¡Qué difícil es pegarla!

Hace unos años, al principio de la década de los noventa, unos emprendedores de Valencia montaron en la playa de Gandía un negocio que a mí me parecía genial, aunque no el nombre, Paella King. El asunto consistía en ofrecer paella a todas horas y de varios tipos como si fuera recién hecha. Patentaron el sistema para conseguir un arroz al punto y que no se pasara, con lo cual se podía comer paella a todas horas y en todas las estaciones. La paella estaba riquísima pero el negocio duró tres años. Hicimos amistad con ellos y vimos como sus expectativas se iban desvaneciendo conforme pasaban los veranos. A día de hoy todavía analizo los fallos del negocio. Creo que el nombre no fue nada acertado, ya que mi primera impresión me sugirió que eran unos imitadores, que en el fondo era así en cuanto que todos los cubiertos y platos eran desechables, como los clásicos americanos de cdomida rápida a los que recuerda la marca valenciana. Pero la paella en España se toma con tenedor de metal porque no sabe igual de la otra manera o por lo menos era lo que decía mi suegra. El local donde estaba Paella King parece maldito, porque no ha vuelto a funcionar ningún negocio y eso que está en un lugar privilegiado de la playa de Gandía.

Más asombroso es la manera en que un chaval de intituto americano, de esos que parecen unos pringaos y perdedores, se ha encontrado con el éxito. Jimmy Winkelman, que así se llama este protagonista que bien podía ser un “albóndiga”, harto de sentirse marginado por una marca, The North Face, que jerarquizaba posiciones dentro de la juventudes americanas por su alto precio, decidió crear la suya propia para enfatizar la personalidad de cada uno y no el hecho de que por comprar una marca se es más guay. Su marca se llama The South Butt, que en España se traduce como el culo sur en oposición a la cara norte de la competencia de la multinacional (el logo es muy claro). Parece que el chaval ha empezado a vender bastante y la multinacional lo ha demandado, con lo cual lo que han conseguido es que la marca del “culo” consiga haber aumentado las ventas, hasta el punto que es difícil en estos momentos atender a los pedidos. Lo mejor de todo es que, en el fondo de esta demanda se halla una pugna por la competencia y la libertad de empresa que nos va a mostrar hasta qué punto USA es un país liberal o está en manos de los monopolios. Esto lo veremos los próximos meses.

Creo que el éxito no hay que buscarlo sino esperar a que aparezca, no sin esfuerzo claro está. Si se tiene una idea y posibilidades para desarrollarla, hay que tirar hacia adelante. Hoy en día no es suficiente con tener un telar o una máquina de control numérico para pegarla. Intervienen muchos factores para que una idea sea factible, además de lo efímeras que suelen ser en el mercado actual. Y por cierto, hay un tal Jim Khun en Seattle que hace paellas y su local se llama Paella King

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