La revolución del hogar-taller. El tecnoartesano

La revolución del hogar-taller. El tecnoartesano

 

Explica Sennet que el taller era el hogar del artesano en su libro The Craftsman. Era un espacio humano de trabajo, muy diferente a la fábrica moderna donde domina el fordismo, y que a la vez se podía encontrar un buen hogar. El hogar es la vivienda o casa donde se puede hacer vida en familia. Los talleres medievales eran una especie de talleres-hogares pero con las trabas de las relaciones autoritarias y jerárquicas que componían la Edad Media. Además, estaban dominados por el secretismo de los gremios de los que dependían los talleres-hogares. Según Sennet, el éxito de los talleres artesanales dependía de la gestión que se realizaba entre autoridad y autonomía. En la actualidad, el concepto de taller-hogar se redefine como hogar-taller en cuanto entra en escena una nueva figura, la del tecnoartesano.

El nuevo concepto de hogar-taller se opone directamente a la fabricación de escala o en serie muy ligada al fordismo y al taylorismo. Estas facetas de producción, si bien han permitido un avance en el estilo y calidad de vida actual, son opuestos al sentido de afirmación individual que existe en la sociedad de hoy en día. Además, el concepto de trabajo en serie está cambiando gracias a la sustitución del operario humano por la máquinas. Las máquinas podrán abastecer en un futuro no lejano de todo lo necesario y de lo superfluo, que es el lujo. Porque el llamado lujo actualmente se produce en serie y en la industria relojera suiza hablar de lujo es hablar de humo, como dicen en ablogtowatch.

Los números del sector del lujo son muy contradictorios. Por una parte declaran un aumento de los beneficios cada año, incluso en época de crisis. Por otra, despiden una gran cantidad de trabajadores. Puede que los beneficios sean debidos a la disminución de los trabajadores, pero la verdadera lectura es que las máquinas están ocupando el trabajo que realizaban, que era en serie dentro de una cadena de montaje y no especializado. En el sector secundario, este problema se agudiza, ya que la mayoría de empresas no logran beneficios con el despido de trabajadores, solo maquillan su cuenta de resultados. Con pequeños márgenes de beneficio, solo les queda sustituir todo el personal no cualificado por máquinas. Si bien hasta hace poco, una gran cantidad de empresas han globalizado su producción fabricando en China, con la subida de salarios allí, la obligación de cumplir normas de medio ambiente y los seguros laborales, una multitud de empresas pequeñas que tenían un gran volumen de trabajo pero con muy poco margen de beneficio, han tenido que cerrar sus puertas y se observa una ralentización de la producción en China. Si el trabajo concebido de un modo colectivista casi ha desaparecido, al fordista le queda poco tiempo de vida.

Ahora bien, no quiero decir con esto que vayamos a retornar al siglo XIX, donde muchas familias tenían muchos problemas de subsistencia. Creo que vivimos en la sociedad del lujo, entendido como superfluo. Existe todo tipo de productos que hace dos siglos eran un lujo y eran impensables conseguir para la gente. Hoy en día casi, todo el mundo en la sociedad europea dispone de comida, un techo para dormir y de sanidad solamente por ser ciudadano europeo. Entonces ¿dónde está el problema del trabajo?En el estado de ánimo de la sociedad, explica Sennet en The Craftsman con la depresión que existía en los obreros de una economía colectivizada y en la economía basada en cadenas de montaje. Incluso para mí, el trabajo especializado dentro de una empresa estructurada dentro del sector secundario, pasa a ser tedioso cuando se limita a un grado de especialización muy alto. Son los nuevos bárbaros como decía Ortega. A mi juicio, la solución a ese estado de ánimo es la revolución del concepto de taller-hogar y el surgimiento del tecnoartesano.

En la Edad Media no era fácil entrar a trabajar en un taller o abrir el de uno propio. Estaban regulados por los Gremios, que monopolizaban las artes manuales. Pero hoy en día cualquier emprendedor puede montar su hogar-taller, solo que le hace falta desprenderse de su pensamiento fordista, para comprender la esencia de lo que es un hogar-taller actual, la figura del tecnoartesano y su producto.

El hogar-taller actual contiene relaciones horizontales no verticales. No debe de haber una jerarquía de autoridad vertical, sino un equipo de relaciones familiares basadas en una dirección consensuada o participada, donde la responsabilidad final es del tecnoartesano. El lugar de trabajo puede ser muy bien la propia casa o incluso un pequeño local cerca del hogar, que pareciera una extensión del mismo. La sensación de trabajo no sería la de estar en una cadena de montaje impersonal o en una gran oficina donde surgen enfrentamiento competitivos. El hogar-taller estaría limpio y cuidado como la propia casa, con los colores que gustan a la familia-equipo.

El primer problema que se presenta en el hogar taller es la adquisición la maquinaria, porque mucha gente se lo piensa, ya que el vendedor suele presentar el cuento de la lechera. Si va bien con 400 relojes al año no tienes ni para empezar, intentará convencer el vendedor y decidirnos por una máquina de 200.000 para nuestra pequeña producción. El vendedor tiene un pensamiento fordista, pero el tecnoartesano está fuera de la cadena de montaje. Es fácil conseguir la maquinaria a buen precio, el problema es que es muy difícil conocer el funcionamiento y las necesidades. Ahora bien, con los nuevos CAM de simulación se puede aprender a manejar una máquina de control numérico en dos meses, lo que en la práctica se necesitarían dos años. Con los nuevos programas como el Fusion 360, el On shape o el Solid 3D experience, se puede diseñar un producto desde el trazo original en 2D hasta su fabricación en la máquina. Si el hogar-taller se dedica a productos tecnológicos, en muchas ocasiones no sería necesaria la maquinaria para el tecnoartesano.

La figura del tecnoartesano es la que dispone la línea de trabajo artesanal que requiere su producto. Si bien en la Edad Media y en épocas posteriores se tenía mucho miedo a la máquina, ya que esta alcanzaba altas cotas de perfección y producción, el tecnoartesano se ha aliado con ella para conseguir un trabajo mas perfecto, pero a la vez fuera de la serie de la cadena de montaje. El tecnoartesano es un manufacturero que realiza las cosas con la mano y la mente. El ratón es una prótesis de interconexión entre los programas CAD/CAM y la creatividad original y autónoma del tecnoartesano. El proceso de producción del producto pasa a ser lento otra vez, no seriado, personal y a la vez mas perfecto del artesano medieval que solamente usaba sus manos para ello.

El producto hecho de esta manera en el hogar-taller, adquiere otra vez el nexum o la trasmisión de un vínculo entre el comprador y el tecnoartesano. Pasa a ser parte de la familia, como algo mágico que trasciende la venta y la convierte en algo solemne y trascendente. Ya no es solo una cosa o un producto, es una relación real vinculante entre el comprador y el hogar-taller con su equipo-familia. Ante esto, el estímulo aumenta, ya que la pérdida de un cliente no es la pérdida de una venta sino la separación afectiva y la ruptura de un vínculo que va mas allá de la cosa.

El nexum, además de trasmitir ese sello eterno, transfiere una esencia o una manera de pensar y ser del hogar-taller y del tecnoartesano, que comparte el carácter de la propiedad. Ya no se puede llamar producto, es una poética de la cosa/idea, con un valor que va mas allá de lo material, lo que alguna vez he llamado valor eidético.

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