El libro del reloj de arena de E. Junger


El EXTático es un reloj de arena

Hace unos años mi hermano me aconsejó El libro del reloj de arena de E. Junger. Me recordó el título aquel cuento de Borges escrito el año 1975, cuatro años antes que el de Junger. Borges había descrito el tiempo del Aión en la eternidad del libro de arena, donde la lectura es inacabada, ya que siempre el texto pasaría por una nueva lectura. Nunca se termina de leer un libro y siempre se encuentra una nueva página para interpretar, era la metáfora del cuento dentro del tiempo, ya que el libro y la arena son infinitos dice el filósofo argentino.

Junger también es conocido por su filosofía, como la obra que escribe junto con Heidegger Acerca del nihilismo o El trabajador dentro de la filosofía política. El libro del reloj de arena se basa en la afición que tenía Junger por los relojes de arena. Ello lo anima a realizar una reflexión sobre el tiempo muy en la órbita de nuestra manera de entenderlo. Me preguntaba hace poco qué lugar de mi casa sería mi preferido o me gustaría siempre repetir, y llegué a la conclusión que era mi despacho, donde largas horas de diálogo interno he mantenido conmigo mismo. Esa es la primera analogía que realiza Junger en su libro, comparando esos sitios de estudio de placidez y meditación donde el tiempo se para o fluye lentamente como un reloj de arena. A Junger le trasmitía una sensación grata en el ambiente personal sus relojes de arena pero por los usos humanos, ya que hay una inclusión estática en el tiempo del reloj de arena.

La escritura de este libro coincidió con la revisión que hizo Junger sobre El trabajdor, dándose cuenta que el pensamiento del tiempo era completamente diferente. El trabajador entiende el tiempo medido, divisible, mensurable, con pequenísimos tramos para querer atraparlo para la conciencia, buscando esa exactitud que no se puede conseguir para uno mismo. El tiempo del reloj de arena, según Junger, es el tiempo que está vivo en todos nosotros, en lo más profundo de nuestro ser, diferente a los tiempos de los relojes mecánicos. Es el propio reloj de arena, que desde que se nace ya se le ha dado la vuelta y empieza a caer cada grano haciendo singular el cronos.

Dice Junger que cada cosa tiene su tiempo como cada lugar o cada persona, sabiendo que los hombres de hoy no tenemos tiempo, algo que Heidegger explicaba como la existencia inauténtica. Este sentido del tiempo limitado y cercado en la actualidad se debe a los diferentes grados de realidad que nos engloba. Esta idea de los grados de realidad me parece muy interesante, ya que lo que hay o la realidad, que no el ser, es el tiempo concebido de diferentes maneras, como el trabajador de Junger, como sus relojes de arena o como el libro de arena de Borges. Sucesión, círculo o espiral y eternidad.

Se aprecia en Junger su interés por el tiempo cíclico en la líneas del libro del reloj de arena, cuando explica que nuestras ocupaciones más agradables y placenteras son aquellas donde no prestamos atención al tiempo medido. Tampoco como actividades como la caza o la pesca, la siembra o la recolección son determinadas por el reloj, sino más bien por lo ciclíco. Por ello, dice Junger, que nuestra actividad no la determina el reloj, sino nuestra propia actividad, su modo es la que determina el tiempo. Las medidas del tiempo como taxis se encontraban en consonancia con las del cronos, ya que las distancias se calculaban como un día de camino, un tiro con arco, un día de labranza, etc. El sistema métrico decimal ha destruido esa consonancia de los tiempos de la sucesión y cíclico.

Resulta chocante observar cómo un alemán defiende la postura del “llegar tarde”. Para Junger los antiguos llegaban siempre a tiempo porque se juzgaba su presencia como que habían terminado su obra y su trabajo. El “llegar tarde” no se daba porque era el estar ahí del individuo lo que fijaba el tiempo, no como ahora que es el horario extrínseco y automático del reloj el que rige cuándo se ha terminado la obra. Este tiempo es un abstracto, el tiempo del reloj medido y no el tiempo interno del reloj de arena de cada uno, el tiempo cíclico.

Le hubiera regalado a Junger un EXTático si viviera, porque no podía haber descrito mejor nuestra manera de entender el tiempo. Una actividad cualquiera es trabajo dentro del tiempo del reloj de arena y por tanto tiene que ser grata. Medir el tiempo es ingrato y estar sujeto a un dios abstracto, mucho más rígido que cualquier autoridad que conozcamos. Creo que Junger hubiera apreciado mucho nuestra idea y posiblemente junto a sus relojes de arena tendría varios EXTáticos con la esfera girada y su lector de movimiento, que cumple la misma misión de ver caer los granitos de arena.

Un saludo desde la Hora Española

Enviar comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>