La deuda es tiempo

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Antes a la deuda se le denominaba pecado original, ahora se le debería de llamar tiempo. Nacíamos pagando el supuesto error de nuestros primeros padres y había que expiarlo. Hoy en día nuestros hijos heredan nuestros errores, pero ahora no son pecados, son deuda.

Los americanos no hacen películas filosóficas para trasmitir una idea o un concepto, pero si lo quieren lo consiguen de la manera más sencilla. La idea de que el tiempo se basa en la deuda es el argumento de la película In time.

La trama se desarrolla en un futuro no muy lejano, donde toda la gente deja de envejecer a los 25 años. En esa edad, se pone en funcionamiento un reloj individual que acumula tiempo, la nueva moneda de cambio. Las cosas no se compran con dinero sino con tiempo. Las horas trabajadas, un café, ir en autobús, todo eso se paga y se mercadea con el tiempo de cada uno. El problema es que todo el mundo vive al día y si no paga con tiempo, su reloj vital se detiene cuando alcanza los cero segundos.

La película es una metáfora de la sociedad actual. El dinero no es algo material que se pueda tocar, es deuda. La deuda que adquirimos, pagamos, comparamos y vendemos para seguir viviendo. La deuda se amortiza con tiempo.

Comerciando con tiempo la deuda no cambia. Los que lo tienen acaparado son los banqueros y sus esbirros, la policía del tiempo, que es el órgano que representa al Estado. Bandidos ahora y en aquel futuro virtual. Esa es la realidad presente, que no somos poseedores de nuestra existencia, porque es una deuda en manos del Estado o de los bancos. Aquél la llama impuestos y los bancos la nombran como dinero, que es algo que no vemos.

Como en la película, la deuda comienza a pagarse a los 25 años, cuando los jóvenes entran dentro del sistema, que es cuando se supone que se empieza a trabajar. Un salario significa pagar impuestos y en ese momento empieza el bandidaje del tiempo por parte del Estado. Si se le ocurre comprarse una casa, por aquello de que el alquiler es tirar el dinero, lo que vende será los próximos 30 años de su vida, donde el tiempo se convierte en deuda.

El final no lo cuento, pero que me gusta y si es para estar fuera del sistema mejor. Nuestro final es imposible que cambie mientras exista el Estado, tal y como ahora lo conocemos o mientras continúe el patrón actual de dinero-deuda. Al menos, lo mejor que tiene el paro juvenil es que nuestros hijos tardarán en entrar dentro del sistema y cuando lo hagan puede que pongan medidas para evitar convertir su tiempo en deuda.

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