La crisis de lo superfluo

Explica Ortega en su Meditación de la técnica que el hombre primitivo veía necesario estados placenteros tan importantes como la necesidad de comer. Para el primitivo la necesidad no solo era vivir sino vivir bien, su bienestar o como decimos aquí nuestro estar-bien. Es decir, la necesidad humana, según Ortega, abarca lo objetivamente necesario y lo superfluo, ya que observa que no se puede prescindir de lo que parece innecesario. Es consustancial con el hombre no solo las necesidades básicas, sino el requisito para el estar-bien. Dice que el hombre no tiene empeño en seguir en el mundo sino en su bienestar.

Por ello, en este periodo de cambio actual, donde todo el mundo ha creído ver una crisis económica, en realidad es una crisis de lo superfluo. Las necesidades básicas estarán cubiertas casi en la mayoría, sea por el Estado o por los familiares, ya que difícilmente veremos a algún conocido viviendo debajo del puente a poco que haga. En cambio, sí que estamos notando que se prescinde de lo superfluo y eso es consustancial con el hombre. De ahí la verdadera crisis, que no podemos darnos ese gusto de tener lo innecesario.

Marx explicaba que el hombre debería de cubrir sus necesidades vitales como única premisa, para después realizarse intelectualmente dentro del ser colectivo. Ese fue el fracaso del socialismo marxista, que no comprendió que el hombre lo que pretende es estar-bien con lo sobrante. Hace unos cuantos años decidí pasar unas vacaciones en Cuba antes de que cambiara el último baluarte de este tipo de vivir del hombre. Lo nativos de la isla nos acosaban por todas partes, con la pretensión de que les regalásemos cuantos objetos superfluos tuviésemos es nuestro poder. Desde jabones del hotel, cepillos de dientes, papel higiénico, peines, alpargatas de esparto, pintalabios, toallitas, etc., y todo lo que para nosotros era casi innecesario. Cuando le señalé al guía estas circunstancias, que yo asocié con una pobreza extrema del pueblo cubano, me espetó una arenga en defensa del socialismo, donde no había miserias ni necesidades, pero no existía el lujo ni lo inútil que no fuera lo que es básico para el hombre.

De todos modos, a estos excesos del que el hombre se apega para su vivir en este mundo occidental, todavía hay numerosas voces que intentan expresar que lo innecesario no es beneficioso para el hombre sea de un modo individual o general. Incluso culpan a los que por exceso viven la vida del lujo o del exceso de alguna forma. Si bien es posible que en algunos casos ese dispendio sea más bien un derroche, la mayoría de nosotros no queremos prescindir de lo superfluo ¿o acaso estas vacaciones os habéis quedado en casita comiendo pieles de patatas, que por cierto están muy buenas? ¿Ya no salís con los amigos a tomaros unas cervecitas? Y a la piscina ¿solo la ducha de casa que ya es en sí un exceso? Todo lo contrario a esto es superfluo y excesivo, ya que solo necesitamos respirar y comer, lo justo para vivir y el techo para dormir.

Por eso dice Foucault que el hombre es un ser que usa las tecnologías del yo para el cuidado de sí mismo. Estas tecnologías, que nosotros decimos las del estar-bien, no son solamente las de meditar, escribir, hablar con los amigos, como en alguna parte he descrito, sino además son las tecnologías de lo superfluo. Para el hombre actual tanto como el primitivo, la necesidad de lo innecesario es necesidad de vida. Por ese motivo existe la crisis actual, porque requerimos prolongar nuestros excesos o de lo contrario la vida es muy difícil de llevar. ¿Para qué estar-en-el mundo, diría Ortega sin lo superfluo, que es el fundamento del estar-bien? Es la época de la pobreza de la superfluidad, pero objetivamente y no metafóricamente. Sin esa necesidad, el hombre más bien parecería un animal, que su vida se limita al simple vivir biológico y no a la producción tecnológica de lo superfluo para poder estar-bien.

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