Rothbard y la acción del tiempo

¿Es colectiva la acción o es individual? Posiblemente Rothbard ha sido uno de los pensadores que más claramente ha expuesto la diferencia entre la acción colectiva y la individual. La mayoría de los filósofos se decantan por la defensa de los universales dentro de su pensamiento, ya que en su búsqueda de la verdad intentan huir de lo relativo, porque es sinónimo de variablilidad, singularidad, y sobre todo, de la individualidad. Lo individual parece que no es correcto dentro de la filosofía, porque es sinónimo de egoísmo, incertidumbre, aleatoriedad por la falta de regularidad absoluta.

Rothbard explica que la acción humana depende de los fines, del propósito de cada una de ellas. Se observa en este planteamiento el sentido escolástico del concepto, pero Rothbard hinca un poco más el diente a esta noción cuando plantea claramente a quien pertenece la acción como fin. La acción pertenece al hombre y no a las plantas o a los animales, ya que es parte de la racionalidad humana por la capacidad deliberativa de su propia naturaleza. Hasta aquí el asunto está claro, pero cuando se habla del hombre siempre se plantea como término universal, sea de un modo colectivo, general o social, lo cual implica un concepto del tiempo general y absoluto, pero no dentro del concepto del tiempo individual y propio. A pesar de que se puede plantear diferentes temporalidades en cada sistema y subsistema, al final es el tiempo propio el que contiene en sí mismo la capacidad dinámica de la acción. Esta idea es la que plantea Rothbard en al descripción de la acción humana.

Dice Rothbard que solo las personas tienen fines. No hay grupos, colectivos, sociedades o Estados que tengan fines, ya que no poseen existencia al margen de las acciones de sus miembros individuales. La acción directa de cada individualidad es la que da forma y origen a la acción de una sociedad, pero el Estado o el colectivo no tienen existencia propia sin los miembros individuales que lo constituyen. El Estado o la sociedad colectiva solo son significativos en la medida en que influyen en la decisión individual, pero el proceso deliberativo, la decisión y la responsabilidad final recaen en el individuo.

Toda vida humana tiene lugar en el tiempo, dice Rothbard y no se puede pensar que la acción humana exista independiente. Acción y tiempo van unidos en su expresión individual y no colectiva, en cuanto que lo colectivo no existe en sí mismo. Si la acción no necesitara de fines y fuera instantánea no existiría el tiempo, siendo este particular a cada uno. Por tanto, desde un punto de vista tan pragmático como el del americano, el tiempo es un bien escaso que hay que aprovechar. Si el hombre tiene limitado su propio tiempo, este se convierte en un valor que hay que rentabilizar.

En la acción, dice Rothbard, se puede distinguir tres periodos de tiempo. Un periodo anterior, el tiempo absorbido y el periodo posterior a la acción terminada. Son los estadios que necesita una acción en el tiempo de un hombre para conseguir un fin o un propósito determinado. Por tanto, el tiempo es el medio para alcanzar el fin elegido por ese individuo o persona. El problema surge por ese bien tan escaso, que es el tiempo, que en el momento de la elección, aparta otras acciones, modos o proyectos sin realizar. El individuo es un actor que elige y para ello utiliza su mayor posesión el tiempo limitado y posible. Desde este punto de vista, Rothbard entiende una cierta negatividad en cuanto hay muchas acciones que no puede elegir este actor y solamente las mas útiles y provechosas serán las que llevará a término. El individuo es el actor del tiempo que escenifica su propia obra en el mundo que le rodea para cumplir con éxito su función final.

El problema de la acción, dice Rothbard pensada como tiempo, es la introducción de la incertidumbre del futuro, ya que la existencia humana implica la posibilidad. Esta idea recuerda a la posibilidad del ser heideggeriano, que incluye la temporalidad de los tres periodos o éxtasis, como pasado, presente y futuro, donde el individuo es un poder-ser. En el caso de Rothbard, las acciones del individuo dependen de esa posibilidad como incertidumbre de la imprevisibilidad de los actos de elección y de la falta de conocimientos de los fenómenos naturales, lo que acontece en el día a día de la existencia, o ese ser para la muerte que explicaba Heidegger en una versión más suave.

Rothbard es un “maximizador” del tiempo propio. Él lo que pretende es que cada uno comprenda y se encuentre, que cada elección activa repercute en el provecho que pueda extraer a su propia existencia. En el día a día del teatro donde cada individuo es el actor principal, debe de ser consciente que su tiempo es limitado y debe de abandonar algunas cosas en beneficio de otras. Por tanto ¿por qué no elegir lo que más nos gusta y somos capaces de hacer, en lugar ir a la búsqueda de quimeras colectivas que dilapidan nuestro valioso tiempo? Esto no es ser egoísta sino un individuo que comprende la importancia de ser lo que elegimos. Somos la acción del tiempo propio.

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