Teoría del valor eidético (IV). Conclusión

Durante varios posts he pretendido exponer de un modo teórico lo que estamos esbozando de un modo práctico. Al igual que los físicos exponen sus teorías para dar un nuevo paso en su labor constructora o los filósofos que les gustaba exponer una teoría que posteriormente se llavaría a la práctica, el valor eidético supone una recuperación de la esencia del valor desde la perspectiva exponencial de la espiral del tiempo y por tanto en aquella bisectriz que se trazó al principio de los posts. Expuse que el valor es la dignidad de doble vía, la de ser digno de un mérito o posesión y el bien en sí en cuanto es del individuo digno de quien procede. Si este bien es fabricado por alguien, es digno en cuanto es corresponsable por la cosa-causa cuádruple de la materia. la forma, la causa final y la eficiente. Es la eficiente la que pertenece al individuo, que en su dignidad es corresponsable de la producción de ese bien. Aun así, para una completa teoría del valor eidético hay dos factores que se necesitan para que el valor eidético se defina completamente; la relación y el tiempo.

Para Aristóteles la relación es real y surge de la sustancia propia como fundamento hacia su límite o término de lo que transmite o “en orden a”, que es el traspaso de ser del fundamento hacia el ser del otro. Algo parecido a lo que dice Suarez en sus Disputaciones Metafísicas, pero que interviene la doctrina de las distinciones. La relación real, que es el énfasis que le da Suárez a la relación aristotélica del en orden a, consta de actividad y posibilidad de un modo sinérgico. Esta sinergia es movimiento por lo que se transmite la actividad y posibilidad de ser en otro de la sustancia. Ello significa que si un fundamento o una sustancia tiene actividad y posiblidad de ser en otro, ello ocurre por la relación real que pasa a ser la sustancia segunda del fundamento en el ser en otro a término. Es decir, que la causa de que un valor o un mérito se transmita por la actividad, que es trabajo y por la posibilidad que es poder, por el movimiento de una sustancia-individuo más co-responsalidad de causas a otro. Así, las cualidades, la dignidad o el valor se transmite al objeto como sustancias segundas, que deja de ser en sí para ser un bien digno de ser poseído, es decir, deja de ser objetivo-objeto para ser un valor eidético como idea-producto.

Desde este punto de vista, el valor de lo que se adquiere no tiene un precio prioritario, a pesar de que pueda entrar dentro de las leyes del mercado, sino que es una idea para otra idea y no para una necesidad. El valor objetivo se refiere a costos, a trabajo, a precios subjetivos que incorpora el empresario o que acepta el cliente, que de una u otra forma define al mercado o al intercambio entre bienes. Desde esta perspectiva el valor objetivo-subjetivo los objetos son artículos de necesidad, pero no ideas-productos. Así, casi todos los productos que existen en el mercado se exponen desde este modo de objeto-objetivado. Es lo que cuesta un objeto de fabricar o lo que se pretende pagar, pero no hay una perspectiva de visión general de lo que supone un valor eidético en la idea-producto. La mayoría de los productos en el mercado, a pesar de las marcas que los apoyan, no dejan de ser genéricos, es decir, que solo suplen las necesidades supuestas del cliente, sin comprender que en la actual sociedad se tiene de todo lo que es material, pero se necesita suplir lo formal, las ideas en sí que no existen en la materialidad que nos rodea. No hace falta más relojes ni coches ni bienes de consumo ni servicios, ya que lo tenemos todo. A nivel material en ninguna casa falta de nada en cuanto a objeto, cuyo valor es objetivo, es decir, que la diferencia es cuestión de modo o distinción modal diría Suárez. En la actualidad objetivista la diferencia entre los individuos es el valor objetivo de sus bienes y no el valor eidético, que es la dignidad. Si se tiene de todo la diferencia está en ese valor objetivo en cuanto que el coche que se tiene como bien se le valora en cuanto tiene un precio y no por su valor eidético. Un nuevo valor de dignidad es el ecológico en cuanto se escoge un bien por el valor digno de preservar el medio, al margen del precio, en contraposición de la potencia o la vistosidad y envidia que pueda generar.  

A parte de la relación el valor eidético se diferencia del valor objetivo por el tiempo. El valor objetivo es efímero, perecedero y pertenece al tiempo como taxis. Cuando se compra un objeto por necesidad o capricho, donde solo se observa un instante de decisión de la necesidad y el deseo, el objeto empieza su taxis, es decir, a pasar el tiempo sucesivo de su taxímetro. El valor objetivo se deprecia constantemente. De ahí que los bienes de consumo sea tan objetivos de valor y solo valga la pena obtener genéricos, ya que es muy difícil transmitir un valor eidético a un objeto tan perecedero. Aun así algunas marcas lo consiguen debido a que transmiten que lo que se compra no es un objeto ni una necesidad ni un objeto, sino una idea que va más allá de la caducidad del objeto en sí. Eso es comprender que el valor eidético no solo es la taxis como ser perecedero sino el cronos como tiempo en espiral del objeto, que ya empieza a ser algo más por su tarea innovadora y exponencial dentro de la espiral del tiempo. A esta manera de aprehender el tiempo pertenecen las marcas que su crecimiento exponencial no está en el cash-flow, sino en su capacidad de innovación permenente. Ahora bien, para que exista un valor eidético completo se tiene que entender que la marca transmite una idea del tiempo eterno, el tiempo del aión, y no solamente la taxis y el cronos. Para ello el cliente tiene que ser consciente que cuando adquiere un objeto no es por su valor objetivo, sino porque su valor perdura en el tiempo, como un cuadro de arte, una mesa de anticuario o un reloj que traspasa el umbral del tiempo como medición.

Eso es lo que pretendemos en EXTático cuando alguien adquiere nuestros EXT, que en realidad son ideas de eternidad, en cuanto significan un cambio en la manera de ver la idea-producto, es decir, el reloj EXTático. No se adquiere un EXT para ver la hora, ni por su valor objetivo, sino por dar un paso en la comprensión del tiempo propio, que es el yo EXTático del que he hablado alguna vez aquí. Es entender que el tiempo es un valor eidético y no solamente una medición. Es comprender que el tiempo es actividad, posibilidad y movimiento, que supone transmitir nuestro trabajo en lo que hacemos. Ese algo más es el valor intrínseco-extrínseco de lo EXTático. En realidad, es aprehender el valor de cada uno, el valor de propio de sí mismo.

Un saludo desde la Hora Española.

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