permanecieran en ese estado de locura temporal. Si se concibe el trabajo solo por el desempeño de una actividad dentro de un horario “común” para todos, no estamos lejos de esa sociedad comunista que tanto pregonaba Marx, ya que ha conseguido que nos creamos que no tenemos un tiempo propio de acción, sino un tiempo de sujeción de nuestro trabajo y de nuestra obra.

De este modo, se intenta vivir con dos clases de tiempo, el tiempo laboral enajenado por el trabajo, que nos han hecho creer que no forma parte de nosotros mismos, y el del tiempo del no-trabajo, donde intentamos no pensar en la parte del tiempo del trabajo, que creemos que no nos pertenece, porque nos enajena. Entonces pensar en esas dos formas del tiempo es el continuum de nuestra locura. Por eso, lo que en realidad se pretende con el deseo de alcanzar la jubilación es reintegrar el tiempo comunista de todos los horarios rígidos, que aliena nuestra actividad, con nuestro tiempo propio para hacer del tiempo una propiedad privada y no un encadenamiento común de todos al tiempo de la medición.

Nuestro producto, nuestra obra no está enajenada porque nuestra actividad vital se convierta en material de pago como define el trabajo alienado Marx, sino porque los empresarios, los jefes, los trabajadores, la sociedad en general y nosotros mismos profesamos este concepto del trabajo, usurpándonos el último reducto de nuestra propiedad privada, que es el tiempo propio, debido a un concepto epistemológico que se ha pretendido presentar como axiomático en el estudio de lo económico-político. Todo el mundo se vende cuando parte de la premisa de que el trabajo es una actividad remunerada por un salario dentro de un horario rígido común.

Lo que pienso del trabajo y no del trabajador, lo expuso claramente Jünger en su libro sobre El trabajador dominio y figura. Jünger explicaba que el trabajo no había que interpretarlo en términos de economía, ya que supera a todos ellos. Tampoco tenía que ver con el desarrollo de una perspectiva moral del “sudor de la frente” o con una actividad técnica concreta o una actividad instrumental. Para Jünger el trabajo “es la expresión de un ser especial que intenta llenar su espacio propio, henchir su tiempo propio, cumplir sus leyes propias”. Por ese motivo, Jünger manifestaba que el espacio de trabajo es ilimitado al igual que el tiempo, que se podía transmitir como una jornada laboral de 24 horas. Es decir, el trabajo como la expresión del desarrollo de la actividad de un ser especial con el tiempo propio abarca todo el día, todo espacio y toda actividad desarrollada para cumplir un proyecto de vida; el TIEMPO EXTÁTICO.

Por eso mientras no se comprenda que el trabajo es un desarrollo de una actividad vital que no tiene nada que ver con un salario, ni con un horario común que nos usurpa parte de nuestra propiedad privada del tiempo, ni con un esfuerzo técnico mecanizado y fordista, sino como una expresión de nuestro proyecto de vida, que no es otro que hacer amigos, cuidar de nuestra familia, mejorarnos como seres especiales que somos, formar parte de la técnica como arte y conocimiento y vivir en la propiedad privada de nosotros mismos, entonces, si esto no se cumple, seguiremos encadenados al tiempo enajenado y común de la multitud.

Por último, los españoles sabemos mucho del estar-bien y del tiempo propio, pero el problema es que vivimos en una contradicción constante debido a la gran falacia del concepto del trabajo enajenado. Esa es la verdadera depresión del español, que habita contrariamente a su esencia temporal porque se le ha hecho creer en un concepto equivocado del trabajo, que no tiene nada que ver con su realidad existencial-extática.

4 Comentarios

  1. INTERESANTE.
    COMPARTO CON LA OPINION E INTERPRETACION QUE SE DESPRENDE DEL CONCEPTO DE TRABAJO ALIENADO.

    Saludos desde México

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  2. Gracias catalina ll por tu comentario. Ya sabes que esta es tu casa.
    Saludos desde España, Alcoy-Alicante :)

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  3. Saludos:

    Soy un investigador mexicano que está en Alicante, soy economista, urbanista y latinoamericanista; me apoyo en el proyecto histórico que iniciará Karl Marx, deseo conocer investigadores o gente interesada en la Crítica a la Economía Política, ahora estoy radicando en Alicante.

    Un abrazo y hasta pronto.

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  4. Hola Omar:
    Espero que estés bien en Alicante, aunque seguro que estarás pasando mucho calor.
    Te diré que en cuanto a la Economía Política como crítica me acerco más bien a las tesis de Von Mises, la escuela austríaca y finalmente las de Rothbard. Aunque la economía no es mi campo, este año me había propuesto profundizar en la obra de ellos, especialmente en Rothbard en Hombre, Economía y Estado.
    Por otra parte, en el texto que has comentado verás la importancia que ofrezco al tiempo propio como base de un concepto epistemológico de la economía política.
    Cualquier comentario tuyo será bien recibido.
    Un saludo cordial

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