El entrelazamiento cuántico. Conveniencia y emulación en la Edad Media

Una de las críticas que se le imputa a la mecánica cuántica es que las propiedades microscópicas de la materia explicada por la teoría, no se manifiestan en la materia macroscópica. El sentido común, incluso la diferencia entre conceptos teóricos y hechos observacionales, parece indicar que existe una separabilidad de todos los sistemas, una representación limitada de la realidad objetiva. En cambio, la teoría cuántica enseña, desde el teorema de Bell y los experimentos de Aspect, que existe una conexión universal cuántica, debido a un entrelazamiento cuántico que esconde las llamadas variables ocultas. En realidad, en la Edad Media el conocimiento de la realidad semejante, se hacía por medio de la conveniencia, emulación, analogía y simpatía, que explicaban una relación profunda, no separable, con la misma convicción que se ofrece a los proceso microscópicos cuánticos de entrelazado. Entrelazado cuántico

El entrelazamiento cuántico es una propiedad de los estados cuánticos, que son los estados físicos o las propiedades físicas observables y definidas de un sistema. Podíamos decir que es una propiedad de la materia microscópica cuando se define por medio de la teoría cuántica, donde las propiedades que la componen son un tipo de variables desconocidas y ocultas. Si en los estados de los sistemas cuánticos conocidos, las propiedades físicas son observables y definidas dentro de un estado físico como operadores conjuntos del espacio de Hilbert, en el entrelazamiento cuántico esta propiedad, que es una especie de conexión cuántica universal, es desconocida. El entrelazamiento cuántico indica que dos partículas de luz o fotones que provengan de la misma fuente, es decir, que sean semejantes, cumplirán un entrelazamiento entre ellas. Así, si a una partícula de este tipo se la estimula o le ocurre algún acontecimiento, percance o estímulo, influirá en la otra partícula de un modo instantáneo, incluso si la distancia que los separa es superior a la luz. A esto se le llama superposición cuántica.

Einstein, quien primeramente presentó la posibilidad de esa conexión universal en la mecánica cuántica, consideraba que eran “acciones fantasmales” a pesar de ello. En el argumento de Einstein, Podolsky y Rosen deberían de existir, para presentar un entrelazamiento cuántico, unas propiedades físicamente reales de los objetos, que se llamaron las variables ocultas, y que la teoría cuántica no explicaba adecuadamente. Por ello, a Einstein ni se le ocurría que estas variables existieran, considerando que los objetos estaban separados y de ningún modo conectados entre sí, como posteriormente David Bohm, John Bell y Alan Aspect mostraron de alguna forma. Había unas variables ocultas que podían explicar una conectividad entre objetos de una manera universal e instantánea, que podían existir como propiedades físicas reales, que no procedieran de la observación ni de la representación de un objeto limitado y separado. Estas variables ocultas son parámetros desconocidos que con sus particulares propiedades serían las responsables de la formulación estadística de la mecánica cuántica. Es decir, si las variables ocultas se pudieran medir la teoría cuántica ya no sería aleatoria sino determinista, con lo cual aparecería una teoría más sólida dentro de una explicación nomológica más que pensar en probabilidades explicativas. Eso es lo que intentaron Bohm y Aspect entre otros con sus teorías de no localidad e inseparabilidad de los sistemas cuánticos. El problema es que estas teorías se plantean a nivel cuántico y por tanto microscópico, con lo cual no parece que a nivel macroscópico tengan algún efecto.

Si en la Edad Media se hubiera planteado el problema de una posible conectividad universal, este experimento solo hubiera servido para corroborar lo que ya se sabía. El conocimiento de las cosas no se realizaba la mayoría de las veces por representación objetiva, que era una limitación móvil, sino por su relación y semejanza entre ellas. Esta relación se expresaba por conveniencia o emulación, así como por analogía y simpatía, como explica M. Foucault en Las palabras y las cosas. La conveniencia era una comunicación de las propiedades de las cosas que eran semejantes por vecindad y contacto, donde la relación además de exterior era interior de un modo completamente real. Por contacto espacial, la conveniencia expresaba una semejanza en las formas de las cosas con un encadenamiento continuo interior y recíproco, que trasmitiría las propiedades de todas las cosas más allá de la inmediata contigüidad. La emulación, que es una forma de conveniencia se acerca más a un entrelazamiento de las cosas, es decir, a nivel macroscópico. La emulación no depende del espacio de vecindad, sino que es una conveniencia a distancia, una semejanza sin contacto, como explica M Foucault. Es un reflejo recíproco, una especie de “gemelidad” natural donde las cosas se reflejan como si existiera un estado de superposición macroscópica, que el mismo objeto se desdobla simultáneamente en una distancia infinita. Por eso el hombre emula la mente de Dios o las cosas se imitan en todas las partes del universo, ya que sus propiedades son las mismas, y por tanto, se emulan. La emulación es un reflejo simple bigemelar, que recorre todo el universo relacionado y conectado con la simpatía. Esta relación alcanza el principio de movilidad, sin que la distancia no les permita comunicarse instantáneamente en la profundidad del universo.

El modo de conocimiento del pensamiento relacional poco a poco fue cambiando al de un pensamiento representativo. Si la comprensión de las cosas consistía en relacionarse por semejanza, por conveniencia, emulación, simpatía o analogía, las propiedades de las cosas, la de una naturaleza profunda interior, secreta, y sobre todo, compartida y conectada universalmente, este modo de pensar dejo paso a discernir de un modo representativo, limitado, basado en las identidades morfológicas y específicas de las cosas. El discernimiento, como análisis de la diferencia por el espíritu del conocimiento, dice M. Foucault. Empezó la búsqueda de la medida y el orden matemático, que hasta la fecha ha abarcado una gran parte de la epistemología y de la investigación científica. A pesar de la evolución y los cambios en la metodología científica, no cabe duda de que los científicos todavía se guían por principios metodológicos de medida y orden, donde la inducción y la experimentación de la observación son básicas para la demostración del experimento científico. Queda poco campo para la explicación que no sea causal, nomo-deductiva, estadística, dentro del ámbito de la ciencia moderna como sería la explicación relacional dentro del conocimiento científico como modo onto-epistemológico de comprender la realidad. La consecuencia, si ello fuera posible, es que la realidad no sería una justificación de hechos físicos y objetos por los medios que fuesen posibles, sino que la realidad es una relación, una función de partes de un todo bajo el punto de vista de lo particular. Una singularidad constructora, que englobaría en sí misma todas las propiedades posibles para ser plegadas y desplegadas en la función con otras singularidades, que sería el tiempo relacional.

1 Comentario

  1. “Así, si a una partícula de este tipo se la estimula o le ocurre algún acontecimiento, percance o estímulo, influirá en la otra partícula de un modo instantáneo, incluso si la distancia que los separa es superior a la luz. A esto se le llama superposición cuántica.” …….
    quizá porque son la misma particula pero vista desde distintas perspectivas :)

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  1. EXTático » La realidad es mágica. Simpatía e inmanencia - [...] ni localizable. Esa realidad conectada en un plano profundo sin espacio ni separación era una realidad mágica en la Edad …

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