La vida lenta

 

Hoy aparece un artículo en El Economista sobre las virtudes de la vida lenta y el movimiento que ha surgido a partir de ella. Explica que nuestro agotamiento, estrés, falta de energía y sobre todo por la falta de tiempo, entonces nos sugiere que vayamos descubriendo esa vida lenta, ya que nuestra forma de vida rápida y veloz puede que sea causa de nuestros síntomas.

La verdad que estos movimientos me parecen un poco “hippyosos”, además de que a veces los adornan con cuentos como ese del brocker que dejó el Ferrari y se metió a monje. Lo que no nos cuentan es que el “monje” tiene aparcado el Ferrari en su mansión de Malibú, por si se le antoja dejar la mula y volver a los 400 caballos. A no ser claro está, que su capital lo haya dejado en manos de Madoff, en cuyo caso tomará té y tsampa por el resto de su vida, y hasta puede que no le devuelvan la mula.

En realidad, lo importante de este tipo de pensamiento es que empiezan a comprender que el problema de la vida es la falta de tiempo. Decía Popper que la responsabilidad de vivir es el resolver problemas. Por eso, desde un punto de vista del Yo individual, lo más importante es resolver los problemas que nos acosan en la vida diaria, y el principal es que no sabemos cómo hacer que el tiempo sea nuestro y no de los otros. Un poco lo que decía Heidegger en referencia al tiempo propio como existencia auténtica.

Detener el tiempo significa hacernos más conscientes de nuestros problemas y no entrar en la vorágine de la velocidad que nos dispersa. Porque si nos detenemos y pensamos un poco, los principales problemas que tenemos son el comer, un techo y algún ingreso que nos proporcione la resolución de los dos primeros problemas. Para ello no hace falta obsesionarse por un trabajo fijo, que ahora se observa que no es tan fijo, sino en tener ideas para desarrollarlas conforme al tiempo propio de cada uno y su propio biorritmo. Cualquier idea es buena y seguro que te puede dar para comer, porque vender klinex en una esquina es un negocio autónomo y más de uno lo consigue. Y si no, hay que darse una vuelta por los países latinos para darte cuenta que en los semáforos te venden de todo, viendo a estos empresarios con muy buen aspecto.

Esa es la idea que yo le quiero inculcar a mi hija, la del tiempo propio y su expresión activa. Recuerdo que cuando tenía 8 años todo el día estaba haciendo el mimo. A la hora de comer, en la tele (hoy en día los chavales siempre lo parecen delante de una), entrando a casa, etc. Un día en fiestas de moros y cristianos de Alcoy, cansado del asunto, la subí a una tarima y le puse el gorro de arlequín que le había comprado momentos antes. Le dije que hiciera el mimo y coloqué un vasito de plástico que tenía a mano a sus pies. La gente que pasaba se paraba y le dejaba dinero en el vaso, y ella se movía dando las gracias como veía a los profesionales-compañeros. Aquello se empezó a desmadrar por la cantidad de personas que querían verla, por lo que se asustó y vino corriendo hacia mí. La verdad que nos reímos mucho con la anécdota cuando la recordamos, pero yo le extraigo la moraleja de que si es capaz de hacer el mimo y ganar dinero con su iniciativa, no tiene por qué tener miedo del futuro, porque ya sabe gestionar su propio tiempo. Eso es la vida lenta, comprender que el tiempo es de cada yo individual, para hacer uso adecuado del mismo. Lo de siempre, eso es el tiempo EXTático, sea del monje, del brocker o de quien sea, pero el del yo individual y propio, que a veces se malentiende por egoísmo.

 

Trackbacks/Pingbacks

  1. EXTático » La formación de los conceptos en nuestro pasado (I) - [...] como voz. Con ello, la formación del concepto estaba ligada al medio como una función para solucionar los problemas …

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>