La realidad es mágica. Simpatía e inmanencia

En principio, la realidad es objetiva cuando se habla de trascendencia, pero la realidad es mágica en cuanto hablamos de inmanencia. Señalar que la realidad es mágica se debe a que la inmanencia es simpatía como relación, no localidad o no-separabilidad. La realidad objetiva es la realidad material y física, medible de la estructura de lo que es percibido. La base de esa percepción es representativa en cuanto es un concepto exterior a una conciencia. Esos conceptos contienen una realidad física material estructurada como campo, acontecimiento, entidad, etc, pero siempre abocan a una magnitud física, incluso para las entidades no visibles del espacio, pero sí medibles. La realidad objetiva pertenece a una epistemología de la medida.

Los estudios de Heisenberg para medir la realidad no visible concluyeron en su principio de incertidumbre. La realidad se puede medir pero con diferentes resultados, ya que la incidencia óptica de los instrumentos utilizados para medirla alteran las mediciones con resultados aleatorios. Concluye Heisenberg que la realidad también es aleatoria y que la verdad no es necesariamente estable. Esta aleatoriedad en la medición ponía en duda el principio de separabilidad de los objetos, donde el medidor y la medición eran completamente determinadas, y por tanto, la realidad objetiva estaba separada. Ello conlleva a seguir investigando en otro tipo de realidades estocásticas, relacionales, conexionadas, que no se expresen por lo que determina un enunciado medible de lo representativo del objeto real.

Einstein, Podolski y Rosenqueriendo demostrar que la realidad era objetiva, a través de la crítica a la mecánica cuántica, explicaron que deberían de existir unas variables ocultas para describir esas acciones fantasmales que supondría una realidad aleatoria incierta y conectada entre sí. Debería de existir un entrelazamiento cuántico para que la mecánica cuántica pudiera responder a las tesis de Heisenberg y para ello esbozó la paradoja de Einstein Podolski y Rosen donde la tercera premisa explicaba que esas variables ocultas o esas acciones fantasmales implicarían acciones mas rápidas que la luz, pero eso era imposible y por tanto la realidad era separada y no estaba conectada entre sí. La teoría de Bell sobre las variables ocultas y los experimentos de Aspect han dado un vuelco a la realidad objetiva. La realidad, según estos estudios está conectada en un plano profundo, no separable ni localizable. Esa realidad conectada en un plano profundo sin espacio ni separación era una realidad mágica en la Edad Media y en la Antigüedad helénica de los estoicos y se llamaba simpatía.

La simpatía era un concepto físico, un organismo vivo que era el universo. Este universo estaba totalmente conectado por algo también físico que los estoicos llamaban pneuma. La propiedad mas importante del pneuma era el tonos como tensión o vibración, lo que equivaldría a ese entrelazamiento cuántico de vibración inmediata de los electrones sin localización ni separabilidad. Esta conexión implicaba que cualquier perturbación en el universo repercutía en ese todo que era el universo vivo. Los efectos serían transmitidos no por una acción continua sino entrelazamiento, por simpatía llamaría a esto los estoicos, que según ellos justifica la adivinación. Los acontecimientos futuros se pueden predecir porque cualquier evento reacciona ante cualquier otro.

En la Edad Media la simpatía también era una realidad para el conocimiento relacional. Foucault explica en Las palabras y las cosas que antes que el conocimiento fuera objetivo y representativo era por similitudes y relacional. Con respecto a la simpatía explicaba que no había ninguna distancia supuesta, ni ningún encadenamiento prescrito, lo que significaba un estado libre en las profundidades del mundo o lo que es lo mismo una realidad no objetiva que no surge no del contacto ni de la localización. Es la epistemología del siglo XVI, una función que se aplica en primer lugar a lo semejante como conveniencia, emulación analogía y simpatía, dice Foucault. Es una concepción del mundo cubierta de signos que hay que descifrar, unas formas mágicas que hay que conocer como realidad profunda.

Bell y Aspect nos llevan a replantear una nueva epistemología o más bien la deconstrucción de la epistemología actual, para reconstruirla a partir de la epistemología de los estoicos y de los magos del siglo XVI como Porta, Paracelso o Campanella. Es la línea que emplea Feyerabend con su “todo vale” cuando incluye la magia como una fuente de conocimiento o Deleuze en filosofía cuando se acerca a la brujería, explicando que no practica un orden lógico en el conocimiento orgánico y representativo en su libro con Guattari Mil mesetas. En el campo científico, que se acerca mas a una explicación objetiva de la realidad conectada y fundamentada en un todo, se encuentran los estudios de David Bohm y Karl Pribram con el modelo holonómico de funcionamiento del cerebro

David Bohm explicó que las partículas están gobernadas por una especie de potencial cuántico y no están movidos al azar, con un cierto determinismo no localista. Esto lo mostró en un experimento junto con un israelí llamado Aharanov, donde encontraron que los electrones son capaces de “sentir” un campo magnético en regiones donde el campo es de intensidad cero. Es un claro ejemplo de interconectividad cuántica. En 1989 Alan Aspect demostraron que las partículas pueden viajar y responder a estímulos instantáneos a distancias muy superiores a la luz. A partir de estos experimentos muchos han sido los que han puesto en duda la realidad objetiva. La realidad objetiva es un modo de conocimiento de la trascendencia y no puede ser obviado por ningún tipo de experimento que intente demostrar lo contrario. Por otra parte, sí que se puede ampliar el campo del conocimiento a partir de la inmanencia, que es el campo profundo de interconectividad del todo, lo que se llamaba simpatía por los estoicos y los eruditos medievales. En la inmanencia todo está conectado, sea de un modo abstracto o concreto pero real, que en metafísica se llama relación, actividad, todo, caos, Dios, nada, deseo, ser, indeterminación, reciprocidad, substancia, Yo o simpatía dentro de los muchos sinónimos que se pueden exponer.

Pensar la inmanencia como epistemología implica comprender unas series de acciones muy diferentes a la lógica de la representación. Mas bien entramos en el campo de la intuición, de la relación o de la imaginación, que en muchos casos se ha llamado magia, pero en realidad es la clásica simpatía de profundidad como los estoicos, medievales y Bergson o de superficie como la de Hume, Adam Smith o Husserl. La mayoría de las acciones que nosotros realizamos al día se hallan en este sentido. Le compramos a alguien o algo porque nos resulta simpático. El mercado trabaja por intuiciones y no por la lógica racional. El amor no es precisamente un conocimiento de pura racionalidad. Los médicos toman decisiones de un modo rápido más intuitivo que puramente racional. Presentimos el futuro como los estoicos, por intuición pero no por lógica. Muchas hipótesis se basan en la lógica de abducción, que implica un componente adivinatorio profundo o por intuición, como si tuviéramos un sexto sentido. Pocas veces planeamos las situaciones de un modo lógico y racional. Seguramente solo lo podría hacer Sherlock Holmes, que si nos lo planteamos verdaderamente él sí que era un personaje mágico.

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