Borges y el instante

El instante
¿Dónde estarán los siglos, dónde el sueño
de espadas que los tártaros soñaron,
dónde los fuertes muros que allanaron,
dónde el Árbol de Adán y el otro Leño? El presente está solo. La memoria
erige el tiempo. Sucesión y engaño
es la rutina del reloj. El año
no es menos vano que la vana historia. Entre el alba y la noche hay un abismo
de agonías, de luces, de cuidados;
el rostro que se mira en los gastados
espejos de la noche no es el mismo. El hoy fugaz es tenue y es eterno;
otro Cielo no esperes, ni otro Infierno.

Jorge Luis Borges

Una de las preocupaciones filosóficas de Borges es el tiempo, el cual aparece mencionado y pensado en numerosas obras como la de El Inmortal, El sur, Historias de la eternidad etc., aunque a veces es bastante paradójico, ya que parece contradecirse en bastantes ocasiones. En realidad, son ejercicios de metafísica que él mismo se propone como un diálogo con los filósofos. En “Nueva refutación sobre el tiempo” explica su perspectiva del instante, a partir del pensamiento de Berkeley y Hume, con Schopenhauer como exponente de cierto idealismo equivocado por voluntad de la mente en la representación. Más o menos llega a decir, que todo lo que existe es percepción, primero por el pensamiento de Berkeley en cuanto la percepción está en la mente para ir un paso mas adelante y aceptar la percepción en Hume, que ya existe en sí misma sin necesidad de mente, ni sujeto, ni yo. Si no existe materia, ni espacio, ni yo por qué tiene que existir el tiempo sucesivo y cronológico como se entiende en sí mismo. Para ello cuenta en Nueva refutación.. que “Sospecho, sin embargo, que el número de variaciones circunstanciales no es infinito: podemos postular, en la mente de un individuo (o de dos individuos que se igno­ran, pero en quienes se opera el mismo proceso), dos momentos iguales. Postulada esa igualdad, cabe preguntar: Esos idénticos momentos ¿no son el mismo? ¿No basta un salto término repetido para desbaratar y confundir la serie del tiempo? ¿Los fervorosos que se entregan a una línea de Shakespeare no son, literalmente, Shakespeare?”. Entonces para Borges lo que se repite no es la sucesión porque no existe una cronología, sino más bien un momento repetido, un instante, que tiene que ver muy poco con el tiempo de la sucesión o el tiempo medido.

En realidad, lo que explicaría Borges es que en base al pensamiento de Hume, la percepción en sí misma es un instante y ese instante repetido sería casi la historia de la eternidad. Cuando termina el relato parece hasta dudar de su exposición, ya que en realidad es la conclusión que extrae de esas mismas premisas humeanas, cuando en el último párrafo habla del Not yet y esa postura es lo que resulta contradictoria en su manera de entender el tiempo.

El problema del instante es que en sí mismo contiene una duración, por lo que si no fuera así no existiría. El concepto de instante tal y como lo elabora Borges parte de la premisa de que existen dos instantes iguales por el recuerdo de una mente (¿por qué una mente o un yo si no existen según Hume, y si existe es una invención por la memoria de percepciones?), pero en realidad es lo que Deleuze llamaba la repetición de la diferencia cuando explica la teoría del eterno retorno de Nietzsche. En realidad, todo se repite pero en la diferencia. Se repiten los ciclos, los nacimientos, el sol del día, la noche, las acciones, el ahora, el instante, pero dentro de la diferencia. El instante en realidad es ambivalente, es decir,no se percibe cuando ocurre porque no está contenido dentro del tiempo cronólogico, pero necesita de cierta duración para que exista y se perciba. Por eso, tanto Platón como Kierkegaard comprendían el instante como una especie de compromiso entre el tiempo y la eternidad. Borges intuyó el primer carácter del instante, pero obvió el segundo que es que el instante necesita que haya transcurrido algo de tiempo o duración para tener existencia, y para eso se necesita haberlo percibido aunque se convierta en un después. Esta idea aparece en Aristóteles donde el ahora recopila todos los momentos que se puedan parecer al instante como un “ya” que es el instante antes de venir del futuro, un “de repente” casi imperceptible del ahora, un “recientemente” que es un tiempo justo pasado o un “ha sido” un poco más lejos, pero todos ellos perceptibles, ya que en realidad son cambios y para Aristóteles el tiempo es percepción del cambio. Por eso, Suárez hablaba que los mismos instantes necesitan de otros instantes de duración y de percepción. Y esa es la razón por la que muchos creen que Aristóteles pensaba en el tiempo como sucesión de ahoras o de instantes, pero en su Física deja muy claro que eso no es así, ya que si hubieran esos saltos para y por la sucesión cronológica que explica Borges entonces no habría tiempo. Por ese motivo Borges comprende lo paradójico del tiempo, aunque parezca ambiguo.

En realidad, lo verdaderamente paradójico es el pensamiento humano, que parece contradecirse en cada instante, pero la verdad es que es aporético y por ese motivo siempre está buscando nuevos caminos de relación. De todas formas, una de las experiencias extáticas mas profundas es alcanzar a percibir el instante, aunque sea un “ya” un “ha sido” un “ahora mismo” o un “recientemente”. Pero cuando decimos Instante Oceánico nos acercamos quizá a ese compromiso del que hablaban Platón y Kierkegaard entre el tiempo y la eternidad, entre el ser y el no-ser.

Tela hoy amigos EXtátic@s, un abrazo a todos.

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