La falta de curiosidad del español

Dice Ortega en España invertebrada que uno de los grandes defectos del español no es la envidia ni el tan cacareado individualismo, sino la falta de curiosidad por lo que hace el otro. Toma como ejemplo a la sociedad francesa para explicar este peculiar defecto de nuestra gente. Ortega explica que todos los franceses están al tanto de lo que sucede en cada rincón de su país, participando de ello tanto el francés del norte como el meridional. En España, por el contrario, somos muy provincianos, más bien aldeanos diría yo, mirando hacia nuestra propia tierra, ciudad o pueblo, abstraídos de lo que sucede en el resto de las comunidades. Ello conlleva a producir una sociedad disociada, nada elástica y sin estructura. El localismo del español, lo hemos vivido todos en nuestra infancia incluso cuando se subrayaba que España era Una. Comprobábamos que las Españas eran muchas cuando íbamos a pelearnos al pueblo de al lado, porque se llevaban a nuestras chicas o por cualquier motivo nimio y sin llegar a conocerlos durante toda la vida. Los del otro pueblo no pertenecían a nuestra sociedad localista.

Ahora bien, si España es una sociedad de disociados, como explica Ortega, es debido a esa falta de curiosidad del español por saber algo del trabajo del vecino, y por supuesto, de más allá del pueblo o de la provincia. En su comparación con la sociedad francesa explica que allí un militar se puede acercar a un escritor y saber algo de su obra, y este mismo escritor estará al tanto de las campañas del militar en el Sahara o en Siria. Lo mismo ocurre con todo tipo de oficios. Por ejemplo, el industrial, figura tan vilipendiada en nuestra sociedad española, será reconocido por sus mismos obreros y valorarán su trabajo dentro de la colectividad y viceversa. El industrial estará al tanto de lo que fabrican sus obreros, de su cometido y lo mantendrá en alta consideración, por ese interés y curiosidad que abriga el francés para todo oficio dentro de la sociedad en que habita. Todo lo contrario que en España dice Ortega, la falta de curiosidad innata en el español y del interés por lo que la labor del prójimo nos puede enseñar, convierte al español y a la sociedad española en una serie de compartimientos estancos, todos ellos separados sin conexión e interrelación, transformando a España en ese país de disociados. Al militar español le da exactamente igual lo que suceda fuera del cuartel, al industrial mientras más lejos del obrero mejor y el obrero solo está pendiente de cuánto y de qué manera le explotan para exigir más derechos para tomarse el bocadillo tranquilamente y alcanzar la jubilación con el salario completo, sin interés por nada de lo que sucede más allá de la máquina.

La falta curiosidad del español por la labor del otro no significa que pase desapercibido ante su mirada. En la actualidad lo que prevalece es la curiosidad por el poder de la gente que tiene dinero. Ortega no vislumbró la importancia que supone para los españoles el poder del dinero en la misma sociedad disociada y localista del tanto tienes tanto vales. Ortega explicaba que el español no era un ser propiamente dirigido a obtener el poder social a través del dinero, ya que pensaba que en otros países era mucho más grande. Claro que cuando publicó España invertebrada no habíamos padecido una guerra, que grabó en el inconsciente colectivo la necesidad de sobrevivir, y eso solo lo proporciona el dinero en nuestra sociedad actual. Lo que ha ocurrido es que la falta de curiosidad se ha transformado en necesidad por la supervivencia, y por ello, el español vuelca su interés en el vecino que gana dinero, ya que solo tiene como muestra el ámbito local, su entorno más próximo por su espíritu provinciano.

En España no se admira el trabajo del otro por la labor que desarrolla en la sociedad sino más bien por lo que gana. Ello conllevará a que intente desarrollar la misma ocupación del próspero vecino para ser reconocido por la sociedad local, ya que más allá no existe el mundo. Por ejemplo, si el vecino tiene un bar que funciona, el español pensará “si este tío gana dinero y yo soy mejor, ganaré mucho más si monto otro” Así, España es el país que mas bares tiene por metro cuadrado solamente por el hecho de que el interés y la curiosidad del español se centra en el ámbito local y no busca nuevas expectativas en otros lugares. Este ejemplo se puede extrapolar a todos los niveles y oficios de la sociedad española. Si los dentistas les va bien, todos dentistas aunque sea con cursos de fin de semana y uno por habitante, si los taxistas ganan dinero todos taxistas y si para trabajar hay que tener un título todos titulados. Esa es la verdadera falta de curiosidad del español, que no existe interés por lo que sucede más allá de lo que sucede al vecino, y este es la guía por la se que rige nuestra vida, la de un localismo exacerbado hasta tal punto que ahoga nuestra imaginación. Si a esto se acompaña el miedo a la novedad innata en el carácter del español, nos enfrentamos a una sociedad disociada, provinciana, tradicional en exceso y localista, incapaz de atreverse a afrontar los retos que plantean los problemas de la actualidad, dejando en manos de los políticos lo que debería de hacer la propia sociedad. Mientras no cambie este pensamiento y esta manera de ser, la frontera de Europa empieza en los Pirineos.

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