El ritual de dar cuerda a un reloj


Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj. Cortázar, Julio; Historias de cronopios y de famas, Buenos Aires, Sudamericana, 1994

Empiezo este post con la referencia tan cautivadora sobre las instrucciones de dar cuerda a un reloj en el famoso cuento de Cortázar. En él Cortazar comprende que el regalo de un reloj no es una ofrenda de un objeto llano y amorfo en cuanto al sentido del tiempo. Es la dádiva de una entidad en cierto modo perversa, que sin saberlo te encadena al tiempo medido. Cortázar presenta esa misma metáfora como el reloj que se ata a la muñeca, una manera de esclavizarse al tiempo sin conciencia, de lo impersonal reflejado en el objeto que inexorable mide el tiempo que no te pertenece.

Sin quererlo relaciona un reloj suizo con la obsesión por la hora exacta y la obligación de darle cuerda todos los días. Lo que te ofrecen es en realidad un contrato para que aceptes las normas que impone el tiempo de la medición, el tiempo suizo con todos sus parámetros de exactitud y de marcas, despersonalizándote, extrayéndote lo que es propio de ti que es tu tiempo. La intución de Cortázar fue increíble en la visión de un objeto sin alma que es el reloj del tiempo medido. De ahí que el momento del ritual de dar cuerda a un reloj se convirtiera en el máximo instante de la alienación del hombre que vive dentro de la existencia inauténtica. Es dar tu tiempo al tiempo, el tiempo de tus vivencias de tu manera de ser al tiempo impersonal, al del trabajo alienado, al de la exactitud, al de las normas inflexibles, a la rigidez, a la inseguridad de lo otro, a la superficialidad de la marca universal.

En cambio, para nosotros el dar cuerda a un reloj es el momento EXTático mas importante del día, convirtiéndose en el más deseado del tiempo propio. Y eso ocurre cuando has cumplido con tus minutos matutinos dedicados a las tecnologías del cuerpo. Ducha, desayuno, leer el periódico y en ese instante, antes de ponerte en marcha se activa el ritual con un pequeño periodo de meditación, una tecnología del espíritu. Primero recojo mi EXT entre mis manos del lugar de donde descansa a mi lado durante la noche. Lo percibo con esa esfera girada que me recuerda que el tiempo es mío, de Gilberto, destacando los reflejos plateados de las agujas y la caja, donde distingo unas sensaciones estéticas que nunca me cargan. Sujetando la caja con mi mano izquierda, desenrosco la corona con mi otra mano y la extraigo hasta que siento el siempre cautivador click de la posición para el remontuar. Empiezo a darle vida hacia adelante, como la flecha del tiempo e imagino que transmito mi aliento y soy el artífice de cada ciclo, de cada lapso, de cada giro al alma de mi existencia. Cuarenta vueltas cumplen con un entre-ahoras. Enrosco la corona y abrazo me abraza un trozo de mi vida, que esta noche dormirá a mi lado guardando mi ausencia.
Este es el modo en que los EXTátic@s entendemos cómo se tiene que vivir ese momento.

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  1. EXTático » Los movimientos automáticos - [...] es que el usuario sea consciente de la carga manual al mecanismo cada mañana, como si fuera un rito. …

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