Swiss made (II)


Crono Daniel JeanRichard

Ya dijimos que para comprender el swiss made tenía que ser bajo la perspectiva de marca y no de un proceso de fabricación in-situ. Con la globalización y deslocalización entender un producto bajo parámetros de procesos industriales dentro de unos límites geográficos, en lugar de valorar este producto bajo una perspectiva de calidad e imaginación es prácticamente obsoleto en cualquiera de las partes del mercado que se ocupe, tanto en la del cliente como en la del productor.

En principio la misma historia de la industria relojera suiza se apoya en un regimen de etablissage, que no es otro que el de subcontratas. Los elementos de los diferentes relojes no se fabricaban todos dentro de una misma fábrica, sino que eran producidos en diferentes talleres y luego montados en una casa o taller donde se le incorporaba el nombre del relojero que lo concebía, como por ejemplo Daniel JeanRichards, iniciador de este sistema de trabajo en el Vallée de Joux en el Jura suizo. El etablissage también existía en Ginebra e incluso como fuente de contratas externas de elementos de relojería para la industria francesa. Por lo tanto hay que desmitificar el tema de las manufacturas de todas las partes de un reloj en la misma fábrica o del tema de las subcontratas, ya que en aquel tiempo y con la peculiar orografía del país alpino y sus vecinos e incluso entre ellos, las distancias entre sí eran tan dificultosas para la logística como podían ser en la actualidad entre dos continentes.

En realidad no hay que darle vueltas al tema geográfico de la fabricación sino más bien a la aportación de la marca, que en este caso es el swiss made. Esta marca significa fiabilidad, exactitud, calidad, diseño y a la vez servicio, que acompañan a esa denominación. El problema que hay actualmente con el swiss made es que para cumplir esta premisas, los fabricantes tienen que pasar unos controles de calidad exhaustivos venga de donde venga el producto y puede ser que en estos controles se deseche bastante material, que luego dificulta la puesta en el mercado del producto dentro de los plazos previstos. Puede que la diferencia de fabricar en un sitio o en otro es que mientras que en Suiza se está preparado para fabricar 100 cajas de relojes y que salgan 90 perfectas y se tengan que repetir 10, en China por ejemplo fabriquen 50 perfectas y se tengan que repetir otras 50 con la pérdida de tiempo y coste laboral que ello significa, aunque precisamente a ellos no les importa. Entonces el swiss made, que contrata cajas en China acepta solo las 50 cajas perfectas dentro de sus parámetros de calidad y desecha las otras 50 hasta que no estén perfectas. El problema está en la logística, en que se pueda atender a tiempo la demanda con el control de calidad exigido por el swiss made.

En realidad en este mundo global o en una tierra plana como dice Friedman lo más importante es la imaginación y no la fabricación. Fabricar es fácil y el empresario se tiene que preocupar en extraer ideas del talento de sus trabajadores en lugar del mecanizado de una caja, porque se supone que el control de calidad de un producto es básico en una empresa que quiera subsistir como marca en el mercado.

Como corolario, no pensemos que los suizos nos engañan con el swis made si somos conscientes de que es una marca con múltiples atributos. Con estar informados de lo que significa swiss made y qué tanto por ciento se necesita para ser llamado así a un producto, y cuáles son los parámetros de calidad entonces se poseerá una información para juzgar la marca de acuerdo con estos criterios.

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