Una de zombis

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El lenguaje coloquial, que es tan sabio y filosófico, utiliza frases como la de “estás zombi” para describir un estado de muerte viviente similar a la persona que se supone difunta. Es un sujeto que se comporta como un autómata en su conducta, el cual parece alelado cuando por ciertas circunstancias no responde a ningún tipo de estímulos. Si es por comportarse como un androide, entonces muchas veces nosotros pasamos por estados de zombi, aunque para muchos filósofos todos somos zombis.

Zizek explica en Órganos sin cuerpo que el concepto de zombi se creó para rechazar las ideas del conductismo, que pretendía explicar incluso la mente humana a nivel empírico. El zombie sería el individuo que manifiesta emociones, se conduce con acciones humanas, sufre con el dolor pero solamente para los otros, ya que no captamos su propio autoconocimiento. No se puede atribuir una propiedad empírica a la conciencia, y por tanto, a efectos prácticos son indistinguibles. Si eso es así, el problema está en la toma de posiciones con respecto a la autoconciencia o el yo o la realidad que se construye. Esta realidad es la del yo propio que es autoconsciente y se engañe o no es su realidad. Pero ¿es autoconsciente el propio yo? Posiblemente el mismo yo no es autoconsciente de sí mismo durante épocas, estados o estadios, lo que supone ser zombi si no reconoce sus modos de expresión.

En primer lugar, el ser zombie aparece en las fases de desarrollo del ser humano. Son los diferentes estadios zombis. Desde que se es bebé hasta el ser anciano, las diferentes épocas son marcadas por el ser zombi. El bebé depende de sus padres de un modo automático en cuanto a disponer de todas sus necesidades. Aprende a valerse por sí mismo con ayuda de sus padres, siguiendo unas reglas de actuación muy rígidas y automáticas. El correcto paso a otros estadios depende de esta automatización, pero el primer atisbo de ser autoconsciente no aparece hasta los 3 años y el sentido de ser yo hasta los 5-6 años. Ahora bien, ese pequeño punto de autoconsciencia está rodeado por un estado completamente automático para realizar las cosas, y por tanto, del ser zombi. Hasta la adolescencia las reglas impuestas para defenderse el yo o saberse valer dentro de la sociedad. El problema está en que la superación de cada estadio zombi se debe a algún momento-límite que produce mayor autoconciencia. Si ello no sucede, se puede permanecer en un estadio anterior zombi, incluso hasta la vejez. Peter pan era un zombi.

En segundo lugar, se encuentran los estados zombis de la autoconsciencia. Solamente el yo es capaz de analizarse a sí mismo y comprender de un modo introspectivo su propio mundo latente en caso de que lo efectuara. El individuo autoconsciente no lo es durante todo el tiempo del día, sino que hay muchos momentos de actuación que son estados de zombi. Por ejemplo, desde que se levanta existen muchos actos que se realizan de un modo rutinario como lavarse los dientes, la ingestión de líquidos y comida, los estados fisiológicos y vegetativos, etc. Todos ellos realizados de un modo automático, aunque en la mayoría de ocasiones se deberían de realizar con un ápice de autoconsciencia para que queden grabados en la memoria individual, que en un futuro pueden solucionar muchos problemas de la consciencia corporal. Asimismo, muchas acciones de relación se efectúan de un modo automático como cuando nos encontramos con una persona y tenemos nuestro latiguillo de siempre, el “ya nos vemos” o “te veo muy bien”. Modos de actuación automático de los que no se es consciente como si pusiéramos un vídeo o un holograma que se ejecuta en las conversaciones, el trato con los demás, etc.

En tercer lugar está el zombi crónico. La solución es muy difícil ya que es un estado habitual y un estadio último, donde la autoconsciencia priva por su ausencia. Es el que no mira ni ha mirado en su interior prácticamente en toda su vida. No se ha ensimismado nunca diría Ortega, como aquellos monos del Retiro que siempre están alertas con su mundo exterior porque no tienen mundo interior. Un ejemplo de ellos son los workolics o adictos al trabajo que siempre están metidos de lleno en la faena, porque no quieren pensar en sí mismos y cuando tienen un momento para ellos, se angustian porque se encuentran en la antesala de su ser consciente. Los adictos suelen ser zombis crónicos porque prefieren estar narcotizados y estar supeditados a sus adicciones antes que ser conscientes de ellas, con lo cual se dejan llevar convirtiéndose en seres autómatas, muñecos dependientes de muletas externas, que actúan como resortes para actuar por esas adhesiones. Además de los adictos existen muchas clases de zombis crónicos, donde el uso de la autoconsciencia no existe, como en los trabajadores que hacen de la rutina un automatismo, los dogmáticos tanto religiosos como políticos, que se guían por doctrinas axiomatizadas o los que no buscan respuestas a nada aunque no las haya. Todos ellos son zombis.

Lo gracioso es que el monstruo no es el zombi sino el yo con sus pasiones y deseos más ocultos. En la película Planeta prohibido filmada en 1956 por F.Wilcox, Morbius no quiere ser consciente de que es su propio yo el causante de todos los males que asolan al planeta. Él le ha dado vida a través del “educador plástico” que le hace posible ser mucho mas inteligente, pero sin poder conocer sus deseos y pasiones mas ocultas. El educador consigue abrir la caja de Pandora, que es el yo incontrolado, no autómata pero anárquico sin moral ni normas, destructor y asesino. Al final acepta que el monstruo es el propio Morbius, cayendo mortalmente herido, desapareciendo el engendro creado por su propio yo, que es el causante de su propia destrucción. Es el yo de las pasiones, de los afectos y deseos más perversos, la envidia, la rabia, la tristeza más profunda que no se puede dominar. Por eso, el zombi se automatiza para apartarse del monstruo antes que enfrentarse a él. El miedo lo convierte en una máquina, para no liberar al yo de la inconsciencia, que es el primer paso para la autoconsciencia. Si no se entienden las pasiones y afectos que nos perjudican y atenazan, poco se puede aprender de la experiencia para poder aplicar las tecnologías del yo, para empezar el arduo camino a la conciencia del yo propio.

El zombi crónico es feliz porque no es consciente de sí mismo ni de un yo de pasiones y afectos, porque no tiene autoconciencia. El zombi crónico al no darse cuenta de las cosas que ocurren a su alrededor, parece que siente o se afecta por las cosas, pero en realidad lo crónico de su estado lo ha tornado rígido a los estímulos e insensible a la vez. Es feliz porque ya no siente ni se estimula ni sufre. El monstruo ha desaparecido posiblemente oculto entre tanta regla, dogmatismo, ideología, trabajo, rutina y narcóticos de todo tipo. Pero todo esto es mejor que estar cara a cara consigo mismo, que es quien verdaderamente produce pavor, el yo propio. La filosofía consiste de darle sentido a ese yo para que construya la propia realidad y que el monstruo sea un animal fiero, pero domesticado por uno mismo y no por el otro o los otros.

1 Comentario

  1. Querido Gilberto, todos somos zombies hoy dia , en este mundo globalizado, que funciona solamente lo que se ve en la pantalla tonta , basta poner cualquier programa de corazon o deporte y veras como la gente parecen cada vez mas zombies y se fijan a la pantalla como si su vida dependiese de ella, y me imagino que refleja en la vida cotidiana de uno tambien. si fuese por mi haria desaparecer las pantallas tontas de los hogares, y creo que asi habra mas comunicacion entre los seres vivos que habitan este hogar , o almenos fijaran mas a la cara del sujeto que esta sentado a su lado.

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