El tiempo ejemplar o tiempo arquetípico

El ejemplar es la idea como esencia, que es un concepto formal del entendimiento. La idea como concepto se encuentra en la mente, una mente que puede ser universal y también individual, creadora propia del sí mismo. Las ideas desde el punto de vista de una inteligencia universal, que se puede llamar la sociedad deviniente, el yo trascendental o el espíritu absoluto son arquetipos, principios modélicos que son creados por el individuo y son asimilados por la sociedad deviniente o sus diferentes modos de ser. La sociedad se desarrolla con una inteligencia creadora múltiple, compuesta por multitud de elementos, que son los individuos como expresiones particulares del tiempo. El yo individual es el que comprende que es pasado, al ser consciente de sí mismo como un yo que era y por ese motivo es tiempo. El tiempo esencial es el que se comprende a sí mismo como un ser de memoria y acción, ser pasado y ser presente/futuro. Ese tiempo esencial, cuyo ser memoria es pasado, se guía por el tiempo ejemplar o tiempo del arquetipo, para ser modelado, informado y formado conceptualmente en su ser sí mismo propio, para ser su propio tiempo. El problema es que en la actualidad el tiempo ejemplar prevalece al tiempo propio del individuo sin que este pueda tener su tiempo.

El tiempo ejemplar o del arquetipo es el tiempo de la memoria de las formas o ideas ejemplares o arquetípicas, que han sido asimiladas a lo largo del tiempo sucesivo, como principios fundamentales de acción para cada sociedad, y que han servido de fundamento para la forma de nuevos individuos. Una vez que los arquetipos han sido creados por el individuo propio en la lejanía histórica, pasan a ser ejemplares o modelos para regir maneras de actuación dentro de cada generación. Las sociedades devinientes necesitan de modelos y ejemplares que fundamenten un plan de desarrollo y de actuación, ya que la duración de una vida es muy corta para sacar provecho a toda la utilidad del ejemplar. Así, el ejemplar es solamente un medio para conseguir un fin de la acción en cuanto es una regla mnemotécnica o de la memoria para guiar un trayecto. Es el principio de un método en cuanto este es un más allá en el camino. El ejemplar permite una línea de actuación en base a su idea de ser útil en el tiempo de desarrollo de una generación modelada gracias a sus ejemplares. Pero el problema de los ejemplares es que pierden la idea básica de ser herramientas de la sociedad deviniente, y por tanto, para que el individuo se modele y tener su propio tiempo. Cuando esto sucede el individuo deja de ser de propio y se convierte en ejemplar, que equivale a decir que su tiempo pertenece a la sociedad deviniente como tiempo ejemplar. La alienación del tiempo ocurre cuando el individuo pierde su libertad, siendo su línea de acción la del tiempo ejemplar, es decir, que todos sus actos se basan en el ejemplar o arquetipo, proveniente de siglos más allá de lo que la memoria recuerda.

Hay muchas clases de ejemplares, aunque todos ellos evolucionan dentro de diferentes significados. El tiempo ejemplar mantiene el significado original en la memoria de la sociedad deviniente durante su trayecto. Estos son conceptos como ideas ejemplares que permiten la construcción de proposiciones para la inteligencia, sea universal o individual, modelar a estos individuos que constituyen la sociedad deviniente como propios o hacer de estos ejemplares normas o reglas que se transmitan de generación en generación para formar parte de categoría fijas de pensamiento que rijan axiomáticamente las acciones de la sociedad. Los ejemplares comprendidos de esta forma son rígidos, involutivos, estáticos, adinámicos, que alienan el tiempo propio de los individuos, ya que la misma sociedad del tiempo basada en los ejemplares los considera las formas básicas de su ser social, y por tanto, pierden el valor de utilidad para convertirse en cadenas y ataduras que impiden el ser propio del tiempo. El tiempo verdadero es el del yo sí mismo de propio y singular, que comprende que es memoria con cierto deber al ejemplar pero que no está alienado por el tiempo ejemplar.

Ese es el problema de las sociedades religiosas, que su ser deviniente se basa en todo tipo de ejemplares y que las hace así mismas tiempo ejemplar. Los individuos que se basan en ser fundamentados en los axiomas y reglas de la religión están alienados en cuanto su ser sí mismo como tiempo es un tiempo ejemplar, ya que sus líneas de desarrollo son ejemplares para un tiempo ejemplar. Su llegar a ser es ser ejemplar en el tiempo como idea que se sigue y modela, sin llegar a ser nunca sí mismos propios. En este sentido los ejemplares son Dios, fe, esperanza, bienaventuranza, fidelidad, etc. Las sociedades ejemplares o arquetípicas se desarrollan conforme a unos mandamientos, consignas, creencias o ejemplares que suelen ser excluyentes para el individuo de propio, rigiéndose por el tiempo ejemplar o arquetípico como modelo de fundamento de su propia inteligencia y de la inteligencia de los individuos. Este es el caso de las sociedades religiosas aunque no solamente estas pueden ser ejemplares.

Las sociedades ilustradas también se rigen por el tiempo ejemplar, donde sus ejemplares pasan a ser también reglas y axiomas en sí mismos mandamientos que forman una inteligencia social ejemplar que anula los individuos de propio. Estos ejemplares son razón, ilustración, medición, extensión, que convierten a este tipo de sociedades en maniqueas, ya que todo lo que no se puede conocer por la razón es ignorancia superstición creando un nuevo tipo de infieles, que son los que no están de acuerdo con ellos. La razón es el ejemplar que fundamenta un diferente tipo de alienación al ser de propio, ya que todo individuo debe de regirse por la razón y no por la superstición, la fe o las creencias. Intenta superar el tiempo ejemplar de las religiones pero cae en un nuevo tiempo de lo ejemplar en cuanto este es el de la razón y de la medición del conocimiento ilustrado. La sociedad ejemplar de la ilustración mide su ser y sus líneas de actuación conforme al mandamiento de la razón, alienando al ser sí mismo de propio en cuanto este es imaginación, intuición, espontaneidad, azar.

Las sociedades políticas en cuanto que son ideológicas en su base son por sí mismas las más ejemplares y las más alienantes. Estado, democracia, pueblo, sociedad, civilización, han pasado a ser axiomas con una nueva definición o disposición para alienar la esencia de esa misma causa ejemplar o arquetípica en beneficio de un nuevo tiempo ejemplar que es el Estado. El Estado controla a todos los individuos, los socializa en el sentido de que se apropia de su tiempo, por ese engaño que es el llamado contrato social, que no es otra cosa que el contrato fáustico de vender el propio tiempo de la libertad individual, al ceder toda la capacidad de elegir el tiempo propio en detrimento del Estado. El Estado, con la promesa de ofrecer todo lo que pretenda el individuo se presenta como protector y educador de la vida del individuo, pero en realidad le extrae su libertad de ser sí mismo de propio, sin poder ser nunca más tiempo propio, que es la realidad del tiempo.

Así, todo lo social se convierte en tiempo ejemplar y arquetípico con cánones, reglas y axiomas fosilizadas que pierden el valor de uso, su verdadera utilidad, que es apoyar y modelar al ser sí mismo de propio como individuo en su propio tiempo, que es el yo. Fue el yo individual el que creó modelos y ejemplares para poder continuar la obra de una generación, ya que la duración de una vida era muy corta para poder llevar a cabo un proyecto. El individuo necesitaba instaurar modelos para una sociedad deviniente, que se iba formando gracias a sus mejores individuos. El tiempo ejemplar era solo un tiempo de utilidad, un tiempo lento pero no estático e inmóvil. Conforme la sociedad avanzaba cada vez más rápida, estos ejemplares y arquetipos perdieron su valor de utilidad y se convirtieron en normas inmutables que se imponían por sí mismas a los individuos, que ahora han perdido su tiempo. El individuo actual no tiene tiempo porque pertenece al ejemplar, sea Dios, Razón/Medición o Estado, pero ha perdido la libertad de tener tiempo, de tener su propio tiempo. La esencia del tiempo es saber que el ejemplar es la utilidad de la memoria para poder y saber actuar por sí/mí mismo. Esto es tener tiempo, mi tiempo.

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