¿Por qué los chinos dominarán el mundo?

Explicaba Spengler en La decadencia de occidente que China era la próxima civilización que dominaría el mundo. Occidente, según Spengler es una civilización faústica, en declive, debido al intento de alcanzar lo inalcanzable. En cambio, la civilización china está en una fase de desarrollo, en primavera, donde la unidad y la abundancia, cierto feudalismo o centralismo estatal le otorga la fuerza del despegar de una civilización.

La intuición más clara que tuvo Spengler con el pueblo chino fue la comparación que realizó con los alemanes con respecto al trabajo. Decía Spengler que el máximo rasgo que hay que plasmar con respecto a la actividad como virtud, no es una pose, un ademán o una actitud de comportamiento sino el trabajo. Para Spengler, el trabajo no supone pensar en el futuro de la incertidumbre que pudiera contener las sociedades faústicas occidentales en decadencia, sino el trabajo de por sí, lo meramente hecho por ser actividad de un pueblo emergente.

Bajo esta perspectiva, el análisis de la sociedad china derrumba cualquier propuesta que compare el pensamiento occidental de productividad y trabajo con la sociedad china. Actualmente se habla mucho de que España debería de aumentar su productividad, su capacidad de innovación, trabando más y esforzándose en la educación continua. Pero desgraciadamente en nuestros arquetipos colectivos, la forma de ver el trabajo como acción puntual de presente es encarada a un futuro muy próximo, es decir, solo se trabaja para ganar dinero cuanto antes mejor. En segundo lugar, la educación y la formación no ha sido nuestro fuerte, ya que siempre nos las hemos apañado sin ningún tipo de cultura, y si se tiene es para conseguir un título y ganar dinero, no para el desarrollo del ser, desde el punto de vista profesional.

Los gobernantes chinos se han dado cuenta de esto y comprenden que la gran diferencia que existe entre occidente y su pueblo es la fuerza de trabajo, como lo intuyó Hitler en su momento a partir de la lectura de la obra de Spengler entre otras. Hitler instauró el patrón trabajo en su economía, que no era otro que financiar a las empresas que contrataban trabajadores, siendo estos el activo como capacidad de trabajo. La fianza para un crédito era la fuerza laboral y no el piso, el coche, el dinero en el banco o cualquier tipo de activo material, propios de la sociedad decadente, según Spengler. Hitler confiaba ciegamente en la fuerza laboral del pueblo alemán y con eso quiso conquistar el mundo. No lo consiguió, pero los chinos han aprendido la lección, que para conquistar al mundo no es necesaria una guerra, sino dirigir la fuerza laboral y la capacidad de trabajo del pueblo chino en una dirección, la máxima productividad.

En España nuestra meta es la máxima productividad instantánea con el mínimo esfuerzo. Por eso, nuestros héroes son los del pelotazo, los que se han hecho ricos porque fueron “listos” en realizar alguna operación que los benefició de un modo inmediato. Esa postura es habitual en una cultura donde el pan había que ganarlo con el sudor de tu frente, y por tanto, el trabajo estaba estigmatizado. Hasta hace bien poco, la sociedad y el pueblo español quería imitar a los señoritos del dolce far niente, que en muchos aspectos ya lo conseguía. En el fondo, esa manera de pensar ha quedado grabada como arquetipo colectivo en el pueblo español, observándose en el debate sobre el tema de las pensiones y en el retraso de la edad de jubilación, cuando lo que se debería de estar debatiendo es el modo de alargar la edad del retiro, para poder trabajar el máximo tiempo posible, mientras exista capacidad vital.

El problema  es que esta manera de pensar se está extendiendo por toda la civilización occidental, tanto en la mediterránea como en la anglosajona. Los alemanes están deseosos de terminar su vida laboral para disfrutar de su trozo de Mallorca, así como los ingleses, suecos y noruegos. En cambio, a los chinos solo les preocupa que sus hijos y ahora también sus hijas, les puedan atender cuando ellos dejen de trabajar por impedimento físico y no porque exista una edad de jubilación.

El futuro que les preocupa a los españoles es cuánto voy a ganar esta semana y a ver si me jubilo con 55 años con el salario completo. Mientras que en la cultura asiática, la manera de encarar la profesión y el trabajo empieza de un modo renovado a los 60 años, aquí debemos de estar en Benidorm, disfrutando de nuestro “merecido” descanso ya eterno. Esa manera de pensar se está generalizando en la civilización occidental y lo han comprendido los chinos. Por eso pretenden conquistar el mundo por las ganas de trabajar de su pueblo.

Así, los chinos dominarán el mundo por el trabajo y no por la armas ni por las virtudes ni por la tolerancia ni por los valores que pensamos imprescindibles dentro de nuestra sociedad occidental. En un pueblo como el chino donde se hablan muchos dialectos, no es importante si en el parlamento se habla catalán o valenciano, si hay que abrir viejas heridas de luchas fratricidas o apoyar a los masturbadores de Extremadura. Lo importante es el trabajo y que todo el mundo se desarrolle gracias a este, ya que el trabajo es su ser como pueblo. Si desde lo mas profundo de nuestra propia alma eso no lo entendemos, que tenemos que trabajar más, sea en lo que sea, sin echar las culpas al Estado o al otro, los chinos serán los dueños del mundo o puede que sea demasiado tarde.

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