El mejor de los mundos posibles

Dice Leibniz que vivimos en el mejor de los mundos posibles, ya que cualquier elección que realicemos es la mejor que podíamos hacer dadas las circunstancias. Para Leibniz todo el universo es una armonía preestablecida en conveniencia, lo que significa que cualquier hecho que ocurra en cualquier parte del universo influye aquí y ahora. Su idea del tiempo relacional es que cada suceso, cada acción está determinada por una transmisión relativa de sucesos. Por tanto, la elección que hemos realizado para cada acción, proyecto, suceso o hecho está determinada desde el mismo momento en que se ejecuta. Ello implica que no hay lugar para la culpa y las lamentaciones de un condicional pasado en su forma “y si hubiera hecho aquello…” ya que no había otra respuesta mejor para cada acción determinada en sí misma.

Claro que esta idea es ver la vida desde el punto de vista del vaso medio lleno, ya que la mayoría de la gente piensa que estamos en el peor de los mundos posibles. Ello implica que cada acción que tomamos está equivocada desde el principio, porque siempre hay alguna mejor que se podía haber tomado. No cabe duda de que la búsqueda de la acción perfecta, de la respuesta acabada e irreprochable de cada hecho es un progreso en el proyecto del hombre mismo, pero no es real. Si cada acción tiene múltiples variantes y todas ellas están sujetas a revisión, o el hombre tiene que convivir con la culpa del condicional pasado o en la inacción por la incapacidad de soportar esa culpa. El problema es que si la responsabilidad de la acción es del hombre propio y este tiene muhas opciones, pero tiene que dar cuentas de sus equivocaciones, la culpa se tiene que expiar como si fuera un pecado y el castigo por ello es esa corrosión interior del que se siente culpable ante las acciones que se creen no correctas. Esta idea de la acción del peor de los mundos posibles es ver el vaso medio vacío.

Por tanto, es cuestión de perspectiva, de interpretación propia de cada uno lo que quiera elegir, si vivir en el mejor de los mundos posibles o en el peor de ellos. En el mejor de los mundos posibles no existe la culpa ni las lamentaciones, solamente la acción armoniosa de conveniencia del tiempo relacional. La equivocación no es un pecado sino un estado que permite el conocimiento para la siguiente acción, que permite progresar al hombre en armonía con el tiempo relacional y a la vez el suyo propio del yo mismo. En cambio, vivir en el peor de los mundos posibles es vivir en la culpa de la acción nunca perfecta ni alcanzada. Es vivir en el pecado con el consiguiente castigo interior que nos produce el remordimiento, el mordisquear interior constante. Bueno, yo lo tengo claro, prefiero vivir en el mejor de los mundos posibles, que además no pago peaje, ya que no existe culpa sino composición y construcción de mi propia realidad interpretativa.

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