Modular el tiempo

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Consiste en la armonía que se otorga a los dos modos diferentes del que modula la indeterminación del tiempo y este es el yo. El yo está en el origen del principio de lo indeterminado luchando por determinar y definir lo que en su esencia es indeterminación. Esa es la base de la comprensión de la lucha del tiempo, entender que el que modula y armoniza la tendencia a la indeterminación es el yo propio, ya que lo determinado es una interpretación. La ventaja de lo interpretado por el propio yo es que cualquier determinación se transforma en un valor o una creencia útil, mientras que dure en su determinación interpretativa por el yo. Su uso depende entonces de la duración dentro del periodo que sea útil y no una detención que se transforma en axiomática como un ideal eterno, un valor o una creencia que se convierte en verdad inamovible. Es en esencia la idea de la voluntad de poder de Nietzsche pero comprendida desde la base de la indeterminación del tiempo del mismo yo propio. El yo es el modulador de modos diferentes dentro de un conjunto armónico de recíprocos, donde este comprende que la forma no es un límite pasivo y detenido del reposo, sino que es a la vez movimiento y reposo, acción y pasión, devenir y estasis, afuera y adentro.

La mayor parte de la filosofía del desarrollo filosófico del siglo XX proviene del estudio de las ideas que presenta Nietzsche en su obra. Releer a Nietzsche después de haber estudiado a diferentes autores, uno se encuentra con la sorpresa de ver el origen de donde proceden las nuevas corrientes filosóficas como el existencialismo, el estructuralismo o la Escuela de Frankfurt. El párrafo del principio no es mas que el desarrollo y la aplicación de la idea de la voluntad de poder al yo propio, que en realidad es el ultrahombre de Nietzsche aderezado de conceptos cartesianos. Ahora bien, ese yo que tanto critica Nietzsche es considerado como sustancia por él mismo, cuando en realidad es tiempo, y por tanto, nada tan indeterminado como ese concepto que a la vez quiere determinarse en una reciprocidad, que es el principio de indeterminación del orden y desorden del tiempo.

De todos los filósofos presocráticos creo que hay tres que merecen ser revisados y replanteados sus conceptos constantemente ya que están relacionados aunque parezcan en sí mismos contradictorios. Parménides es uno de ellos y explicaba que el ser era algo pleno y necesario y lo que estaba fuera de este no se podía pensar. Por otra parte, Heráclito sugería que todo cambia y que no de podía detener el flujo con que ocurrían las cosas. A esto Anaximandro lo llamó tiempo al orden que juzgaba la indeterminación intrínseca de las cosas, una disposición para que todo tendiera a perder su forma y determinación. Esta disposición es recíproca, lo que significa que cada término es correspondiente al otro, que están en relación series, sistemas, individuos, conceptos en el mismo fundamento del significado que se estructura en el algo. Desde este punto de vista, lo que se detiene y lo que se mueve son correspondientes o el ser pleno y deviniente o lo determinado e indeterminado. Entonces, desde el punto de vista de Anaximandro, la estabilidad y el cambio son sinónimos dentro del fundamento de la disposición del origen que es el tiempo. Fue Descartes quien explicó que el tiempo es el yo, aunque abocó en la sustancia.

Hasta Descartes el espacio topológico de significación consistía en que el principio y origen del algo es que lo estable y lo cambiante son recíprocos y correspondientes por la disposición a la indeterminación del orden/desorden del tiempo unívoco (la sinonimia del tiempo). Pero esa interpretación era muy difícil de entender en cuanto el tiempo tal y como describía Anaximandro era una sucesión y transformación del algo. ¿Cómo podía algo no podría ser algo u otro algo a la vez? En realidad lo que explicaba Anaximandro era que el algo es a la vez algo1 y algo2 de un modo recíproco, porque él no hablaba de ser. El estudio persistente del concepto del ser ha desvirtuado esta interpretación, ya que los derroteros donde abocan terminan por dar un sentido preponderante a la estabilidad, cuando la realidad del fundamento del concepto de Anaximandro es la reciprocidad.

Desde mi punto de vista, el mayor hito en la historia de la filosofía, después de la triada conceptual que he descrito anteriormente, es el descubrimiento del yo por parte de Descartes. El segundo gran descubrimiento fue hecho por el mismo Descartes cuando descubrió que este yo es a la vez tiempo. Este segundo descubrimiento ha pasado desapercibido incluso para el mismo Heidegger. Descartes antes de dictar su célebre frase de yo pienso luego soy, donde el verbo ser ha pasado a interpretarse como existir y el yo como una sustancia, dijo que el yo era. Por tanto el yo es una realidad que deviene un algo que es deviniente y que en un momento se detiene para comprobar que lo indeterminado se detiene y es tiempo. Es un pasado que se convierte en presente del yo era al yo soy siendo a la vez lo mismo. El algo se convierte en un alguien que se establece cambiante e interpreta lo recíproco del mismo modo o mejor dicho la interpretación recíproca del algo y del alguien desde los dos modos posibles, estabilidad y cambio. Por ello es preciso que exista la modulación del tiempo para que ni lo indeterminado ni lo determinado prevalezcan y distorsionen la esencia del pensamiento de Anaximandro. Esa tarea recae en el modulador en que se convierte el yo que es el tiempo del que hablaba Anaximandro, la reciprocidad que ya puede ser comprendida dese el punto de vista de un sentido armónico de la sinonimia y de lo recíproco.

El yo es el modulador del tiempo porque yo mismo me comprendo como tiempo y si ello es así el fundamento de esta comprensión está en lograr que dos conceptos recíprocos, que no contrarios estén en armonía y no enfrentados, ya que en esencia son correspondientes y en relación el uno con el otro por la misma base de que soy tiempo. El pensamiento avanza y ello implica que el yo soy se transforma en un yo modulo. Entonces puede coexistir un pensamiento que se corresponda a la vez con lo estable e inestable a la vez porque en su misma esencia pensarlo es estar dispuesto a aceptar lo que es mas conveniente en cada momento, tanto lo activo como lo pasivo. El yo modulo es a la vez un yo práctico que cree lo que mas le conviene, donde el valor es la propia creencia que yo uso de un modo armónico dentro de lo recíproco porque es el mismo sentido del tiempo. Ese tiempo de lo recíproco que soy yo mismo.

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