Un encuentro con el escorzo.

Haciendo memoria sobre la primera vez que tuve conciencia de la dicotomía soldada que existe entre el escorzo, que en realidad es un pliegue del Yo recíproco, recuerdo que ocurrió en Valencia a la edad de 20 años. Caminaba cerca del Colegio Mayor de la Asunción para recoger a la que hoy es mi mujer y me fijé en un cartel publicitario, leyendo lo que estaba escrito y retomando la mirada en el cartel. Luego me di cuenta del texto y la relación con la imagen sugerente de la valla. Me detuve a pensar comprendiendo que hasta aquel momento yo no me fijaba en las palabras escritas ni de la valla ni de cualquier leyenda en ninguna parte. Si el lenguaje depende de la dimensión auditiva del escorzo junto con la imagen proyectada, que es la visual, el escorzo era una intersección auditiva-visual de superficie y acto intelectual, que me hacía escorcear, enfocar esas dos dimensiones, dentro de aquella esfera de intersecciones secundarias de las facultades intelectuales del Yo soy Yo y mis circunstancias.

Parece banal y nimio, pero eso me permitió darme cuenta de que yo no hacía nigún tipo de esfuerzo intelectual en mis primeros años de carrera. Confiaba plenamente en mi, por aquel entonces, prodigiosa memoria ahora sacudida después de algunos excesos a posteriori. Era la época de la ley del mínimo esfuerzo para conseguir el aprobado, que no la comprensión de la dimensión del escorzo. Cuando perdí esta memoria fotográfica en mi primer “pedal”, al día siguiente noté que ya no tenía memoria fotográfica, ya que confundía preposiciones. Donde había que colocar en un examen un “en“, yo escribía un “para“cambiando el sentido del texto. En realidad, el arrasamiento neuronal de aquella noche, me hizo recordar aquel primer contacto con el escorzo, ya que si me esforzaba en comprender la profundidad del texto médico, podría incluso mantener esos conocimientos conceptuales casi permanentemente. El giro hacia el escorzo abandonado la memoria, me supuso continuar hasta la fecha en una capacidad de enfoque que no tiene fin, y que siempre es acción permanente. A esto es lo que llamaba el otro día cultura.  

Con esto quiero explicar que cualquier día es bueno para comenzar a “escorcear” y no escorzar, a enfocar la función del medio entre la superficie y la profundidad. Todo recorte de la visión y de las demás dimensiones del tiempo, espacio y auditiva conllevan la capacidad de comprender la soldadura de lo profundo con lo superficial en ese órgano del Yo. Es un esfuerzo fichteano de entrar en el mundo latente a través del mundo patente, las dimesiones del escorzo, lo que Ortega llamaba el transmundo y Deleuze el campo metafísico trascendental. La diferencia a favor de Ortega es que el transmundo es parte del escorzo del Yo circunstancial que es el mío, y para Deleuze es la exterioridad que se entiende violentamente sin el sujeto, sin ser yo mismo, solamente por las facultades de ese empirismo trascental sin sujeto.

Cada día que pasa ejerciendo el escorzo, se va comprendiendo más y más la relación simpatica de los mundos latentes y patentes, solo que hay que detener un poco ese recorte para comprender la relación, que además es dinámica. Por eso gran descubrimiento para mí el concepto de escorzo, ya que no encontraba algo así tan puro para mi yo propio y perosnal del tiempo, el tiempo EXTático.

Un saludo desde la Hora Española

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>