Yo soy yo y mis circunstancias

Dice Merleau-Ponty que el Yo se forma por la presión del ser del mundo, como un pliegue de visibilidad y tactibilidad. Es decir, sobre una dicotomía de exterioridad, el ser del mundo, y de interioridad, el Yo, lo que prevalece o fundamenta la realidad es el plegado de lo externo en lo interno. Por eso, a la posmodernidad francesa le encanta explicar, que el Yo es el Otro, en referencia a este plegado de fuerzas externas sobre las internas. 

Ahora bien, si esto es posible en la filogénesis e incluso en la ontogénesis  inicial del Yo durante su proceso formativo, el resultado final es que el Yo modula una realidad individual, que muy bien expresa Ortega en Meditaciones del Quijote de 1914. En ese escrito, aparece por primera vez su frase más célebre de “Yo soy Yo y mis circunstancias”.  En cierta forma, comprendo lo que explican los posmodernistas franceses porque quién en España no ha escuchado esta frase y en cierta modo la ha hecho suya. Este pensamiento filósofico nos ha acompañado de alguna manera en nuestro desarrollo intelectual o formativo, ya que el mismo Ortega pretendía aumentar el nivel de interés de los españoles por la educación y el conocimiento, y esta frase es un modo de acercamiento a la cultura filosófica o general. De todas formas, el Yo es Yo, pero Yo mismo no del Otro, que es siempre lo que puede dar lugar a esos equívocos universales.

Dice Deleuze que los conceptos filosóficos pertenecen a una geografía. Así, los ingleses son prácticos desde Hume, los franceses contractuales desde Rouseau o los alemanes absolutos desde Hegel. De los españoles dice que somos figurativos por el culto al imaginario eclesiástico. Algo de este tipo de pensamiento habló Salvador de Madariaga donde los ingleses explicaba, eran prácticos y empiristas por su tradición, los franceses tenían un sentido de la inteligencia y el derecho y los españoles el concepto de la pasión y el honor. Madariaga lo llamaba el carácter nacional de un pueblo, lo que explica Deleuze como geofilosofía, que no es otra cosa que la presión de la exterioridad arquetípica que se pliega en una interioridad. Ahora bien, una interioridad que contiene una nueva realidad en el caso de lo territorial español.

No hay que ser un gran filósofo para entender esta frase en un simple grado de realidad. Otra cosa es que en el análisis metafísico se desgrane uno de los pensamientos más profundos del siglo XX. Así esta frase se compone de dos partes, la primera es Yo soy Yo. Este concepto es el de la autoconciencia reflexiva de Descartes, que posteriormente Fichte elevó a acción genética de la realidad, pero tanto uno como otro le retiraron el contenido de individualidad propia que tenía la idea, para dársela a un universal. En Descartes es una de las tres sustancias, la res cogitans y en Fichte se convierte en el Yo absoluto. De esa manera el Yo individual como enteramente de propio desaparece, incluso con la fenomenología de Husserl el Yo suele ser una tendencia universal a las cosas mismas.

La segunda parte de la frase va unida indeleblemente a la primera, ya que las circunstancias que rodean al Yo son parte de la formación del mismo, no su tendencia. La acción del Yo sobre lo circundante es de presión externa, como el pliegue merleaupontiano, pero a la vez de acción genética en la formación del Yo. La acción yoica es una construcción vital de la realidad, lo que posteriormente dará lugar al raciovitalismo. Esos “ismos”desgraciadamente derivan en la pérdida de la interpretación de la pureza individual que posee el sentido de la frase, la del propio Yo. 

Ahora bien, si hablamos de geofilosofía esta frase se acuña porque el español solo ha comprendido una relación individual con la frontera. En España se ha vivido durante ocho siglos pensando que existe una frontera próxima, variable e incierta, que rodeaba la integridad de cualquier Yo. Además de no existir un claro feudalismo, el Yo territorial se ha formado en la individualidad circunstancial. Así, este pensamiento solamente podía haber surgido en un territorio que tuviera plena conciencia de la interacción del Yo mismo como propio y la acción con lo circundante, la frontera, que forma parte indeleble de esa individualidad yoica singular.

 Por eso, no creo que haya que avergonzarse por explicar que cada uno es un individuo que enfatiza lo individual y su propia superviviencia. Ahora bien, esto no significa que todos los demás sean “los moros” o enemigos acérrimos del otro lado de la frontera. Ahora esa frontera es la convertibilidad, es decir, el límite aristótelico como la capacidad de transformación que tiene ese individuo para cambiar lo circundante y formar parte de él, su acción circunstancial. Ese es el concepto de presura, pero eso es otra historia.

Un saludo desde la Hora Española.

1 Comentario

  1. Creo que el indibiduo es lo que los demas han echo de el,

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