El metabolismo es el yo como tiempo y su función de conocimiento

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El metabolismo se define como la serie de procesos de construcción y destrucción de la materia viva. Proviene de la palabra griega metabolé que significa cambio. Aristóteles usaba esta palabra para definir el tiempo como una percepción del cambio en las cosas que tenían en sí mismas el poder de cambiar.

La idea de que las cosas cambian, implica que son a la vez algo que tiene la capacidad de transformarse en otra cosa mientras es una cosa. Por ejemplo, una casa es una casa mientras existe, pero puede quemarse y dejar de ser una casa. Esa es la capacidad de cambio en potencia que tiene la casa. En los seres vivos, esta transformación o cambio se aprecia en mayor medida porque los procesos vitales ocurren más rápidos y son mas perceptivos. Por ese motivo, Aristóteles explicó que el tiempo era número en movimiento pero este número tenía que ser percibido por el alma, un alma que tenía la capacidad de percibir que las cosas cambiaban, metabolé. El problema es que para comprender una cosa, es necesario que una parte de ella, su definición, permanezca de algún modo estable para poder ser entendida de un modo convencional, la esencia o el concepto de la cosa. Aun así, tanto para Aristóteles como para los escolásticos y el mismo Heidegger la esencia verdadera se concibe al final de la existencia, lo que implica que incluso la esencia mientras se desarrolla puede cambiar. Pero en la existencia del yo, este es muy reacio a cambiar y a percibir el cambio.

El tiempo es cambio y es en sí mismo este cambio lo que hace que el tiempo ocurra. Las cosas vivas tienen en sí mismas la posibilidad de cambiar, el paso de un estado a otro que es la definición de lo extático. Lo que está en reposo se pone en movimiento y cambia, lo que está en movimiento se detiene y cambia. Esta es la esencia o definición de lo que cambia que es lo extático. Extático sería lo que lleva en sí mismo la posibilidad de cambio, el metabolismo, y eso es tiempo. Darse cuenta de que el cambio es el tiempo y ese tiempo es el yo propio es la idea del yo extático. Ahora bien, ¿por qué no percibimos el cambio? Posiblemente porque la negación del tiempo y la creencia de que este es un número medido se impiden ver el verdadero cambio, el metabolismo de los seres vivos.

Maturana y Varela explicaban que una epistemología basada en los procesos de autoorganización de la célula, permitía una función mayor en el conocimiento. Ello lo deducían bajo la tesis de que el concepto de lo vivo es extensible a una manera de conocer, a una epistemología basada en el sistema unicelular, que se autoorganiza y se autoproduce como una unidad sistémica individualizada. Así el hombre en realidad sería un ser vivo unicelular cuyo cuerpo actuaría como una membrana y su cerebro como el núcleo organizador de esa unidad sistémica. Esa unidad a la que se llama el yo cuerpo como tiempo. El problema es que el yo está lejos de comprender que es una unidad celular y autónoma porque no percibe el cambio como tiempo sino que percibe el tiempo como medida. De ahí que el yo se estanque en la primera imagen o en la imagen idealizada del yo para definir la propia esencia.

Somos cambio y por tanto somos unidades metabólicas que implican unas transformaciones tanto en la membrana llamada cuerpo como en el núcleo de la esencia de lo que somos, nuestro carácter y nuestra manera de ser. Eso es el tiempo extático, que se percibe a la mirada del otro. No es necesario ver el reloj ni medir ni contar los años para saber que todo y todos es un gran proceso metabólico llamado tiempo. Por transferencia sé el tiempo mío en relación al otro, que me permite controlar mi tiempo, conocer mi metabolismo. Comidas, ejercicio, lectura, conocimiento de las necesidades fisiológicas, es tiempo. La lectura del espejo es tiempo, las cicatrices del alma son tiempo.

La mejor manera de conocer el tiempo, que soy yo mismo es comprender la esencia del metabolismo tal y como suena, el proceso de construcción y destrucción de la materia orgánica, a lo que hay que añadir a la materia conceptual, que son las ideas, nuestra manera de pensar. El metabolismo también ocurre en las ideas porque es el concepto epistemológico de lo vivo, lo extático. Un ser vivo cambia y tiene la posibilidad de cambiar. Lo que no cambia es porque no existe. Por ese motivo mucha gente parece que no existe, porque nunca cambia ni comprende que el cambio es la esencia del ser vivo, lo extático.

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