¿Fracasan las ideas innovadoras o los emprendedores?

¿Fracasan las ideas innovadoras o los emprendedores?

Desde el Estado no paran de lanzar proclamas a favor de que la gente emprenda, funde su propia empresa con un claro objetivo lejos de lo que pregonan. La idea es que el emprendedor no siga en la lista del paro, porque al Estado le trae sin cuidado el hombre emprendedor. Lo que quiere es un voto, el del iluso que se cree la retórica de la superación de la crisis porque bajan las listas del paro. Lo que se encuentra en realidad son dos enemigos, el del emprendedor que pronto se da cuenta que el Estado le esquilma con su seguro de autónomo y sin ayudas de ningún tipo. El otro, el iluso pronto despierta del sueño porque por mucho que hablen desde el Estado, la lista del paro no baja y sus amigos y vecinos siguen engrosándola.

El Estado es una máquina mutante que engulle toda individualidad. Siempre muta para absorber cualquier atisbo de iniciativa en beneficio propio. Ese beneficio propio debe de ser rápido, no hay lugar para la perspectiva de un futuro. Solo existe el presente de la paga al funcionario, la pensión al jubilado o la cartilla al inmigrante. Equivale al resultadismo cortoplacista de los equipos, cuyo presidente dispone de poco tiempo para perpetuarse en el cargo. No ven que lo importante no es que las ideas o los emprendedores fracasen, lo importante es que el espíritu emprendedor del individuo sea perseverante. Es la necesidad individual de emprender a toda costa lo que mantiene la economía de un país y no las paguitas para todos.

Hay varios tipos de emprendedores. El primero es el que emprende por necesidad. Esta clase de emprendedor está muy ligada al pensamiento de trabajo asalariado. Espera que en muy poco tiempo su situación se resuelva y comience todos los meses a recibir una especie de sueldo, cuando el mercado donde comienza su emprendimiento suele ser muy incierto por el desconocimiento de cómo funciona. La mayoría de este tipo de emprendedores suele copiar las ideas y no tiene una claridad de lo que demanda el mercado. Si funciona un bar, un restaurante, una peluquería, una tienda de ropa, este emprendedor piensa que por qué a él no le tiene que funcionar, sin comprender que la oferta es muy superior a la demanda. A las primeras de cambio, cuando vea que el negocio no funciona, abandonará y difícilmente volverá a luchar en esta frontera.

El segundo tipo de emprendedor es el que teniendo una buena idea no tiene paciencia para mantenerla. Se cansa pronto debido al esfuerzo que le supone el día a día, sin vacaciones ni fines de semana libres. El emprendimiento supone 24 horas de trabajo y no esperar ningún tipo de retribución por ello. Si bien este tipo de emprendedor es inteligente y conoce un poco el mercado, muy pronto se desespera porque tampoco le llega la paguita. Suele echar la culpa de su fracaso al Estado, a los bancos, a la crisis y a todo lo externo sin evaluar el porqué. El emprendimiento está reñido con el trabajo asalariado y este es el primer y casi único punto que debe de comprender el auténtico emprendedor. Y este es el último tipo.

El auténtico emprendedor es el que emprende por la tendencia innata a hacerlo. Huye del contrato asalariado, ya que le supone la esclavitud al jefe. Es completamente autónomo, distribuyendo él mismo su propio tiempo. Es dueño de sí mismo. El salario no existe para él sino la capacidad de poder hacer algo creativo y que sea retribuido por sus servicios. Solo le interesa el trueque, porque el salario supone coartar su libertad. Sus equivocaciones son suyas y no del otro, por eso es mucho mas fácil afrontarlas, ya que no las considera fracaso sino experiencia. Valora la libertad por encima de todo y su propia creatividad. Creación, libertad e inteligencia son sus premisas. 

Este tipo de emprendedor no fracasa nunca, ya que las equivocaciones las emplea para mejorar la línea de trabajo de su tendencia emprendedora. Puede que las ideas no sean las correctas o no sean lo suficientemente innovadoras porque necesita equivocarse para encontrar el nicho de mercado. A veces el producto hay que mejorarlo y comunicarlo mejor, pero con esa tendencia innata al emprendimiento, es cuestión de tiempo de que las ideas innovadoras tengan solvencia con un espíritu emprendedor persevante. Y si no se introducen, el hecho de ser libre supera a la angustia por la incertidumbre que es el principal problema de los que creen en el trabajo asalariado. Venden su alma por el paraíso de lo certero, pero nada lo es, ya que todo cambia.

 

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