Yo ya no leo libros

Sino que interpreto textos. Cualquier texto, frase, palabra, concepto o proposición se presta a una interpretación propia del Libro. Ese Libro que es el pensamiento del hombre desde que Parménides explico que todo lo que es pensado, percibido y hablado equivale a lo que subyace plenamente. Es el espacio de significación del límite entendido como actividad del conocimiento en cuanto este es inmanente.

Un libro equivale a una fragmentación del pensamiento, en cuanto se abarca para una función de conocimiento trascendental y positivo, o lo que es lo mismo, desde lo medido. El mismo formato del libro es una separación. Es un bloque cuyo aspecto sugiere el de un objeto extenso, con unas dimensiones, que almacena un trozo de conocimiento sea del tipo que sea. En sí mismo tenerlo en las manos en comprender que la realidad es física, extensa, material y dimensional, con lo cual es muy difícil extraer de un objeto extenso el concepto de “plenamente subyace”. Un adverbio acompañado de un verbo que responde a la pregunta ¿cómo? más que a la pregunta ¿qué?

Por ese motivo lo libros no me solucionan ningún problema que plantee desde la pregunta ¿qué? Bergson decía que no existen problemas sin solución sino que existen problemas mal planteados. Todo el conocimiento de la realidad actual se bosqueja con la pregunta ¿qué? El qué supone un sujeto muchas de las veces sustantivado que pregunta por una respuesta en acusativo que equivale también a una cosificación de la respuesta. La pregunta por el qué equivale a lo extenso de la realidad, y por tanto, se busca el conocimiento del objeto en sí, esa búsqueda de la cosa en sí kantiana, el fantasma. Entonces buscar en los libros la respuesta del qué me conduce al fantasma.

Otra cosa es plantear el saber desde el punto de vista del cómo. A la respuesta de esta pregunta conduce a interpretar un texto, una palabra dicha por alguien, una conversación, un intercambio dialéctico o un blog de ecología por ejemplo. Interpreto lo que dicen en el afuera para comprender el adentro. La respuesta al cómo es intensiva y no extensa, con lo cual el límite del significado es “plenamente subyaciente” en cada interpretación de la densidad, en cuanto es consistentemente. Pensar intensivamente significa que la separación de la cosa, del objeto es un problema mal planteado, ya que ni responde a la pregunta del qué. Ese pensamiento parmenídeo es el cómo como “plenamente subyace”, ya que si le colocamos el artículo se convierte en objeto como la mismísima nada de Heidegger. Por eso, es imposible comprender el pensamiento de Parménides desde el punto de vista de lo extensivo. Entender que el ser es una esfera es interpretar el espacio como forma geométrica o extensiva del pensar, y eso está muy lejos del pensamiento de Parménides.

¿Se puede explicar “subyaciente pensamiento” en un libro de materia dimensional extensivo? Por ese mismo motivo no se puede entender que para Parménides no exista el movimiento ni el espacio ni el tiempo sino que son determinaciones de lo que no se puede pensar porque es “pleno significar siendo” Otra manera de pensar puramente intensidad. Quizá Heidegger sustantivó en exceso el ser que hemos sido incapaces de ir mas allá o más acá y entender la esfera de significación activamente-limitantemente.

Cuando alguien me dice que lee muchos libros y que se interesa por el conocimiento, solo percibo infelicidad, la infelicidad del que nunca alcanzará una respuesta. Ya decía Espinosa que la tercera vía del conocimiento era la intuición, que consistía en conseguir la felicidad gracias a la relación de todas los modos del mundo. Era comprender lo que subyace en su realidad, que era la sustancia. Una forma de inmanencia pero no plena, ya que a pesar de todo, lo real como naturaleza y sustancia era pensamiento y extensión.

Un libro es una barrera que separa y fragmenta la inmanencia. Es una membrana impermeable, que por sí mismo rompe el aprender. Otra cosa es el texto que se interpreta por cada uno de nosotros en cada momento del tiempo nuestro porque no hay otra clase de tiempo. El tiempo es propio y puede ser sustantivado como sujeto objeto conceptualizado que soy, pero más allá es una medida y eso es lo extenso, y por tanto, “no-subyaciente vacío”. El tiempo medido es el principio de la separación y lo fragmentado, la ruptura de lo pleno.

Con esto, la filosofía cambia su alcance y su objetivo, que no tiene ninguno en el conocimiento del qué. Preguntas sobre qué es el hombre, quien es Dios, qué objetivo tiene el existir no tienen ningún sentido porque solo pueden ser explicadas desde el punto de vista del libro, de lo material extenso cosificado trascendente. Problemas sin solución explicaría Bergson. Otra cosa sería responder al cómo. La respuesta al como es intensivamente, extáticamente, pensativamente, plenamente, significativamente, en definitiva, de cierta manera, a mí manera como explica un texto que se oye, se percibe y se escucha con una armonía musical. Por eso, a la pregunta por el cómo hay que percibir la respuesta sería interpretativamente en los textos del único Libro, el de la verdad bien redonda, “plenamente subyaciente”

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  1. ¿Nos estamos volviendo tontos por culpa de Internet? | Blogextatico - […] digital sino porque el contenido es un libro universal. No es que haya libros sino que existe El Libro. …

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