La responsabilidad de vivir

El sentido de la vida es mi propio tiempo.

Vivir es un acontecimiento. Desde el punto de vista del tiempo objetivo y universal, vivir es lo que acontece a todo ser vivo, sus cambios, su evolución, nacer y morir. No existe una representación desde el punto de vista esquemático. Vivir no es una imagen a a la que se pueda dar un significado, sino más bien es un sentido, cuya expresión solo se puede intuir. Ese es el problema de los verbos en infinitivo, que a pesar de ser plenos de significación su semántica es un sentimiento. Aun así, el vivir tiene dos caras de un mismo pliegue, el afuera y el adentro.

Del vivir del afuera, la mayoría de los filósofos han señalado diferentes teorías para explicar las corrientes cinemáticas de todo lo que acontece, pero desde que Anaximandro explicó que todo lo que hay se debe al tiempo, una de lucha de contrarios regidos por un principio de indeterminación, la explicación de la naturaleza ha sido más bien para cuadrar esta gran idea filosófica. La naturaleza se definiría por la lucha de contrarios, cada uno de ellos pugnando por determinarse, regidos por un principio que salta el límite de la determinación en base al tiempo.

Schopenhauer expone su particular teoría de este tránsito de la naturaleza o de la vida cuando explica su concepto de la voluntad, que es una voluntad de vivir. La voluntad no tiene tiempo o más bien es un presente eterno y continuo. El tiempo pertenece al fenómeno o a las cosas que vemos, ya que son la objetivación de la naturaleza. Todos los seres inorgánicos y sobre todo los seres vivos  orgánicos son una manifestación de la voluntad, que es la voluntad de vivir. Pero ese vivir está desprovisto de sentido en cuanto que está fundamentado en el concepto objetivo de la voluntad, difícilmente captado por el individuo, a pesar de que, como explica Schopenhauer, el sujeto sea un principio de individuación de materia, espacio y tiempo. Existe un gran miedo dentro de la filosofía occidental a plantear el tema del individuo como fundamento de todo lo que existe por miedo a caer en el solipsismo, en el egoísmo o cualquier tipo de planteamiento que se aparte de la comprensión ontológica del afuera como objetivo universal, que en realidad es un ser colectivo. Esto implicaría que el vivir es únicamente lo social y el afuera, cuyo sentido sería vivir para los demás, pero la unidad individual se quedaría al margen.

En el siglo pasado fue Ortega quien concedió una mayor importancia al individuo en relación a lo social. A pesar de que Husserl intenta revisar el pensamiento cartesiano del Yo y lo consigue, Ortega ya había planteado la dicotomía que existe entre el afuera y el adentro con su célebre frase “Yo soy yo y mis circunstancias”. El lenguaje fenomenológico de Husserl analiza el cogito cartesiano desde la primera persona del plural, pero el yo de Ortega se adapta a la física relativista del observador antes que nadie la expresara o por lo menos después de Descartes sin el universalismo ontológico de la res cogitans, hablando en primera persona del singular. Yo soy yo mismo junto con las circunstancias que me rodean y mis perspectivas propias sobre ello. Ortega dice que vivir es sentirse fatalmente forzado a ejercer la libertad, a decidir sobre las circunstancias que me rodean y ellas son el problema de la vida. Por tanto, vivir es una presentación de problemas y conllevan en sí mismo su solución como un problema matemático. En eso consiste la responsabilidad del vivir, en solucionar problemas.

Responsabilidad procede del latín respondere, cuya semántica implicaba dar respuesta a algo casi en términos jurídicos. La respuesta a una carta, a un contrato, a una consulta era vinculante a la presentación de algo. Por tanto, responder a la vida es dar respuesta ineludible a los problemas que expone, pero desde el punto de vista de mi yo personal y propio, que es como entiendo la vida o el vivir del adentro, y no vivir la vida de los otros sin miedo a que me digan egoísta. El egoísmo no tiene nada que ver con comprender que quien vive la vida no es la sociedad ni el otro ni ese ser colectivo, sino yo mismo con las circunstancias que me rodean y a las que debo dar respuesta a los problemas que me plantean. Eso es vivir mi vida y mi responsabilidad es responder a ella siempre hablando en primera persona del singular. ¿Y a qué es debido? Porque la única manera de entender la vida es comprenderlo desde mi punto de vista particular, que es la única manera en que se presenta el tiempo. Yo soy un yo era explicó Descartes y a partir de aquí, cualquier visión del afuera queda supeditada al adentro, cuyo ser es el yo de cada uno de nosotros convertido en tiempo. Solo faltaba el futuro, el cual posteriormente añadió Heidegger con su concepto del ser-ahí.

Si mi reponsabilidad de vivir es dar respuesta a los problemas que me plantean las circunstancias y la vida, cómo hago para ello. Según Ortega se necesita a la razón, de ahí su racio-vitalismo, pero la razón es discursiva y entiende de representaciones, proposiciones e imágenes, pero no de sentido. El sentido de la vida se intuye, lo intuimos, más bien lo intuyo yo mismo o por lo menos debería. Así que dar respuesta a los problemas de la vida depende más bien de la intuición que de la razón. Aunque no la menosprecio ni mucho menos, la intuición me permite conocer los problemas que verdaderamente valen la pena resolver, ya que muchos de ellos, como diría Bergson, están mal planteados y no interesa ni trazarlos

Por ejemplo, el problema de la vida eterna, el vivir para siempre, diría Bergson que está mal planteado. En primer lugar, la razón no tiene una respuesta discursiva para ello, ya que no hay una representación o imagen del más allá. Es una cuestión de fe. En segundo lugar, puede que la intuición me diera una respuesta pero ¿por qué plantear este problema del vivir del más allá cuando mi problema es vivir en el más acá? Por eso este es un problema mal planteado, lo cual significa que no es mi problema, el de mi yo propio con mis circunstancias. El dilema es dar respuesta a mis problemas del vivir cotidiano y la intuición solventa el qué y cómo debería de plantearlos.

Si yo soy un era y el sentido de la vida es comprender y dar respuesta a los problemas que se me presentan como tiempo que soy, todos ellos estarán comprometidos con el tiempo, mi tiempo, el que ya ha pasado, está pasando y pasará. Las respuestas se vinculan a cómo tengo que calibrar el tiempo que me pertenece para dar respuesta a ellos. En eso consiste la responsabilidad de vivir, en resolver los problemas que me rodean en el tiempo que me pertenece, en el momento oportuno para cada circunstancia.

 

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