La autonomía es el hacer y el conocer del yo. La membrana

La palabra autonomía describe una situación donde lo mismo se rige por la ley que es propia. Cualquier cosa que se afirme que es autónoma significa llanamente que no depende de nadie en relación a determinadas cosas. Maturana y Varela explican que ser autónomo es una condición del ser vivo junto con la capacidad de autoproducirse. Los seres vivos son unidades autónomas en el sentido de que son capaces de especificar lo que es propio de ellos, explican los científicos chilenos. Explican que lo que verdaderamente define a los seres autónomos es su organización autopoiética, donde ellos mismos son capaces de realizarse. Esto implica que una unidad que es capaz de autoorganizarse y autoproducirse significa que ser y hacer son inseparables y que en su pensamiento de una epistemiología basada en lo biológico, por lo que todo hacer es conocer y todo conocer es hacer.

El hombre nace de una célula que se autoorganiza y se autoproduce a partir de unos modelos genéticos que la transforma a un estado multicelular. El hombre es una gran membrana que está organizado por un núcleo que es el cerebro. El cerebro contiene la misma función que el núcleo celular, que es organizar las diferentes funciones de las célula y que está rodeado por una membrana. Esta membrana es la que actúa con el medio ya que no es impermeable, sino que permite el paso de los diferentes iones que son necesarios para la función celular. Esta membrana contiene un potencial plasmático, que es capaz de ese intercambio con el medio, permitiendo un continuo cambio de transformaciones reguladas por el núcleo en el interior de la célula. Si nos basamos en la idea de Maturana y Varela que los conceptos de lo vivo como epistemología son extensibles a una manera del conocer, ser autónomo en el hombre correspondería a un sistema unicelular, que es capaz de autoorganizarse y autoproducirse como una unidad sistemática individualizada. Ello equivaldría a que el hombre es un ser vivo unicelular que estructura y organiza diferentes transformaciones dentro y fuera de su membrana.

El hombre es un ser unicelular que es autónomo y autoproductivo. La autonomía empezaría a definirse en el hombre individual a partir de su autoorganización y autoproduccción. Por ello, es capaz de autodeterminarse y eso es un principio de individualidad al que llamamos yo. Yo soy capaz como un potencial de membrana de autolimitarse y organizarme según mis propias normas y mi propia ley. Por tanto yo o el yo es autónomo o tiende a la autonomía, siendo libre en cuanto soy consciente de ello. Ese yo que se autodetermina sí mismo y por lo que determina y se organiza Fichte lo llama fuerza. La fuerza es la capacidad, el potencial de membrana, para ser organizativa y que el yo se pueda limitar y estructurar a través de su vida. Es la forma que tiene el tiempo en expresarse como yo mismo. Si domino el tiempo podré regirme por mis propias leyes, autodeterminarme y ser autónomo, ya que es la fuerza de mi propia autoorganización, producción y libertad. Lo contrario es ser dependiente, y estar sometido y subyugado a lo que no soy yo. Para ser autónomo habría que usar esa fuerza, esforzarse, en conocerse y hacerse a sí mismo, al yo propio a través del tiempo de uno mismo. Ese sería la función del hombre unicelular, hacerme yo y conocerme a mí mismo.

El problema es que muchos piensan que el yo no existe y que en realidad es el otro, lo de afuera que introduce esas leyes por las que se tiene que regir esa unidad sistémica que es el hombre. Según ellos, el hombre cuando nace está completamente desprotegido y depende del otro para sobrevivir. Esto conlleva a que introduce un mensaje externo dentro de sí mismo, y por tanto todo lo que es se lo debe al otro, definiendo al yo como lo otro. Si esto fuera cierto, la telepatía sería un hecho ya que siempre sabríamos lo que piensa el otro porque soy yo, pero solamente lo intuimos y la mayoría de las veces desacertadamente. La membrana del hombre unicelular transforma los enunciados, el lenguaje del otro y lo interpreta propiamente, por lo cual no se puede decir taxativamente que el yo es el otro. Además, como ser vivo el hombre tiende a la autonomía y esa solo lo puede ofrecer el yo que se autodetermina y autolimita dentro de la membrana, que a la vez interactúa con el medio.

El conocer es una función del núcleo, pero es un hacer gracias al potencial de la membrana del hombre unicelular. La membrana sugiere separación y limitación, pero en un medio donde se interactúa como es la capacidad que tiene la membrana por sí misma de actividad, entonces el término de limitación sugiere impulso o tendencia. Esa tendencia, sería interior en cuanto existe un potencial interno de transformación que se dirigiría al conocer en relación al núcleo y una tendencia exterior como potencial externo de transformación hacia el medio, que es la actividad plena y el hacer. El potencial de membrana del hombre unicelular es lo que hace posible el conocer y el hacer. Así, el hombre individual, que tiende a la autonomía por el yo, es posible gracias a la membrana, que no es limitación ni separación sino actividad del hacer y del conocer.

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  1. EXTático » El yo autopotente - [...] yo ya he hablado mucho y algo he mencionado sobre la autonomía pero poco sobre lo potente. Lo potente es un …

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