Grados de realidad

Desde Parménides hasta ahora la mayoría de los filósofos han tenido su particular forma de ver la realidad. Para Parménides la realidad era la verdad de la diosa, que era esa realidad inmutable del ser esférico. Platón con su alegoría de la caverna explicó una gradación de la realidad, donde los hombres que estaban en la caverna miraban solo sombras de la realidad, mientras los que salían a la luz del sol y comprendían la realidad de las ideas alcanzaban el mayor grado de conocimiento de la realidad. Duns Escoto con los grados metafísicos de la composición de la última forma, Descartes con sus grados de conocimiento a partir del Yo soy o Kant con la magnitud intensiva de las anticipaciones de la percepción o Heidegger con la visión de la realidad del tiempo de la existencia auténtica han seguido los primeros pasos de los filósofos griegos para graduar la realidad.

Todos ellos lo que verdaderamente han explicado de una u otra forma es que la realidad es un camino, una travesía que realiza el pensamiento humano en la búsqueda del conocimiento. Por ello, muchas veces aparece el concepto de visión o de iluminación, que muchas veces aparece debido a una trascendencia divina o de alguna oscura revelación del que se forma parte por motivos sobrenaturales. Otras veces son nuevas percepciones paradigmáticas para el conocimiento de una nueva ciencia, que nos introducirá en una nueva explicación científica. Ahora bien, la mayoría de las veces este concepto de la gradación de la realidad es escalonado y sucesivo, es decir, se aumenta el conocimiento porque se atraviesan sucesivas etapas, que se van dejando atrás conforme sucede el tiempo.

Para Aristóteles el tiempo era circular y el tiempo de las acciones humanas se pensaban circularmente. El hombre como un universal entendía que todas las cosas incluidas él mismo nacían y morían cíclicamente, es decir, que el tiempo era como una esfera circular donde las mismas acciones humanas se pensaban así. De esa forma, cada acción que se realizaba no se entendía de una manera sucesiva de conocimiento sino que implicaba el futuro que se hacía pasado en el presente, lo que Heidegger llamó temporalidad EXTática y nosotros la accción EXTática. El problema es que Aristóteles no sabía nada del Yo, hasta que Descartes lo encontró relacionado con el éxtasis del pasado y Heidegger lo relacionó con el futuro en su ser-ahí, lo que llamamos el Yo EXTático.

Así, la realidad puede ser todo eso que explican los filósofos y algo más, pero la nuestra es la de nuestro Yo propio que todos los días tiene que pensarla de algún modo y esta es la acción pensada circularmente, sin grados o trascendencias y visiones sobrenaturales, que aunque puedan ser pensadas, y por tanto, tener grados de realidad, la nuestra pertenece a cada acción pensada circularmente en el tiempo. Es decir, la realidad del Yo EXTático es cada acción que realiza que implica los tres éxtasis del tiempo, futuro, pasado y presente, que forman el círculo de una esfera, que se va llenando de acciones circulares. Por ejemplo, cada decisión que el yo propio mío que es mi nombre Gilberto yo tomo, implica pensar lo que voy a hacer, futuro, con la experiencia o la memoria, pasado, para tomar una dirección en el ahora presente. Esta realidad del Yo de acción EXTática se apoya en el conocimiento por conceptos, que son los que utiliza el yo en su realidad activa temporo-circular. Ese ser parmenídeo que era una esfera inmóvil, ahora es un yo propio como una esfera por una parte estable, el nombre propio, por otra variable y móvil que la va llenando. En eso consiste el tiempo EXTático.

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