Teoría del escorzo a partir de Ortega (II)

El escorzo es el órgano de la proyección dimensional de la superficie-profundidad que indaga sobre los grados de la realidad del yo, sea circunstancial o ensimismática. El escorzo como lente bifocal del yo mí mismo empieza a funcionar ante la destrucción del tiempo medido o en la fractura ante el Uno-todo del ser colectivo. Se necesita cierto grado de introspección-proyección, que es comprensión de la realidad de la relación que en cierta manera es empatía-simpatía, o de retiro hacia sí y hacia fuera de sí, para que la lente pueda relacionar dos direcciones, hacia el ser colectivo y hacia el yo puro (nunca se alcanza) del núcleo yoico bifocalmente. Para que esto suceda, es decir, para que la lente empiece a relacionar existen dos fases dentro de la línea “ecualizadora” del yo-ser colectivo. Primero, el yo mí mismo ensimismado propio de los núcleos yoicos que suelen estar más dentro de sí, sin alterarse ante los estímulos del medio, solitarios y segundo los núcleos yoicos que están alterados dentro del ser colectivo, sin tener un ápice o poco que ver o comprender del yo mí mismo. Ortega define estos dos aspectos, yo ensimismado o múltiples yos de la vida colectiva dentro de una geofilosofía del carácter nacional del pueblo alemán y el español en Kant, Hegel y Scheler, que bien merece un post. Así cada uno de estos tipos geofilosóficos iniciará su relación dependiendo cómo afronte la destrucción del tiempo medido, uno dentro de un yo ideal-colectivo común que se piensa a sí mismo, pero no mí mismo, el otro un yo que se dispersa en el ser colectivo a través de multitud de yos. En ambos casos los extremos se tocan como un círculo donde el yo ideal y el ser colectivo acaban juntándose. El escorzo funcionará en el núcleo yoico de yos dispersos a través de las situaciones límites que volcarán a un hacia mí mismo. En cambio en el núcleo yoico que pertenece más bien a un yo trascendental del ser colectivo será la experiencia artística-estética la que favorecerá la fractura o destrucción del ser colectivo del tiempo medido. Del los dos caracteres a partir de la fractura comenzará a funcionar el órgano del escorzo, esa lente bifocal que tenderá a acercar al yo interior o a la circunstancia, sea en su modo de relación con otros yos o con la cosa como haecceidad.

Con respecto al escorzo del núcleo yoico hacia el afuera existen dos formas y cuatro categorías. Se puede dirigir a la cosa como haecceidad o al otro como otro yo, siendo auditivo, visual, espacial o temporal. Con respecto al escorzo auditivo ya planteó Parménides el problema que existía dentro de la dispersión del habla como significante dentro del propio lenguaje. Para Parménides, según Heidegger, las palabras carecían de significado para la mayoría de la gente ya que las oían pero no las escuchaban. Ortega en su ¿Qué es filosofía? explica que todo oír es escuchar ya que la naturaleza exterior solicita la atención del hombre, en este caso del núcleo yoico que se quiere trasformar en un yo mí mismo. El escorzo auditivo es comprender la semántica de cada palabra sin que sean sonidos hueros, la verdadera profundidad dentro de la superficie del significante, es decir, la relación de profundidad que subsiste en una palabra, una oración una proposición o una estructura sintáctica. De este tipo de escorzo, tanto Gadamer como Derrida han desarrollado su filosofía dentro de una ontología o la deconstrucción respectivamente.

El escorzo visual es la comprensión de lo percibido como una visio agustiniana o la iluminación dentro de la razón, de la intuición e incluso de la abducción, que sustrae el sentido de la circunstancia o de la cosa vista. El escorzo visual es una apertura de lo visto hacia un campo de profundidad, donde la percepción no es una mera imagen, sino una relación entre lo visto y lo percibido. En cierta forma el escorzo auditivo y el visual se relacionan entre sí por la palabra pensada. El escorzo visual relaciona lo visto con la palabra para encontrar esa relación que por medio de las facultades como son la razón la memoria la imaginación o la intuición se consigue “ver” y “oír” la superficie-profundidad de la circunstancia.

El escorzo espacial se refiere al límite como forma o relación. El pensamiento occidental se ha basado en la idea como aspecto o forma que ha dado lugar a la representación. Esta representación ha sido histórica y ha proporcionado una comprensión del espacio como límite de la forma o imagen pensada. A partir del límite morfológico o de la forma, se ha estructurado el pensamiento espacial. Ahora bien, el escorzo espacial modula el límite de tal manera que se convierte no solo en la forma, sino en la base del límite como principio aristotélico, que es el movimiento de la sustancia donde el límite es una tendencia de relación de profundidad. Deleuze lo explica la relación de profundidad con su concepto de haecceidad y cuerpo sin órganos. Una haecceidad podía ser una relación de movimiento que daría lugar a un cuerpo sin órgano en una definición como abeja-que chupa el néctar-polinizando la flor. Esta relación constituiría un cuerpo sin forma, lo que llama Deleuze un devenir, pero que en realidad es un escorzo espacial. El espacio está en relación al tiempo y este es movimiento, donde lo que subyace es la relación real. El escorzo espacial es la modulación que puede existir entre la forma ideada y el límite como tendencia.

El escorzo temporal consiste en comprobar que el tiempo no es el cosa en sí o de la circunstancia en sí, lo que Aristóteles ya explicaba en su Física. El escorzo temporal divide el tiempo medido del ser colectivo, que es el alma o psique aristotélica, cuyas reminiscencias han aparecido en el yo universal que subsume el tiempo como inmanente o un presente continuo en prácticamente en todos los filósofos, y el tiempo propio de mí mismo. El tiempo es la percepción del cambio y esto solo lo puede apreciar un yo mismo de propio. Aristóteles pensaba que era la psique la que por medido del número comprendía la sucesión y podía otorgar al cambio y movimiento un número. Pero la psique, en realidad está fuera del tiempo o más bien en un eterno presente continuo de tiempo inmanente como aparece en todos los yo universales, el de Descartes, Kant, Fichte, Husserl y Heidegger. El tiempo medido es el presente continuo parametrizado instante por instante, presente puntual del presente continuo. Como dice Ortega, estamos anclados en el presente cósmico donde se vive como presente actual o el Cusano, que el presente como ahora incluye el ya el antes y el después.

El escorzo temporal relaciona al tiempo que es pasado presente y futuro del yo mí mismo con la circunstancia y no la circunstancia en sí misma. Por tanto, el escorzo del yo mí mismo hacia fuera como dimensión de la superficie profundidad y relación de cada uno de los escorzos enumerados así como dentro del órgano como función enfocar así mismo la relación entre los diferentes escorzos ya no divididos. Un escorzo auditivo puede ser a la vez visual, temporal o espacial o las cuatro cosas a la vez, que pueden dar una idea global de la interacción del yo con la circunstancia.

Teoría del escorzo a partir de Ortega (I)

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