Asierra a la vieja


La vieja cuaresmera

En Puente Genil y algunas otras localidades existe una celebración los domingos de Cuaresma en que un muñeco de cartón y madera simula a una vieja con siete patas. Estas patas son el reloj de la Semana Santa que representan las siete subidas al calvario antes de la muerte de Jesús. Cada domingo de Cuaresma cada Corporación va aserrando la pata a la vieja con cánticos, saetas y toques de tambor. Dice JM Fericgla en Envejecer una antropología de la ancianidad, que este tipo de ceremonias es un modo en el que nuestra sociedad expulsa simbólicamente a la vejez.

En la sociedad actual la vejez y la ancianidad no se aceptan bajo ningún concepto. Se intenta ocultar el paso del tiempo “aserrando las patas de gallo” o la piel flácida, enmascarando estéticamente lo que el reloj interno no puede parar, que cada latido del corazón es una cercanía al destino final de cada uno. A nuestra ancianidad se les anima para que realicen actividades más propias de jóvenes que de viejos, con aquella excusa de sacar el niño que llevamos dentro, pero eso es más que aserrar a la vieja, destripar al muñeco para que salga un engendro, un niño que tiene cuerpo de anciano. Como esa labor es bastante dificultosa por el propio impedimento físico del mayor, la mayoría de las veces se pierde el sentido de la vida hundiéndose en la soledad de su propia casa o, lo que es más triste en la soledad de su propio cuerpo.

La realidad actual en nuestra sociedad española es que el Estado se hace cargo de las necesidades económicas de buena parte del colectivo anciano dentro de las pensiones de jubilación. No existe una integración de la ancianidad a la sociedad, ya que esta misma las siente como poco productiva, aunque gran parte de la sociedad española añora ese estado vegetativo de la ancianidad, sin responsabilidad ni trabajo, lo cual es bastante contradictorio. Explica Fericgla que el principal problema de la ancianidad en todas las sociedades es vivir el máximo tiempo posible, pero conservando en el seno de la colectividad los roles que dan sentido a la vida de la persona, citado textualmente. Lo que ocurre es que los roles en nuestra sociedad española del siglo XXI han cambiado y no se trata de ocupar unas necesidades sociales y colectivas sino de desarrollar al máximo la individualidad dentro de la misma sociedad para proporcionar al anciano un máximo de autonomía, y que el término “anciano” deje de ser casi peyorativo, para convertirse en un “experto en vivir” o como muchos amigos míos les gusta decir, en un “superviviente”.

Desde esta nueva posición más individualizada, el cerebro de cada individuo es el que ocupa un nuevo marco de importancia dentro de nuestra manera de percibir el reloj del propio tiempo inexorable que pasa. Este nuevo enfoque parte de una aceptación primeramente filosófica o existencial para entender lo que envejece se llama tránsito. En este tránsito nos vamos acercando cada vez más a la meta y por supuesto no se está tan fresco como al comienzo de la carrera. Por tanto hay que establecer unas normas de higiene temporal para alcanzar lo más lúcido posible a la meta, como un yo corporal único y completo.

Francisco Mora presenta unas cuantas tecnologías del estar-bien para que el tránsito sea individual y tranquilo en su libro El sueño de la inmortalidad, que bien se podría aplicar a nuestro Yo EXTático. Estas serían en líneas generales:

1. Restricción calórica y hábitos dietéticos saludables
2. Ejercicio físico aeróbico
3. Ejercicio mental
4. Viajar
5. Adaptarse a los cambios sociales
6. No vivir solo
7. No fumar
8. No sufrir estrés, con desesperanza
9. Tener un buen sueño en completa ausencia de cualquier estímulo luminoso
10. Evitar el “apagón emocional”
11. Dar sentido a la vida con agradecimiento
12. Alcanzar la felicidad, entendida ésta como ese punto de felicidad que se consigue cuando se está en el mundo sin necesidad de él
Fuente SINC

Quizá echo en falta un apartado más que es el trabajo entendido como lo presenté en el post que hablé sobre ello. Si se tiene un concepto de jubilación como fin de la etapa laboral, puede que en muchos individuos esto sea lo que otorgue un sentido a la vida. Si el trabajo se comprende no como un paso hacia la improductividad, que es la antesala de la ancianidad, sino más bien la actividad del vivir, se estará más preparado para aplicar los doce consejos que nos enseña F. Mora. Por eso es importante comprender el enfoque de que en realidad cada indididuo es portador de su propio tiempo y no el tiempo absoluto y medido de la sociedad, aunque se participe en ella.

Un saludo desde la Hora Española.

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