Sobre la belleza y el gusto


Los conceptos filosóficos son devenires o desarrollos históricos de su significado propio sin referirse a un algo en concreto. Por tanto la belleza evoluciona desde los griegos hasta ahora en un plano de diferencia con el objeto sensible propiamente dicho, ya que para ellos la belleza no se relacionaba directamente con la percepción de los sensible estético. Por ejemplo para Platón la belleza estaba vinculada directamente a la jerarquía que proporcionaba su teoría de las ideas. Las ideas eran las formas y estas eran las únicas realidades. Por la belleza se llegaba al Bien y a la sabiduría, se recordaban las formas que ya conocía el alma platónica, cuya máxima idea era la idea del Bien. Este conocimiento del Bien donaba mucha sabiduría y por lo tanto había que alcanzarla cuanto antes para ser filósofo o para obtener esa belleza interior, que acercaba al conocimiento de las formas y a la Idea de Bien. Pero para Platón la belleza era la única forma en el mundo sensible que se podía lograr con un sentido, el de la vista. Por tanto, toda la belleza de las formas sensibles, que fueran agradables y donaran placer, así como el amor, el conocimiento, las ideas de lo noble y la contemplación de las esencias ideales por la iluminación que proporcionaba el Bien eran motivo de belleza.

Aristóteles definió lo bello de una manera más concreta, pero mucho mas profunda en cuanto la vinculaba dentro de una complejidad conceptual. En principio, para Aristóteles la belleza, to kalon, se definía por el orden, la simetría y la delimitación. Ahora bien, Heidegger explica que lo bello para el griego supone una referencia al ente como lo que se junta, es decir, aquello que se ordena a través del pensamiento percibido y se puede juntar. Cuando un griego percibía un algo su mente comprendía, ya no un objeto estético, sino una estructura que en cada momento se formaba a través de un movimiento sensible, lo cual se percibía e intuía como un algo al que se le daba un legein, un pensamiento definido, un juntor. La belleza, entonces para Aristóteles consistía en que lo que se intuía, pensaba y encontraba con un orden simétrico y limitado. Ahora bien, lo limitado en Aristóteles muchas veces implica una acción que tiende a su final y se conoce, y el orden conlleva una relación entonces cerrada. Por eso con respecto al tiempo Aristóteles no pensaba en la sucesión sino en el círculo, ya que en la imagen simétrica del cronos, el futuro se hallaba antes del pasado y este se hacía pasado en el presente. No se dejaba el pasado como un “antes” sino que continuamente se convertía en un “después” del “antes” en el “ya”. Por eso la imagen delimitada del orden simétrico es un círculo.

Pero en el siglo XVIII se introduce el concepto de Estética para definir lo bello, en relación al objeto de la percepción sensible perfecta que se acompaña por el placer. Kant definió lo bello desde varios puntos de vista que son interesantes de señalar. Para Kant lo bello era un juicio de gusto universal, es decir, lo que gusta a todos y el gusto significaba para Kant una facultad de juzgar una representación u objeto mediante una satisfacción o un descontento sin interés alguno. Asimismo para Kant la belleza como forma no debía de contener en sí misma ninguna finalidad para que el objeto se considerara bello, pero tenía que ofrecer una satisfacción al ser percibido.

Actualmente la belleza o lo bello ha abandonado su cualidad universal para adquirir una realidad subjetiva, es decir, se considera bello lo que gusta a cada uno individualmente, obviando la noción común de lo estético, para enfatizar la diferencia y quizá lo único. Prevalece lo subjetivo al margen de lo objetivo, con lo cual la definición de Kant como juicio universal del gusto por lo bello no se sostiene. Pero ¿Y el interés? ¿Y la finalidad? ¿Y la satisfacción?¿Se podría redefinir la belleza con la forma de pensar en la actualidad?

La realidad es que hoy en día el arte y lo bello desde el punto de vista de la percepción de lo agradable se encuentra en todas partes o por lo menos se intenta que abarque todos los sectores de expresión, ya no solo objetuales, sino de todos los sentidos como la percepción de lo conceptual. De esto hablaré otro día, pero esa explosión de lo artístico que penetra a todos los niveles contempla un nuevo significado de lo bello, ya que si antes a lo bello artístico solo podían acceder ciertos sectores de la sociedad, en la actualidad lo bello sensible puede ser contemplado por todo el mundo, y lo que es más importante, se puede adquirir a través del mercado. Mercado no solo de las llamadas obras artísticas, sino en una nueva referencia de lo bello, de todo objeto de diseño industrial que sea agradable y produzca una satisfacción, incluso conceptual. Al introducir la satisfacción en el objeto artístico de diseño industrial, por ejemplo un coche o un reloj, se transforma la cualidad de lo bello sin interés en lo bello satisfactorio por interés. Aquí se introduce un nuevo universal que se conjunta con el mercado. Bello es lo que se vende y lo no-bello es lo que no se vende. Lo bello como lo que se vende engloba todo lo que es subjetivo individual como satisfactorio que se desea y se compra, ya que si se obtiene unas ventas que proporcionan viabilidad a un proyecto formal, es decir, que un objeto sensible guste por sus formas con suficiencia para que sea rentable, por pequeño que sea el grupo de lo subjetivo, entonces es considerado bello. Por otra parte, el énfasis de lo visual de nuestra época junto con el interés nos retrotrae a la interpretación de lo bello por Platón y Aristóteles para replantear el concepto, donde el primero comprendía el sentido de la vista para adquirir la sabiduría y el Bien, mientras que para Aristóteles era el orden simétrico de la limitación, que podía ser una acción con una finalidad para que concibiéramos lo bello. Es decir, no solo un objeto sensible y perfecto como nos explicaría la estética, sino una sabiduría de formas para la acción, donde la facultad de producción se encontraría en la imaginación. La belleza entonces se podría definir como la facultad que produce las formas a partir de la imaginación, para encontrar y desarrollar el máximo interés en el individuo. Una función universal para maximizar la ganancia de la individualidad. Esto significa que, si la imaginación es la base para la innovación y el desarrollo del mercado, como ya dijimos en alguna ocasión, la belleza es la facultad que conduce a la imaginación para conseguir que su máxima expresión, es decir, que lo bello sea lo máximo vendible.

 Para ello hay que tener gusto y ese gusto depende de lo que se pueda vender y se pueda desear para realizar la transacción, que es la base del mercado. Asimismo, considero que lo conceptual puede llegar a ser objeto de deseo, pero mucho después de que lo visual haya adquirido un peso suficiente para considerar la idea como belleza vendible. 

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  1. EXTático » ¿Qué influencias existen en el diseño del producto?(II) - [...] La conclusión es que hay que colocar al concepto en su justo término en cuanto el diseño se refiere, …

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