Metafísica de la confianza.

En principio, la confianza es una esperanza firme en una persona o cosa según explica la RAE. También la confianza es ánimo para obrar, presunción sobre la opinión de uno mismo, familiaridad en el trato y pacto entre dos personas particulares. Lo que se propone ahora es una cartografía de la confianza, partiendo del significado original, y recuperar en cierto modo el sentido de creencia primario.

Confianza etimológicamente viene del latín vulgar fidare que a su vez es una modificación de fidere, fiar, confiar. La confianza a partir del fidere es, entonces, un concepto que en su raíz aparece como fides, fe o creencia, promesa a una palabra dada. Es decir, la confianza es una cuestión de fe, de creer en una palabra, en un trato, o simplemente creer. La creencia o confianza es, a pesar de que no está explícito, el conocimiento certero de algo a lo que se le da crédito. Así planteado el concepto de confianza su interpretación es más teológica que filosófica, ya que el concepto de fides o fe es un valor o una virtud teologal así como la esperanza. La esperanza antes estaba vinculada con la fe y esta procedía de la creencia, donde la creencia tenía otro significado.

Parménides explicaba que la creencia de donde derivó la fe o la confianza como la entendemos ahora, era la verdad del significado del ser, que equivalía a que todo lo que se piensa o se dice es verdadero. Platón explicaba que la creencia era la verdad que se expresaba en los fenómenos que se veían, aunque para él no se alcanzaba la verdad de las ideas. Aristóteles explicaba algo que iba mucho mas allá. La creencia o la confianza era creer en la proposición como verdad ontológica, sea afirmativa o negativa. Incluso lo falso, al ser una proposición que se expresa en el lenguaje que pertenece al ser, es ontológicamente pleno. Cuando se piensa una proposición Aristóteles dice que se cree en lo verdadero o en lo falso de ella, porque en sí misma tiene la fuerza del ser.

En la sociedad actual, la confianza es una esperanza, pero la esperanza es algo posible no algo necesario como es la creencia o el creer. Creer es estar en el ser y no creer es no estar en el ser, porque se abandona la idea de que la proposición es un espacio de significación que coincide entre el pensamiento y el habla. Esa fractura es lo que debilita a las ideas o incluso a los hechos que son abandonados a su significante, es decir, a ser meras palabras vacías. De ahí que se hable de desconfianza, desesperanza, descreimiento que son sinónimos del no ser.

Esta interpretación como concepto está en función del tiempo desde una perspectiva universal, el objeto, la gente, el tiempo medido, pero los conceptos como expresiones diagramáticos multifásicas, dependen también del tiempo propio, y esto es lo que cada uno debe de interpretar por confianza a su manera.

Para mí la confianza como yo propio es una creencia en lo que pienso, hablo y actúo. Es un creer en mi actividad. Entonces, partiendo de la idea del ser de la proposición de Aristóteles, basado en esa actividad del yo, cualquier enunciado que proponga tiene un sentido pleno de significación topológica. Eso implica que la confianza se articula en el lenguaje, en la misma expresión del significado. Por ejemplo, si yo digo que confío en que la economía va a empeorar los próximos años, estoy enfatizando un espacio de creencia propia del significado. Creo o confío en que las cosas van a seguir yendo mal por la economía. Lo que se enfatiza es la creencia como necesidad del lenguaje y no la esperanza en lo posible, que esta ha pasado a ser ilusoria. Otro ejemplo sobre un espacio de significado de actividad propia sería yo creo, yo confío que soy Gilberto o yo creo o yo confío que no soy Pepe. Con la afirmación de la única verdad de los nombres propios se basó la filosofía de Kripke, que se fundamenta en una creencia verdadera e inapelable, pero la realidad es que lo que es pleno es el espacio propio de significación del que confía en esa verdad bien redonda.

La confianza desde mi punto de vista es un creer pleno en la actividad, equivocada o no verdadera o falsa, correcta o incorrecta, prudente y reflexiva o insensata, pero sobre todo es un creer. Eso significa que puedo creer que estoy en un error y estar equivocado sin abocar a la desesperanza o a la culpabilidad. No hay fractura en el hecho o en la acción o el pensamiento, ya que son lo mismo, que no implica que la acción sea irreflexiva para dejar de creer en una actividad. Solamente que la actividad dentro de los espacios propios de significación del yo, se expresan dentro de la confianza del creer en que no existe tal fractura, sino que existen sendas, caminos y estructuras que construimos dentro de la confianza para dar forma a esa verdad que es el yo del tiempo propio, en mi caso Gilberto, en otro caso Juan, Pepe o Carmen. Ese es el tiempo de la confianza

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