Geofilosofía del alemán y del español


Cohesión

Ortega explica en Kant, Hegel, Scheler, la diferencia del carácter nacional del alemán y del español, un tema que Deleuze llamaba geofilosofía como la expresión de los rasgos filosóficos debidos al territorio de un pueblo. Decía Ortega que en sus cursos a alemanes y españoles, observaba como aquellos eran capaces de comprender la consciencia del sí mismo, mientras que los españoles eran incapaces o por lo menos les costaba mucho un ejercicio de introspección. Consideraba Ortega que ello era debido a que el alemán, cuando despertaba a la claridad intelectual se ensimismaba o tendía a un yo propio reflexivo, mientras que el español tendía hacia el afuera, a las impresiones y circunstancias que le rodeaban.

Para Ortega, el español es un haz de reflejos y el alemán una unidad de reflexiones. Eso se traduce en que en el primer caso se vive del momento de la sensación y en el segundo se introyecta la sensación articulándola con el resto del sí mismo. Por ello, explica Ortega, que el español es una suma de los yos del momento, insolidarios entre sí, que se vive como una descentralización espiritual, sin conexión entre sus actos y sus múltiples yos, que en consecuencia darán lugar a su yo disperso. Por contra, el alemán es un yo conectado entre sí, donde esos múltiples yos del momento se cohesionan solidaria y reflexivamente, con lo cual su pensamiento es en sí mismo unitario, constituyendo ese yo sí mismo propio.

Concluye Ortega que el origen de la insolidaridad del español o entre cada uno de nosotros es debida a la propia insolidaridad que existe en nuestra alma individual. Si se vive solo el momento de la sensación, sin encontrar ni reflexión ni memoria para el análisis, la relación con los otros es de dispersión. Es decir, aquí en España funcionamos “a salto de mata”. En cambio, esa cohesión que existe en el pueblo alemán no es otra que la proyección del yo mismo de cada teutón hacia el otro, que se plasma en el afuera en la solidaridad de cada uno.  Un yo de reflexión, que realiza las cosas con la lentitud de la razón discursiva y reflexionada. El español es el pueblo de la intuición y de la imaginación, y por tanto de la improvisación,  mientras que el alemán es el pueblo de la razón y de la lentitud. Puede que esta diferencia geofilosófica haya sido la base de la atracción que sentimos cada pueblo el uno hacia el otro.

De todas formas, es sorprendente cómo el hecho del ser europeo está intercambiando estos rasgos geofilosóficos. Si bien esto no ocurre entre nuestros políticos, porque parece que se empeñan en mostrar el rasgo de la improvisación al máximo, sí en cambio ocurre que en las bases del carácter español empiezan a pensar un poco más en sí mismos. A pesar de qué los actos del español siguen siendo espontáneos y en muchos casos intuitivos más que reflexivos, se está pensando más en las consecuencias y cohesionado las causas con sus efectos a través de la memoria. Es decir, en España se empieza a pensar un poco más en uno mismo, en lo que se es, se fue y se va a ser, introduciendo el factor tiempo dentro de la propia reflexividad.

Aunque estamos muy lejos de ser alemanes y ellos de tener un pensamiento de la intuición del momento, sí que existe un grado de ósmosis entre las diferentes formas de pensar, gracias a la posibilidad de intercambiar pensamientos de un modo rápido, tanto en la estancia en los diferentes territorios como en la relación de los diferentes caracteres entre sí. Aun así, nuestros políticos son la expresión de la vieja España básica, la de la improvisación y de la chapuza del “ir tirando”. Por este motivo, la lectura de Ortega es sorprendente por la exposición tan actualizada de los males que nos acogen, que nos preocupa concluir que verdaderamente el tiempo del afuera es un presente continuo que nunca cambia y lo que cambia es o se percibe es el tiempo como pasado, presente y futuro del soy yo mismo, que en cierta forma es del que me debo preocupar. Razón de más para que el espíritu del español se germanice, pensar un poco más solidariamente a través de la cohesión del mí mismo, de mi propia individualidad.

Un saludo desde la Hora Española.

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  1. EXTático » La valoración de lo difícil - [...] problema es debido a la idiosincrasia del español, en que su pensamiento es intuitivo, basado en la opinión como …

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