El lujo es el cuidado de sí mismo

Es un artículo que publiqué en el periódico Ciudad de Alcoy

Lipovetsky acaba de publicar en el año 2004 un libro titulado El lujo eterno: de la era de los sagrado al tiempo de las marcas. En él hace un repaso de la historia del lujo comenzando por el significado que tenía en las sociedades primitivas. En ellas la ostentación por parte de los jefes de cada tribu, cuya estima social se conseguía con el derroche de obsequios como grandes regalos y banquetes. Según Lipovetsky era una manera para que el hombre se desprendiera de su tendencia natural a la posesión excesiva, considerando mas práctico lo inmediatamente útil. Era la condición por la cual el lujo combatía la acumulación de riquezas e incluso luchaba contra el dominio político. El origen directo era mágico-místico en cuanto a que el desprendimiento de objetos atraería la protección de las fuerzas espirituales.

Ahora bien, Lipovetsky explica que esta clase de lujo se mantiene todavía como cierta forma de ostentación para recibir la estima social, pero comienza una nueva era del lujo al que llama el lujo emocional. Si el lujo basado en la riqueza pretende conseguir ser envidiado y reconocido, el lujo emocional es una tendencia a disfrutar de sí mismo. Esto es el placer de sentirse diferente, de no ser como los demás, de ser originalmente uno consigo mismo. Con este cambio en el sentir del lujo individualizado, aparecen nuevos perfiles que tienen que ver más con estrategias no de apariencia sino de gozar de emociones estéticas o sensaciones privadas, que van a ser un vivir y disfrutar para sí mismo.

Esta idea de diferencia y originalidad individual se separa de la idea cristiana donde el vivir para sí es un egoísmo que está mal visto y recupera la idea estoica del “cuidado de sí”. Ya Foucault en La hermenéutica del sujeto explica que en la moral cristiana de renuncia a sí mismo o en un colectivismo como obligación para los otros, las tecnologías del yo están muy mal vistas y comprendidas. Y Foucault precisamente no esconde ninguna peculiaridad neocapitalista o neoliberal, como ideologías vinculadas al particularismo individual o a un nuevo egoísmo. Por eso se está produciendo una neoconversión es decir, el sujeto deja identificarse con el ser colectivo para que sin miedo retorne a la idea estoica de ejercitarse hacia sí mismo. Platón explicaba en el Alcibíades I que si se aspira a ser mejor en la actividad colectiva se precisa un desplazamiento hacia la contemplación individual. Entonces el cuidado de sí mismo es el cuidado de la actividad propia y este es el esfuerzo por conocerla. Para esto dice Foucault se necesita una técnica.

En Tecnologías del yo Foucault describe varias técnicas del cuidado de sí. Una de estas es el escribir notas sobre sí mismo, para fijar las reglas que uno necesitaba para mejorar. Con el acceso a la era informática esta idea se convierte en un goce privado con el uso del ordenador. El sujeto puede establecer una memoria escrita, almacenada e histórica que construya a partir del recordar una base para ese cuidado del sí. Este recordar es otra tecnología del yo, que consiste en ese saber histórico-vital de percibir las respuestas corporales y estéticas del cuerpo-mente. Pero las nuevas tecnologías de la información se incorporan a las tecnologías del yo como bienes privados, siendo lujos que optimizan para deleitarse uno mismo. Séneca en las Cartas a Lucilio decía que indagar sobre uno mismo como examen de conciencia y recordar sus reglas de conducta era la adquisición de un bien, bienes que por otra parte son para goces privados del individuo.

Pero si de algo entendemos en España tanto colectiva como individualmente es de los goces privados. Todos los pueblos que habitan la península se parecen en el cuidado del sí mismo como lujo. Socialmente nos gusta participar de estos lujos privados con nuestros familiares, amigos, vecinos o compañeros. Por eso, conversamos del lugar donde tan bien hemos comido, el excelente viaje que hemos realizado o de las lociones que nos tonifican. Se comparten las vivencias privadas que renuevan nuestra salud y nuestra psique. Explicamos la cura a nuestras dolencias con el ánimo de que el otro pueda beneficiarse a sí mismo para su cuidado. No hace falta ser estoico para comprender el lujo del disfrutar y vivir uno mismo, pero no estaría de más ejercer algunas de aquellas tecnologías del yo, ya que en las que pertenecen al cuerpo somos expertos.

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