La realidad del yo

Bajo la idea de un principio con una base estructural, yo elijo al yo como realidad. I realise myself, yo me doy cuenta de mí mismo, y con esta afirmación comprendo que el yo es una realidad en todo lo que le concierne dentro de su contexto. La circunstancia pasa a ser realidad, ya no es un atributo o un accidente o una actualización. Son realidades que pertenecen al yo. Ideas, corrientes dinámicas, líneas, intensiones, extensibles, intuiciones, son realidades que forman parte del yo. Pegaso es una realidad, si bien es desplegable por el lenguaje no es extensible.

Con este principio de realidad, para mi forma de pensar, se acabó el problema del ser, de la esencia, de la existencia, de la sustancia. Ahora el problema es de la realidad del yo y cómo se determina. Y para ello, antes del yo hay una capacidad de determinación del trazo. Después de la indeterminación infinita lo primero determinado es el punto y la línea. El punto es el primer trazo y la línea la continuidad del punto. Ellos mismos son lo primero determinado de la indeterminación. La capacidad de determinar el trazo es lo primero que debe de tener el yo para ser realidad. Y esta proviene de lo extático.

Una vez que el trazo se puede determinar, el segundo concepto para la realidad del yo es la memoria. Memoria del trazo. La memoria en sí misma se constituye de dos subconceptos, repetición y hábito. Una línea es la repetición del punto. Si esa repetición del trazo se convierte en habitual se le llama hábito. Pero es en la memoria donde el trazo se determina. El trazo no solo es una línea, es una corriente, una densidad, una topología que se va haciendo tiempo por la memoria. Memoria repetida y tiempo se densifican, para adquirir realidad.

No tienen ningún sentido los trazos ni el tiempo ni todos los conceptos que se explican hasta ahora para el yo. Por tanto no tienen realidad a priori. Solo se adquiere la realidad cuando el yo se interpreta a sí mismo y se da cuenta de que es un yo que es real. I realise myself. El darse cuenta el yo del propio yo es la única realidad que puede ser llamada así. La relación de la memoria del trazo por repetición y hábito aboca a esa realidad de ese espacio topológico autoconsciente y autocreado del yo realizo.

La realidad del yo no es la realidad de una cosa que piensa y existe. Esto supondría una dicotomía entre una realidad/ser que piensa y otra realidad/ser de cosas que contiene el ser que piensa. Mente y cuerpo como realidades existentes, pero no es así. La única realidad es la del yo que se da cuenta de sí mismo, que sabe que es la única realidad que puede ser interpretada por sí misma. Es la realidad que puede ser conocida e interpretada, la que puede ser verdadera para el mismo yo.

Esto no significa que solo se encuentre una realidad para el yo que se da cuenta. Esta es la realidad fuerte, pero este yo comprende que los otros yo, por identificación, al darse cuenta de sí mismo también surgen como mi yo mismo como realidades únicas e interpretadoras. Mi verdad no es la verdad del otro pero sí que la puedo interpretar. Por identificación, el otro yo es una realidad que determina y se determina a sí misma por medio de la memoria del trazo. Pero en su contexto no en el mío ni en un medio común y universal. Por tanto no existen universales de realidad sino una convención de interpretación analógica participativa de una realidad propia.

La realidad fuerte coincide con el tiempo del yo. Es un tiempo extático. Las realidades menos intensas tienen su propio tiempo extático. La relación de estos tiempos extáticos son los que entienden un tiempo analógico. La analogía sustituye todos los conceptos de ser, sustancia, esencia con respecto a los otros yo. Es una analogía de semejanzas que surge del yo propio, para realizar a los otros yo como semejante. La realidad débil es analógica y realizada/realizadora por el yo propio. Y todas las realidades se conocen por analogía de la primera realidad del I realise o el me doy cuenta de la realidad/realizada, incluso los conceptos básicos para alcanzar esa realidad.

 Por tanto, para que se dé la realidad del yo hacen falta varios conceptos que se hacen reales después de que el mismo yo los realice. Serían, determinación, memoria (repetición y hábito), tiempo, relación, interpretación y finalmente la realidad. A partir de esta estructura, toda la analogía con las realidades débiles se basa en esta dinámica. 

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