La China Mandarina. Primer viaje (I)


Ya sabéis lo de la búsqueda de los elementos y mis primeras indagaciones. Así que después de encontrar los movimientos me dispuse a buscar una empresa que fabricara nuestros diseños de cajas de relojes. Sencillas sí, pero diseñadas por nosotros a lápiz y luego por software todo ello en Alcoy, que peladillas sabemos hacer pero relojes.
Así que contacte con una empresa de Shenzhen donde una chica simpatiquísima me dijo que podía fabricar nuestros diseños de la cajas con tiradas cortas. Decidí entonces irme para allá. Y hay empiezan los problemas. Cuando decido reservar el avión, lo hago directamente a Shenzhen porque creí conveniente llegar a su aeropuerto sin tener que pasar la frontera de Hong Kong. No le quise preguntar a Cindy Lee, la responsable de EXTático en Asia y el Lejano Oriente 😉 , si era una buena opción. Encima como lo que quería era el precio menor, no me fije en la hora de los transbordos ni las escalas, así que salí a finales de febrero del 2006 de Alicante, Madrid, Paris, donde tuve que cambiar de aeropuerto con la maleta, Shangai y por último Shenzhen. Después de no sé cuantas horas de vuelo y aeropuerto, llegué a la una de la noche al aeropuerto de Shenzhen, como único occidental que volaba en ese vuelo de aquella compañía china, que parecía más bien un trolebús aéreo.
Cuando recogí la maleta, que había facturado en Shangai, ya que fui con ella en todos los vuelos, observé que estaban apagando todas las luces de la terminal. Como llegué en domingo, pensé en no molestar a Cindy porque seguro que habría estado trabajando toda la semana como una china. Así que cuando salí de allí con dirección a los taxis, ya todos habían sido ocupados. Entonces vi que unos individuos se acercaban hacia mí ofreciéndome transporte al Hotel. La pinta era bastante dudosa, pero la otra opción era quedarme en el aeropuerto a la espera de algún taxi y esto era bastante improbable porque ya no había ningún vuelo mas porque la terminal estaba cerrada. Así que decidí hacer turismo aventura y me embarqué con ellos. A malas penas me comprendieron, pero parece que sabían dónde estaba el hotel y nos encaminamos hacia allá por una autopista muy poco iluminada. A mitad de camino, disminuyeron la marcha y nos paramos en el arcén. Me pidieron el dinero “money, money”. La siguiente imagen que pasó por mi cabeza fue verme tendido semidesnudo en aquel descampado a miles de kilómetros de mi casa, sin ropa ni dinero ni pasaporte. No sé cómo les pregunté a mis ocasionales taxixtas cuánto costaba la carrera y les dije que me parecía muy caro, con la chulería que te da el acojono. Los tíos me pidieron el importe de la carrera otra vez y se los di. Para asombro mío me volvieron a dar el dinero.
Cuando llegué al hotel, al chico que me subió las maletas le di como propina un billete de 100 RMB o Yuan. El chaval se puso muy contento, pero al rato volvió y me dijo que el billete era falso. Empecé a reírme como un loco, un poco para liberar la tensión y otro porque los chinos del coche me habían engañado como a un chino, ya que me habían hecho un cambiazo. Le enseñé al chaval los otros billetes por si me los habían cambiado y me dijo que no. Por lo menos no eran tan malos los chinos.
Aquella noche dormí muy bien, ya que estaba cansado y con la angustia que pasé ante la posibilidad de encontrarme en una situación difícil, caí redondo hasta el día siguiente.
Mañana os seguiré contando más cosas de la China mandarina.
Saludos amigos EXTátic@s.

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