¿Existen las élites en España?

La respuesta es muy sencilla, no existen élites en España. Ortega elaboró una teoría muy interesante del porqué en la sociedad española no se había estructurado un tipo de aristocracia basada en la nobleza del esfuerzo. En primer lugar, Ortega apeló al concepto racial debido a la falta de buena sangre germánica, ya que la que se estableció en la península, la visigótica, era decadente. Los visigodos que entraron ya estaban contaminados de decadencia debido a su contacto con los romanos, y por tanto, no gozaban del sentido germánico puro del esfuerzo. Poca influencia tuvieron los visigodos en el carácter de lo español si nos atenemos a que su hegemonía duró pocos siglos en España, además de impedir las uniones matrimoniales en España. No fue hasta el año 589 con la unificación confesional en España entre hispano-romanos y visigodos cuando empezó a extenderse esta práctica, aunque con los obstáculos de las mismas sociedades que entraban en juego. De todas formas, la explicación de los arquetipos dentro de un contexto racial no contiene ningún tipo de solidez sociológica para explicar el problema de las elites en España.

Otra idea socio histórica que presenta Ortega para la justificación de la falta de élites en España es la ausencia de feudalismo. Esta idea que en principio sugiere una norma de individualidad y de emprendimiento muy acusado en el alma del español, tal y como declaraba Sánchez Albornoz en su Historia de España, parece una virtud. No es una virtud, según Ortega, sino que es una inconsistencia dentro del carácter español, ya que no ha percibido un sistema de jerarquías sociales. En España no hay castas ni el español quiere que existan bajo ningún pretexto. Si bien en Europa las castas son las nuevas élites políticas o intelectuales, siendo reconocidas por la gente común, en España, tierra de colonos, cualquier tipo de jerarquía no es vista con buenos ojos, precisamente porque somos presores o lo que es lo mismo, cultivamos nuestra propia tierra bajo nuestra propia perspectiva durante siglos y siglos. Entonces, ¿quién nos puede enseñar algo?, nos preguntamos los descendientes de esos cultivadores de la tierra fronteriza que fue la península ibérica durante tan largo periodo.

Por ese motivo, porque el español es un agricultor Ortega introduce el término de ruralidad para explicar el perfil del hombre-masa como un hombre mediocre, pero sin ánimo de ofender a la profesión sino más bien para enseñar la faceta de desestructuración social, que se instaura en la sociedad española desde que España era una frontera móvil. Dice Ortega en su España invertebrada que debido al ruralismo de los pueblos agrícolas no poseen aristocracia, es decir, existe una ausencia de los mejores. Esto conlleva a que se instaure una ceguera para distinguir a esas élites que son capaces de asumir las responsabilidades, convirtiendo a España en lo que es, en una masa de torpes que aplasta a todo intento de mejorar en el esfuerzo. Esto lo escribía Ortega en los años veinte.

Ortega identifica a la élite con la idea de esfuerzo. El noble es el que se esfuerza, el que se exige, el que se rige por los deberes y no por sus pretendidos derechos. Esta idea no es nueva ya que Aristóteles se la otorgaba a los aristos, los señores que tenían la responsabilidad de llevar su casa y tutelar bajo su dominio, palabra romana, los que componían su estructura. Espinoza hablaba del conatus como perseverancia y Fichte como esfuerzo entendido como la actividad básica del Yo general. Ortega vincula esta noción directamente a una vida noble, que es antagónica con una vida vulgar. Si bien creo que la base del desarrollo como persona está en el esfuerzo, lo entiendo más bien como Fichte, como una actividad del yo general, que es el impulso. Esto significa que la teoría de la élite en realidad es el instrumento de Ortega para paliar la falta de reconocimiento que guardaba la sociedad española con la inteligencia y la cultura.

Esa falta de reconocimiento plantea un nuevo concepto, el de la lucha por el reconocimiento de Hegel, donde la élite es el señor, el guerrero que es reconocido y lucha por ser reconocido jugándose la vida defendiendo al esclavo. Es la dualidad del señor/esclavo, donde este agradece el mérito del señor feudal que lo protege y le defiende, arriesgando su vida donde el esclavo/vasallo no tiene el valor de preservar. Fukuyama actualizó el concepto de lucha por el reconocimiento, sustituyendo al señor feudal que no teme por su vida. Es el nuevo triunfador y héroe capitalista, que toda la gente reconoce por su triunfo social en gran parte por el dinero que gana. Claro que Fukuyama no es español y no está al tanto de lo indignados que estamos con estos “héroes”, o mejor llámese envidia de no poder ser como ellos. Por lo tanto, el problema de las élites en España no es ni de reconocimiento ni de raza ni de calidad de sangre ni de cultura. El problema es el mismo en todas partes del mundo, que la élite en sí misma es un concepto desacertado en el planteamiento. Por ejemplo, si alguien piensa que la sociedad americana es un modelo de élites está muy equivocado. En USA es tradicionalmente perseguido por la opinión pública el intelectual pensado a la europea. Puede que en alguna universidad americana sea muy snob hablar del postestructuralismo francés o que algún arquitecto dialogue sobre deconstrucción, pero si existe una vida vulgar es la americana. Aun así, es el motor económico, político y social del mundo, con sus políticos vulgares, su sociedad vulgar, sus hábitos vulgares entendido tal y como la describe Ortega, un hombre que se conforma con sus apetitos, sus gustos chauvinistas, sus opiniones, sin exigirse más de lo que es y contento consigo mismo.

Entonces ¿qué es una élite? Una élite no debe ser entendida por un grupo social jerarquizado dentro de un contexto social, sea nacional, económico, político o lo que se pretenda categorizar. ¿Acaso Ortega iba a convencer a un español de los de antes y de los de ahora que ellos no son selectos? ¿Quién es el que jerarquiza esas minorías y les otorga el apelativo de élite? ¿No se considera el hombre-masa de por sí selecto solo por sostener una opinión? Un conocido comunicador español aglutinaba las respuestas a estas preguntas en lo que él llamaba la Teoría del guardia jurado. Explica que tuvo la ocasión de escuchar los lamentos de un guardia jurado, que se encontraba muy descontento con su trabajo. Explicaba que él se merecía un trabajo mejor, que fuera reconocido por la empresa, ya que su valía no debería de ser desperdiciada. El comunicador, pensando en la posibilidad de echarle una mano le preguntó qué tipo de estudios tenía, cuántos masters había cursado, cuántos idiomas hablaba, qué experiencia había tenido en otros campos. La respuesta fue obvia. El guardia jurado solo sabía dar palos a los chavalines que se emborrachaban en las discotecas, además de contar unos chistes muy graciosos de los que se reía mucho su abuela, según las palabras del comunicador.

La “teoría del GJ” en realidad lo que quería pergeñar es que el hombre vulgar y mediocre no se siente para nada corriente y vulgar, sino que se considera una élite, incluso con la gran “aptitud” de ser un buen contador de chistes. Por tanto, la idea de lo selecto como una minoría es atractiva para el que se siente diferente y no reconocido por el resto de la sociedad o pretende ser reconocido por algún tipo de facultad solamente comprendida por él mismo.

La teoría de las élites debería de ser una explicación a un esfuerzo completo o a la perfección en el esfuerzo del yo propio. El verdaderamente excelente es el que obvia cualquier tipo de adversidad y no se excusa en la dicotomía vulgaridad/nobleza o inercia/tarea. Es el que compite consigo mismo para acercarse en lo posible a sus límites, a ser perfecto pero en el sentido de ser completo en la tarea que desarrolla, desde su propio sentido de la completud del acto en sí. Sencillamente busca el impulso sin necesidad de reconocimiento sin considerarse mejor ni dentro de una minoría selecta ni la valora. Valora el esfuerzo del otro pero no dentro de una jerarquía sino como un rizoma, con una horizontalidad de nodos de actividad similar, actividad creativa. No es una clase ni un grupo ni una minoría, solamente es un nódulo de fuerza de construcción de estructuras para sí y para el otro. Por eso, este concepto de élite es solipsista y solo es conocido por el en sí del yo propio que se esfuerza en conocerse a sí mismo.

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