He extraviado todo el año 2011

La semana pasada en la consulta me di cuenta de que estábamos en el 2011 y no en el 2010 como había creído durante todo el año. Tanto hablar del tiempo propio, de la acción de que el tiempo medido es de la existencia inauténtica, que realmente no sabía en qué año estaba. Claro que esto lo hago extensible al mes, al día de la semana o a la hora, ya que mi reloj es lo que me pide el cuerpo. Por eso no llevo reloj aunque los venda, salvo para ver las formas y sus sensaciones estéticas.

Me vino a la cabeza después de esto, la escena de Rollerball (1975, por si acaso) donde Jonathan va a Suiza a consultar a Zero, la computadora que guarda todos los libros que las corporaciones han suprimido, clasificado y almacenado en ella. El programador lo recibe con mucha alegría, pero pronto le muestra su consternación por la desaparición de los archivos de todo el siglo XIII. Para su propia tranquilidad le explica a Jonathan que tampoco había nada importante en ese siglo, solamente Dante y unos cuantos Papas corruptos. Quizá yo estaría un poco más afectado por la desaparición de Alfonso X el sabio y su escuela de traductores de Toledo o el Opus Oxoniense de Duns Escoto, pero si hacemos un poco de caso a la Escuela de Annales, la verdadera historia no es una historia de fechas sino de la gente que la vive, de sus mentalidades. Esta nueva historia no documenta y ordena los hechos de un modo positivista por fechas, sino que alcanza a un análisis de estructuras económicas, sociales, culturales dentro del contexto, indagando en mayor medida en la lingüística y los sistemas estructurados de pensamiento, además de los citados anteriormente. Los de la Escuela de Annales no estarían muy afligidos tampoco con la desaparición de Dante o de los Papas corruptos, ya que ellos establecerían una línea de relación entre los siglos que enlazan al siglo XIII, para explicar esa multiplicidad espacio-temporal, sin menoscabo por la pérdida de los textos históricos.

La anécdota que me ocurrió la semana pasada se encuentra en una línea más propia del tiempo de cada uno como la idea de historicidad de Heidegger. Heidegger explica que la historicidad del ser-ahí, que primeramente es la de cada uno de nosotros en general y después en particular, sea un proyecto que no tiene que ver con fechas sino con una posibilidad de desarrollo y la comprensión de ello. Una historia de fechas se entiende como una sucesión y no como un proyecto o una tarea continua del yo de cada uno como tiempo propio.

También me atreví a esbozar una teoría del tiempo sociológica después de abordar el tiempo propio a partir de la historicidad de Heidegger y que ahora transita por la idea inmanente del yo fichteano. La teoría sociológica que expuse en el 2008, se basaba en que debido al alargamiento de la vida por el individuo y dentro de su proyecto existencial, lo cual hace que se expresen las diferentes fases sociológicas-temporales que yo describía como cósmica, natural, lábil/afectiva/jurídica, cronometrada, y por último, la fase de la frontera, que se identifica con el tiempo del emprendedor y del presurista que explicaba en algún post últimamente.

De todas formas, ya me ocurrió pero desde un punto de vista mas técnico, como a Zero pero las consecuencias de este año extraviado en el “software” contiene un sentido mas gracioso, que es interpretativo. Hay una escena El dormilón (1973) de Woody Allen sobre los objetos del pasado en que a Miles Monroe, el protagonista, le enseñan diferentes fotos del pasado, para que explicara a los sociólogos e historiadores del siglo XXII cómo era la sociedad del Siglo XX, ya que tenían poca información sobre aquella época. Miles da su propia interpretación de la historia, muy distorsionada si la observamos desde un punto de vista positivista y convencional, pero mucho más irónica. Si Miles es la fuente donde se informan esos futuros historiadores o Annalistas del futuro, la conclusión sería que me da igual la posteridad. Una fecha no se puede perder como un pasado que no se tiene dice Marco Aurelio. La historia la hago para mí mismo eligiendo e interpretando lo que mejor conviene siempre a ese dispositivo que se llama el temporizador .

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