Arco, la desmitificación del arte y de mi propio esnobismo

Hace unos años, coincidiendo con la feria internacional de arte contemporáneo ARCO, nos fuimos mi hermano y yo a la exposición de la colección de André Breton en el Thyssen. Por aquel entonces yo me las daba de un entendido conocedor de las vanguardias estéticas, de sus orígenes y tendencias en el panorama modernista. Era muy esnob hacer una crítica a Barceló o a Campano, explicar las esculturas de Shapiro o la matérica de Tapíes, en una tertulia en la cena con los amigos y la familia. Así que cuando se realizó la exposición surrealista de Breton, que entre otras había obras de Duchamp, con su famoso inodoro, Picabia, Munch etc, no me la quise perder. Le iba explicando a mi hermano “la importancia del objeto estético en el desarrollo del concepto desde el percepto de base material…” , cuando entramos en la exposición, en una sala en la que se apreciaban varias obras del surrealismo de André Breton. La primera obra que vímos, la empecé a describir como una “formación tubular nódica reticular que en su propia estructura se concibe el concepto de la forma, rompiendo la inmediatez de la percepción….. ” En ese preciso momento, el guarda de la sala se sienta en aquella obra de arte. Y es que era su silla!!!!. Muy cercana a aquella silla del guarda estaba la famosa “Fuente” de Duchamp. Empezamos a reírnos tanto mi hermano y yo, que cada vez que lo recuerdo no dejo de esbozar una sonrisa.

Aquella tarde tocaba la visita a ARCO y después de lo que había pasado, la verdad es que no estaba para explicaciones de ningún tipo, ya que me reía hasta de mi sombra, así que continuamos con la desmitficación de nuestro propio saber “estético”. Como mi hija había tenido un esguince patinando, iba en silla de ruedas y muletas. Entramos en uno de esos stand de un conocido galerista, dejé la muleta cerca de alguna de esas obras escultóricas vanguardistas y nos pusimos a mirarla describiéndola con el lenguaje posmoderno de Sokal. Al rato vimos como se nos acercaban unos japoneses, que empezaron a tomar fotos furtivamente a esa “estructura tubular conceptual sin nombre”, que solo entre nosotros llamábamos “la muleta de Ale”. No contentos con eso, decidimos improvisar, crear arte en movimiento mucho antes de que Theo Jansen lo esculpiera, nosotros lo hicimos en ARCO. La obra se llamaba “Cuerpo cinético fusionado de carbono y hierro”, al que familiarmente llamábamos “Ale rodando en su silla de ruedas”, y que su malvado padre la empujaba, dando una inercia a la “escultura” y dejándola sola dentro de las galerías, que ella impávida, atravesaba de lado a lado. Y encima, la gente miraba como una exposición de algún artista que rompía moldes.

No nos pudimos reír más, de nosotros mismos, de mi esnobismo y de la gracia que tenía Ale para aguantar el chaparrón y participar de lleno en la desmitificación, a nuestra manera, del arte contemporáneo. De todas formas, gracias a aquel día empezó a cobrar importancia para mí la estética industrial. No sé si por el water de Duchamp o por la conceptualidad de las “estructuras tubulares”, pero me di cuenta del valor del diseño industrial en la sociedad moderna. De ahí que ya empezara germinar en mi pensamiento lo que sería la base del concepto de nuestra empresa con el diseño industrial del contenido de la idea.

Desde que sucedió aquello, limito los comentarios de los movimientos de estética a la dialéctica de mi interioridad, aunque, si ya no asisto con asiduididad a aquellos eventos del vanguardismo contemporáneo, si que suelo estar más o menos al tanto de alguna exposición antológica.

5 Comentarios

  1. JAJAJAJAJAJAJAJ ……… que bueno!!!! …………. lo que creo que te pasó fue que ibas con una cierta predisposicion, como si fueses a ver una peli de miedo y estuvieses esperando el susto ………. 😉

    Responder
  2. Ha sucedido algo parecido esta vez en Arco. Una artista que exponía una obra consistente en bolsas de basura llenas de desperdicios, le tenía que dejar todas las noches una nota a la señora de la limpieza para que no confundiera su obra de arte con basura.
    Y un día casi se las lleva.

    Responder
  3. Jajajaja, me encanta esa anécdota…Nunca me cansaré de escucharla…Y sobretodo cuando la cuenta el afectado jajajajajajjajaja

    Responder
  4. Pues lo que cuenta kronstadt también es muy bueno 😉

    Responder
  5. Creo que ello nos demuestra la fragilidad del arte contemporáneo….basta con que alguien encuentre un “porqué” a una bolsa de basura….ya pasa a ser “arte”.

    Algún día espero que todos podamos reirnos de esto…Pero, hoy por hoy, me asusta.

    Responder

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>