¿Y después del yo? El holoarca.

La mayoría de los yo construidos son jerarcas. Quiere decir que un alguien que se piensa como un yo, después de ser consciente de sí mismo, la mayoría de las veces se atiene a un principio que para él es sagrado y salvo situaciones límites no lo va a cambiar. El después que implica un punto de partida para iniciar un trayecto, parte de un principio que se convierte en lo que predetermina a un yo.

Si ese yo individual cree en Dios, se verá diferente a los demás, pero no en un plano horizontal sino vertical. Si su principio es político, siempre percibirá al que piensa de otra manera por la jerarquía del bien común o por la del ser mas apto. Pero siempre con posiciones de dominio, de poder, de jerarquía.

El jerarca es el yo que siempre cree que tiene la razón por principio. Solo por tenerlo se siente con poder. Si además se añade algo de saber, la sensación de verticalidad hacia el otro se acentúa. Por el poder que me otorga tener un principio sagrado yo soy superior a ti, seria su lema.

Nuestro entorno está lleno de jerarcas. Y los principios sagrados en que se basan pueden ser tan simples como el saber arrancar una muela porque se tiene un título, que en lugar de ser un servicio es un favor del que se digna a otorgar. Como el tendero de la esquina que te vende una fruta, ejerce su posición de dominio, no por servicio sino porque él tiene el poder de dar algo que tú no tienes. La posición que se establece es la del agente dominador del jerarca con la del paciente sobre el que se ejecuta el poder de la jerarquía. El jerarca no respeta al individuo, porque desde la verticalidad no se puede entender a los demás yos con sus propios principios. A todos nos han dicho alguna vez “éste que se cree”. Se cree, es un jerarca.

Lo contrario del jerarca es el anarca. Si el jerarca cree en su principio sagrado que es ser el dios tendero o el dios funcionario, el anarca no tiene ningún principio. Filosóficamente significa que no tener un principio es que no hay un después. A mi juicio, considerar a alguien un anarca es interpretarlo como un suicida, ya que al no tener ningún principio por el que regirse, no tiene ningún punto de partida para perfilar su trayecto. La solución a la jerarquía es la figura del holoarca.

El holoarca es el individuo que como un yo construido piensa que todos los principios valen para ser desarrollados o que tienen igual valor de uso. Es el famoso “todo vale”. La horizontalidad se clarifica como una diferencia de intensidad y no como una escala donde la cuota de poder sentido por cada uno, ejerce un dominio sobre el otro. El yo que se identifica como holoarca comprende que todos los principios son válidos para planear una trayectoria. Cada yo los interpreta a su manera para crear un método, que es su trayecto vital.

El holoarca no piensa en posiciones de dominio sino en diferentes intensidades. Nadie es mas que otro solo por el mero hecho de tener un principio diferente. El jerarca planifica su vida bajo el principio sagrado del cual se rige, axiomáticamente, y desde allí ejerce su posición de dominio incluso con sus mas allegados. Jerarca es cualquier yo que se sienta superior a otro por cualquier axioma propio, que lo encumbre dentro de su propia imaginación o interpretación de su principio.

Tener tantos principios para usar como bienes o valores de servicio, permiten al holoarca una mejor planificación vital y un aumento de su creatividad. Esto es importante ya que debido al alargamiento de la vida, los principios que se creían que eran sagrados al comienzo de la vida del yo, cambian, pero puede que el yo no lo perciba, se anquilose y sea perjudicial para él mismo.

Por ese motivo, el yo individual como algo cambiante debe de comprender que los principios no son sagrados no eternos sino cosas, bienes tan tangibles como algo material. Al ser reales, se pueden usar según las necesidades del yo. Los principios se concatenan y dan forma a esa estructura de proyecto que es la vida de cada uno. Por ese motivo, tener numerosos principios da mucha mas consistencia al enramado estructural de lo que llamamos la red topológica. Eso es ser un holoarca.

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