El impulso estético prerreflexivo y reflexivo en el diseño.

El impulso estético fue definido por Fichte como una orientación hacia una determinada representación dentro de un estado de conciencia, o lo que es lo mismo, por la representación misma y nunca en función de la cosa o del conocimiento de esa cosa. Eso era lo que explicaba yo hace un año para comprender ese arrebato ante un objeto que veíamos y nos atraía irresistiblemente. Ahora bien, este impulso estético estaba más bien relacionado con la categoría del genio, según Fichte, y por lo tanto, no era factible que el hombre común llegara a vislumbrarlo.

Desde la base de una teoría del impulso como vínculo afectivo/activo del yo o pre-yo, que se plantea dentro de una acción de este yo como una función, el impulso es una función como una relación de tendencia interpretada entre un algo y otro algo. Si el tiempo es lo que interpreta la tendencia y este es el yo de cada uno, ese impulso interpretado por mí contiene dos vías, una exterior y otra interior, y por lo tanto, es correlativo. Así, el impulso puede ser interpretado como procedente de una sensación de un algo externo o un producto del yo que actúa. En el primer caso de interpretación, el tiempo se considera como universal y medido, donde lo externo es común a un ser colectivo. En el segundo, es el yo propio de cada cual el que interpreta ese algo en relación a otro algo dentro de la conciencia. Ese impulso en cuanto es definido por el yo en relación a un concepto, que además es dinámico por la propia función interpretada, se comprende que es parte interna y funcional de un Yo fundamental, un vínculo abstracto y real compartido como tendencia activa/afectiva de relación entre diferentes yos. Esta tendencia o impulso activo/afectivo es la que surge del pre-yo para formar los conceptos o las funciones de relación para explicar o relacionar las sensaciones conceptualizadas como algo externo emanadas de la cosa o como sensaciones producidas por la conciencia interna del yo. Las sensaciones sean externas o internas son las que definen lo estético con el impulso activo/afectivo, si entendemos o explicamos que estas emanan de la cosa o son productos de la conciencia. Son dos definiciones de lo estético según como planteemos la interpretación por el tiempo, el tiempo de lo medido por la externalidad, que pertenece a la cosa o a la del tiempo propio del vínculo afectivo/activo del Yo/yo.

Lo estético se refiere a las sensaciones de la tendencia activa afectiva, y por tanto, no delimita el campo a lo bello. Las sensaciones siempre están cargadas de afectividad, de pasividad o de sentimiento afectivo, sean de carácter activo productor en cuanto es un yo que las produce como hecho de conciencia o se entiende como una emanación de la cosa externa. Lo estético es la relación que se produce entre las sensaciones entendidas como que emanan de la cosa y las sensaciones entendidas como producto de la conciencia, siempre en base de un impulso como tendencia activa/afectiva. Ello significa que la sensación en los dos modos de conocimiento, extrínseco e intrínseco o de lo externo e interno, son formas activas/afectivas correlativas y recíprocas. Una sensación estética es una tendencia como percepción externa o interna de la cosa o de la conciencia rodeada de afectividad. Por tanto, en la sensación el impulso correlativo es básico para entender que no existe una sensación que pueda ser interpretada por un yo carente de afectividad y de sentimiento. Lo estético entonces de la sensación es lo que se refiere al impulso estético y este puede ser prerreflexivo o reflexivo con el carácter activo/pasivo o afectivo que atañe a ella.

El impulso prerreflexivo ya dijimos que es el pre-yo, pero su relación con los estético se basa en lo infinito, en cuanto es mi propia interpretación como tiempo que soy. Aun así mi propio pensamiento estético parte de Fichte que explica que para que se dé un hecho de conciencia o un producto que se limita por el yo propio, tiene que existir ese infinito que se determina. Por tanto, la cosa como un producto es una delimitación subjetiva del infinito, pensado e interpretado por un yo propio. Esa explicación en cuanto se refiere a lo inmanente, que es la misma infinitud del Yo y que es limitado por el impulso prerreflexivo del pre-yo. Así, el primer impulso estético o de sensación es ese pre-yo, que se da cuenta que es un yo. Es el cambio de un impulso prerreflexivo pasivo, una tendencia limitadora, que se limita a sí mismo y se convierte en un impulso activo reflexivo. De todas formas, esa tendencia prerreflexiva acompaña siempre al mismo yo como impulso activo como una función del darmecuentade o yo mismo.

Ahora bien, ese impulso prerreflexivo pre-yoico pasivo como tendencia y sensación afectiva es el impulso original, que comunica con lo infinito, y por tanto, es lo que enlaza al yo propio actual con el Yo de la inmanencia en lo estético. Y el darse cuenta de ello es el impulso estético primero prerreflexivo activo, que luego se va tornando en impulso reflexivo activo. Es cuando ese impulso que se convierte en un producto de conciencia por una sensación, se torna consciente de un modo agradable y atractivo para que se vuelva reflexivo y activo. Aquí es cuando un objeto por medio de una sensación, se convierte en un hecho de conciencia subjetivo y atrae. Si ese objeto es producido por un diseñador, y atrae irrefrenablemente a otro, es porque el productor ha conseguido que el sujeto haya contactado con sus sensaciones mas originales, con su impulso pre-yoico limitador que choca con el infinito inmanente.

Cuando un algo gusta, se produce una sensación afectiva correlativa subjetiva. Ese algo es un producto de la conciencia, que aparece por un impulso originario, que es la tendencia pre-yoica hacia el infinito limitado. Por ese motivo, muchos filósofos vinculaban lo estético a lo bello y este como lo absoluto. Pero lo infinito es la realidad que se puede limitar a través del impulso limitador del preyo/yo, que por medio de la sensación se limita y a través de la sensación afectiva estética del gusto por la cosa, se contacta con esa realidad. Darse cuenta de ese contacto con el infinito que se puede limitar, es labor de la tendencia reflexiva del yo propio, pero es la sensación del impulso preyoico donde se percibe el límite del infinito. Lo que nos gusta y nos atrae de nuestra conciencia es el límite de lo infinito que contacta con nosotros a través del impulso estético. Eso es lo que debe conseguir un diseñador de su objeto/sujeto. Mientras mas guste el objeto/sujeto correlativo y correlacionado mas en contacto se estará con el infinito inmanente y limitante. Posiblemente, es lo que diría Fichte en la evolución de su pensamiento estético en relación al diseño.

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