¿Para qué sirve la filosofía?

¿Para qué sirve la filosofía?

 

La polémica que se ha generado con la filosofía como materia obligatoria dentro de los programas de educación secundaria e incluso más allá, parecen irresolubles. La idea general es que debería de continuar al menos como una asignatura optativa, pero que no desaparezca del programa escolar. Ahora bien, tal y como se enseña hoy en día en el ámbito formativo debería de desaparecer, para dar paso a otro tipo de opción mas avanzada y realista. Es casi imposible transmitir a un joven entre 14 y 15 años las ideas de los filósofos cuando ellos están formando sus conceptos, sin manipularlos ideológicamente y mas sabiendo que la mayoría de los profesores que enseñan la asignatura de filosofía tiene una ideología concreta.

Recuerdo mi primer día de clase de filosofía en Alicante hace muchos años. El profesor no tardó mas de 15 minutos en explicarnos el programa del curso. La primera frase que soltó fue “señores, están todos ustedes aprobados con un cinco”. Todos nos quedamos estupefactos. La explicación que nos dio fue que a él, que había sido guardia civil, le costó mucho comprender la filosofía, ya que empezó la carrera a los 25 años. Pensaba que para unos muchachos de 14 o quince años sería prácticamente imposible comprender a Platón o a Kant. Con los años esta idea ha cobrado cada vez mas sentido para mí.

La filosofía no se puede enseñar tal y como se enseña ahora ni tampoco al nivel pedagógico que lo realiza. Debería de ser enseñada en la universidad en todas las carreras como una asignatura optativa sin exámenes ni clases magistrales convencionales, pero con la esencia de lo que es la filosofía, con lo cual cada carrera encontrará una utilidad concreta. Para ello hay que saber ¿qué es la filosofía?

La filosofía es un método que consiste en tres fases; 1) la destrucción del concepto, 2) la iluminación o visión del mismo, 3) la interpretación. La interpretación puede ser la del autor del concepto o la del uno mismo. Por este motivo, la filosofía parte de conceptos ya aprendidos que tienen que ser destruidos, comprendidos y reinterpretados para que sea útil. De otra forma, el estudio paulatino de conceptos de los filósofos no tendrá ningún tipo de utilidad para el alumno en cualquier campo pedagógico que se abarque. Este método les permitirá ser mucho mas creativos en cualquier campo que se afronte un nuevo aprendizaje de un concepto.

La destrucción consiste en romper con el concepto que se comprende como propio al afrontar otro concepto. Por ejemplo, nuestra formación occidental está basada en conceptos cristianos como el de creación, persona, entendimiento, trascendencia, etc. Entonces, para comprender el yo trascendental de Kant, hay que liberarse del concepto particular del yo cristiano como yo que equivale al de persona. Así se comprendería el yo trascendental como el de un yo universal común para todos con efecto retroactivo. Este ejemplo de destrucción se utilizaría para toda clase de conceptos y en todos los campos de la enseñanza.

La iluminación o visualización consiste en el darse cuenta del concepto. Es una abertura a la comprensión básica del concepto. En este sentido, me recuerda mucho lo que nos contó en un curso de doctorado Emilio Lledó. Decía que él estuvo en Alemania aprendiendo alemán y estudiando a Kant. Cuando terminó sus estudios en Alemania sacó una cátedra de instituto y enseñaba la Crítica de la razón pura sin entenderla durante ocho años. Un día, como si fuera una iluminación, toda ella tuvo un sentido para él. En eso consiste la iluminación comprender el sentido de un concepto, aunque sea a nivel privado.

La interpretación tiene dos vertientes. La primera consiste en interpretar el concepto según el tiempo en el que se esbozó. Por ejemplo, si hablamos de Aristóteles no podemos hablar de un yo de ningún tipo, ya que el yo se descubrió con Descartes, que fue el primero que lo pergeñó. Otro ejemplo sería el de la causa primera. En los conceptos basados en el cristianismo sólo existe una relación de causa y efecto, así hasta una causa primera que suele ser el creador. Por ese mismo motivo, incluso la ciencia está buscando ese punto inicial, cuando para los griegos el concepto de creación no existía, ya que todo era un ser pleno. Incluso el concepto de existencia es muy difícil de comprender desde una perspectiva no destructiva de conceptos actuales y llegar a la esencia de lo que la cultura griega o latina entendían por existir, y si lo había.

La segunda vertiente de la interpretación es la mas creativa, la que entiende cada uno por el concepto destruido, visualizado e interpretado. Esa nueva interpretación no es convencional, ya que cualquier tipo de concepto y su alusión a este, no deja de ser mas que una distorsión del concepto de naturaleza privada del creador del mismo.

La filosofía debería de apartarse del estudio histórico sistemático de las ideas y acercarse a un método creativo de interpretación no convencional. Esto sería de mucha mas utilidad, ya que se podría abordar cualquier tipo de concepto en cualquier disciplina universitaria. La destrucción sistemática y su reinterpretación en la formación universitaria de conceptos convencionales filosóficos, matemáticos, físicos, estéticos, experimentales, etc. , permitiría crear nuevos conceptos que serían muy útiles en todos los campos de aplicación y no esperar la inspiración del genio para cambiar de paradigma. Ademas de la creación de nuevos conceptos en diferentes campos universales, sería muy útil el establecimiento de esta manera de comprender la filosofía, que permitiría avanzar al hombre particular en beneficio propio, con el replanteamiento constante de cada concepto aprendido, pero nunca dentro de una realidad absoluta salvo la del yo propio.

 

 

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