El tiempo de la nada de Severino

Explica Severino que la alienación de la civilización occidental se encuentra en el interés por parte de la ciencia y la tecnología de que las cosas sean tiempo. Pensar el tiempo es pensar en la técnica como una producción de una cosa que viene de la nada y vuelve a la nada. Esta idea se basa en que para Severino el ser es completamente necesario y eterno, y por tanto, todo lo que vemos existe antes y después de que aparezca. El ser de las determinaciones, que son las cosas que existen y existirán siempre aunque hayan desaparecido. Por eso, para Severino el ser desde su punto de vista y como determinaciones plenas, es eterno.

Severino parte del primer principio de la metafísico de Parménides, que interpretado por él mismo, define que el ser es y la nada no es. Este primer principio implica que nada se puede crear de la nada o que alguna cosa pueda ser producida y fabricada desde el no es. Pero en occidente y desde Platón, todas las cosas que son materiales y determinadas, pasan desde su no ser, la nada, a ser cosa o ente. Por tanto, la alienación de occidente consiste en pensar que una cosa, que es un no ser o una nada, puede ser algo, destruirse y volver a ser nada. Esto es el tiempo pensado desde la técnica como producción de una nada. Es el tiempo determinado y medido mientras es ser. La cosa viene del pasado siendo una nada y su futuro es volver a la nada. Si la nada no puede ser pensada y ser dicha, entonces ¿cómo nuestro pensamiento puede soportar la gran contradicción de que la cosa a la vez sea una nada y ser? El problema es que la alienación del tiempo como nada escapa a nuestra conciencia, dice Severino, y la única solución es la vuelta a una filosofía de la necesidad, que en el caso de Severino es la nueva verdad establecida por el Superdios, pero esa es otra historia.

Lo interesante del pensamiento de Severino es que piensa que la alienación del pensamiento occidental es percibir el tiempo como una producción de cosas. Estas cosas pensadas sin comprender el verdadero sentido de lo eterno es estar enajenado, porque no se puede pensar en una identidad entre el ser ente de la cosa y el mismo ser nada en la misma cosa, como argumenta en la declaración de Parménides en cuanto el ser y el no ser o la nada no es. En realidad, Severino enfatiza el sentido de la separación radical entre el ente como ser de la cosa y el ser pleno que subyace a la cosa. Esa separación es el tiempo alienado de occidente. Según Severino, kronos en griego se pronuncia krinein que significa separar. La separación radical es el tiempo entendido como producción de la cosa, que fractura al ser pleno parmenídeo, y se aparta del ser lleno y eterno, como ente. Es una metáfora ontológica de la expulsión del hombre del paraíso del ser pleno y eterno, cuando este ve en el principio de contradicción la sabiduría. Comer del árbol del bien y del mal es percibir que las cosas son tiempo y que pueden ser nada. Por eso son desterrados y expuestos a vivir según sus reglas, las del tiempo de la nada, que son las de la separación del ser y por tanto que la esencia de las cosas puedan ser dominadas bajo la epistemología de la física, que es la medición de lo extenso como función.

Aunque la interpretación de Severino parte también de la base de que un no ser es un ente, Parménides no se refería a un ente como cosa sino que con su frase interpretaba que “ ser en efecto es y no es en ningún donde”. Por tanto, a lo que se refiere Parménides es que el ser no es ningún lugar o extensión que se pueda pensar sino mas bien un modo de ser pleno. Pero al hacer Severino hincapié en que en la misma frase un ser puede no ser, sí que capta el concepto de separación original que domina la epistemología moderna y la identifica como tiempo en cuanto el dominio de las cosas pasa a ser un dominio de la función científica, que no es otra cosa que la medición. Si existe algo absolutamente medido es el tiempo de la nada, que es el tiempo tal y como lo entendemos hoy en día, como número en movimiento. Por lo tanto, tal y como concebimos hoy el tiempo de una manera tan absolutamente medido y extensivo, se comprende, según Severino, que sea el tiempo de la nada como máxima alienación de nuestro pensamiento occidental. Pensar las cosas y percibirlas separadamente es comprender el tiempo como un número, que sería la base de nuestra locura porque todas las cosas no estarían en el ser pleno, sino que serían cosas, objetos de realidad física para una representación, el fantasma. El tiempo medido es el fantasma de la nada que pretende manifestarse y solo lo logra en nuestra locura de trasformarlo en un absoluto a través del reloj como su medición. Medir la nada es la enajenación que nos subsume en occidente. Percibir extáticamente es entender el yo plenamente, sin separación primordial, de un modo denso.

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